Central
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“Hay pocos países ricos en pasado histórico. En este sentido, el Perú está a la altura de Egipto, Grecia, Italia y México. Y si algo puedo hacer en la vida ‘por la humanidad’, es estudiando aquí al hombre prehistórico, desde las fuentes primarias”, escribió Eugenio Yácovleff (1895-1934) a su madre, explicando su determinación por el Perú.
Frente al flamante edificio del Banco de la Nación, en la avenida Javier Prado Este, en San Borja, existe una alameda en honor al científico ruso. ¿Por qué el Gobierno del Perú se la dedicó?
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Eugenio Yácovleff se formó en la Academia Superior de Agricultura de Moscú. Luego, fue enviado a Tashkent, en el Asia Central, como naturalista. Tras el estallido de la I Guerra Mundial y la Revolución Rusa, se vio obligado a emigrar. Llegó a California, pero vino al Perú, siguiendo su antiguo interés por la historia, la geografía y la arqueología. Fue cuando le escribió la carta a su madre.
Se cita que Yácovleff trabajó en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y en el Museo Nacional del Perú. Ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y sus conocimientos lingüísticos le abrieron un amplio abanico literario sobre el pasado precolombino del Perú.
Como señaló por entonces la Revista Médica Peruana, Yácovleff estaba excepcionalmente dotado para la investigación. Conocía cinco idiomas, tenía una vasta cultura general, un espíritu observador y “una inteligencia clara y bien disciplinada”.
Además, tocaba varios instrumentos musicales y tenía gran habilidad para el dibujo. Todas estas condiciones sumadas a una férrea voluntad para el trabajo fueron las que puso al servicio de la arqueología peruana.
Iconografía en cerámica
Del patrimonio científico de Yácovleff sobresale su estudio sobre la cerámica precolombina y su análisis transcultural de la representación de varias aves y animales en las sociedades Chavín, Nasca, Moche, Wari e Inca, y pudo interpretar su significado cultural y sagrado. El investigador ruso ayudó a formar la imagen más completa de la iconografía de la cerámica Nasca. En colaboración con Fortunato Herrera, escribió una monografía sobre la etnobotánica del Perú.
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Su primer artículo, ‘El vencejo (Cypselus) en el arte decorativo de Nasca’ (1931), fue dedicado a estas aves en el arte de los nasca.
Sus estudios posteriores sobre halcones, cóndores y otras aves rapaces fueron más ambiciosos: hizo una detallada investigación transcultural de las imágenes de estas aves, tanto naturalistas como míticas, en todas las sociedades precolombinas del Perú. Distinguió las diferentes aves por sus imágenes en escultura y pintura, e interpretó su significado cultural.
Así, por ejemplo, su identificación del ojo de un halcón en las vasijas Nasca justificó la suposición de que los guerreros se pintaban la cara con imágenes de un halcón, que simbolizaban la arrogancia, la fuerza y la rapidez.
Tubérculos y orca
En ‘La jiquima, raiz comestible extinguida en el Peru’ (1933), identificó el cultivo del tubérculo representado en las cerámicas Nasca como perteneciente a la jiquima, cuya raíz comestible se usaba como alimento en la época precolombina. Pudo identificar otras plantas, cuyas imágenes se encuentran en la cerámica. Y demostró la conexión entre estas especies con varias criaturas míticas nascas.
Su trabajo más importante y controvertido fue el artículo ‘La deidad primitiva de los nasca’ (1932), en el que argumentó que la criatura mítica más importante representada en la pintura nasquense es el boto u orca (Orcinus orca).
Cada una de sus publicaciones era todo un acontecimiento en el mundo científico. Publicó sus artículos en la Revista del Museo Nacional. Su autoridad estaba creciendo, fue reconocido en Europa y América, con publicaciones que hacían referencia a sus trabajos. Dibujaba aves y animales para acompañar su trabajo científico; y los científicos apreciaban la precisión científica y el alto valor artístico de sus dibujos.
El científico recibía, a menudo, cartas elogiosas de sus colegas de fama mundial que se dedicaban a la arqueología en América Latina. Lamentablemente, Yácovleff murió el 16 de diciembre de 1934 debido a una enfermedad.
Huellas
Aunque pasaron casi 90 años de su muerte, los científicos siguen haciendo referencias a sus obras y las usan para sus investigaciones. Thor Heyerdahl, en su libro La aventura de una teoría (1969), se refiere al trabajo del ruso. Y la descripción detallada y un catálogo de un entierro, publicado en 1934 por Yácovleff y Jorge Muelle, se incluyó en el manual Human Remains: A Guide for Museums and Academic Institutions.
2 La insistencia y pasión con la que Yuri Knórozov (1922-1999) se enfrentaba a las dificultades estaban presentes en su carácter desde la infancia, pues procedía de una familia de intelectuales.
