Central

Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Más que una urbe atomizada en 43 distritos, Lima Metropolitana se divide, en forma más sencilla y coloquial, en tres conos urbanos (Lima Este, Lima Norte y Lima Sur) que parten, en una cartografía hecha al ojo, desde Lima tradicional o centro, a secas, aquella que conocieron el curaca inca Taulichusco y el capitán español Francisco Pizarro.
¿Es una ciudad infinita? No se engañe. La megápolis suma 130 kilómetros de línea costera y un área total de 2,672 kilómetros cuadrados. Sin embargo, el percepción sobre sus inconmensurables límites en el imaginario colectivo se debe en gran medida a su pésimo sistema de transporte que hace solo una ilusión aquel cartel del Castillo de Chancay al considerar que de Villa El Salvador a los límites de Ancón se puede hacer un viaje en menos de una hora.
Por este desconocimiento de sus vecinos sobre las propias localidades de su ciudad, el sociólogo Danilo Martuccelli en su libro Lima y sus arenas (Taurus, 2022) define que “Lima no tiene rostro urbano”.
Límites desconocidos
Ya Alfredo Bryce Echenique, el escritor por antonomasia de esa urbe de barrios señoriales que ya no está, ha delimitado mejor ese asombro en una frase: Lima es una ciudad atravesada por combis que vienen de lugares que él ignora y van a lugares que desconoce.
Por décadas, la capital y sus autoridades, en vez de democratizar el transporte colectivo urbano, destejiendo el sistema. En los sesenta erradicaron las líneas de los tranvías, el único medio masivo, paradójicamente para “modernizar” la ciudad.
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Y se demorarían 35 años en construir el Metro de Lima. La Línea 1 fue pensada en los ochenta y se inauguró en el 2011; es decir, 98 años después de que Buenos Aires inaugurara su primer subterráneo. Ahora, la Línea 2 avanza sin “marchas blancas” y ya se anunció que no incluirá el ramal hacia el aeropuerto Jorge Chávez.
Hay voces que señalan que a fines de los setenta se inició el caos vehicular en la capital, cuando se dio carta libre a la creación de muchas líneas de transporte.
En los años noventa, se darán dos eventos: 1) se desarticularía la Empresa Nacional de Transporte Urbano del Perú (Enatru), que tenía a su cargo los grandes buses amarillos e Íkarus (famosos vecinos del Zanjón) ; y 2) se daría una “desregularización generalizada” del sistema de transporte existente, instalándose al por mayor las combis (aprovechando el masivo despido de trabajadores formales) y se multiplicarían los taxis sin licencia, cuya huella se mantiene hasta hoy.
En el 2010 se inauguró el corredor Metropolitano, que con todas sus limitaciones articula la ciudad. Y la falta de transporte rápido a muchos puntos de ha multiplicado los colectivos piratas.
Climas y sabores
“Hablar de Lima racionalmente es como un imposible. Hay como una maldición en pensar, proyectar, planificar la capital peruana. Los urbanistas que lo hacen acaban derrotados en sus planes y devueltos a la universidad sin agradecimiento”, escribe Patricia Ciriani en Lima la sublime. Apuntes para una ciudad caníbal (Fondo Editorial EDUNI, 2021).
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La historiadora del arte pone el ojo en el “contraste brutal” entre los habituales huaicos, maremotos, terremotos, que debe soportar por su ubicación geográfica la capital, y su clima “complaciente”, de 20 grados en promedio.
Hubo consenso entre los investigadores en que esta urbe de más de 10 millones de testas multiculturales, de las grandes contradicciones, se convirtió desde el siglo XX