En 1939 ingresó a la Universidad de Járkov (actual Ucrania), pero dos años después, tuvo que abandonar sus estudios y mudarse a la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial. En la capital rusa, ingresó en la Facultad de Historia de la Universidad Estatal de Moscú.
Entre los trofeos soviéticos de guerra había materiales de la Biblioteca de Berlín, donde Knórozov descubrió una edición de tres códices mayas, publicados en 1930, y la Relación de las cosas de Yucatán (1566), del misionero Diego de Landa, que trataba sobre la vida de los mayas en tiempos de la conquista española.
A principios de la década de 1950, completó el trabajo de descifrar los códigos mayas. Su interpretación del alfabeto de Diego de Landa ha sido equiparada al descubrimiento de la piedra de Rosetta, que facilitó la clave para descifrar los jeroglíficos egipcios.
Escritura del antiguo Perú
El interés científico de Knórozov no se limitó a descifrar la escritura maya. Dedicó más de una década a descifrar una de las escrituras más misteriosas del mundo antiguo: la protoindia.
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En los últimos años de su vida se interesó por la escritura de la isla de Pascua y la pictografía ainu, así como por la escritura del antiguo Perú.
De esta manera, en colaboración con I. K. Fedorova, Knórozov publicó un artículo sobre este problema, ‘La escritura en el antiguo Perú’, en la revista América Latina (Rusia) en 1970.
Escribió ahí: “Un ejemplo de pictografía reliquia son los ‘mantos’ funerarios encontrados en la necrópolis de Ancón en Perú (cultura costeña de la era Tiwanaku). Por lo que se puede deducir, contenían un registro pictográfico de la biografía del difunto”.
Consideró que en el antiguo Perú se desarrolló una pintura (no pictografía) muy desarrollada, conservada en vasijas. El investigador ruso supuso que esto era una razón “para suponer la existencia de la escritura, pero no se encontraban rastros de eso durante mucho tiempo”.
“Los quipus se utilizaban como ayuda mnemotécnica, que servían para registrar la información estadística necesaria para la recaudación de tributos y la preparación de campañas militares. El uso del quipu se introdujo luego de la conquista del estado de Chimú por parte del Inca Túpac Yupanqui, en el cual ya se usaba el quipu. En una vasija perteneciente a una cultura aún más anterior, la Mochica, hay imágenes de mensajeros corriendo con un objeto en sus manos parecido a un quipu”, escribió.
Simbolismo del frijol
Para Knórozov los monumentos muy interesantes del Perú estaban asociados a la cultura Mochica, “lo que demuestra la presencia de un simbolismo altamente desarrollado en ella”: “En muchas vasijas aparecen imágenes de granos de frijol con varios diseños naturales y signos artificiales. […] También se encontraron imágenes de frijoles con signos simbólicos en los textiles y cerámicas de las culturas Paracas y Nasca”.
Escribió que el uso de frijoles “claramente tenía algún significado simbólico”. “Se puede sugerir que los signos simbólicos individuales y sus grupos puedan transmitir fórmulas completas. Por lo tanto, dos tipos de gráficos están ampliamente representados en el Perú: la pintura y el simbolismo (sin contar las mnemotécnicas desarrolladas en forma de quipu). La opinión de algunos autores de que grupos de signos simbólicos pueden transmitir un habla sonora parece discutible”.
Knórozov sugirió que la escritura “quilcá”, preservada por el quechua y el aimara, y utilizada para registrar las oraciones católicas en la región de los Andes, no era más que la escritura antigua “degradada” del Perú, prohibida por los incas, incluso antes de la conquista española. (Con información de la Embajada rusa)
Datos:
En 1815 el barco Suvorov, bajo el mando del famoso navegante ruso Mikhail Lazarev, llegó a las costas del Callao.
El 17 de enero de 1863 se considera como el día del establecimiento de las relaciones entre Rusia y el Perú.
El emperador Alejandro II envió una misiva de respuesta al presidente Miguel de San Román comprometiéndose a consolidar los lazos de amistad entre ambos pueblos.
En 1932, el famoso botánico soviético Nikolai Vavilov visitó el Perú para estudiar su agricultura y buscar semillas de nuevos cultivos.
En el 2014, los cosmonautas rusos lanzaron desde la Estación Espacial Internacional el satélite Chasqui-1, creado por la UNI de Lima y la Universidad estatal del Suroeste de Rusia.
La exposición Investigadores rusos de culturas precolombinas va hasta quincena de febrero en el Museo de Minerales Andrés del Castillo (Jr. de la Unión 1030, Lima). Ingreso libre.
Cifra:
160 años de relaciones cumplen Rusia y el Perú.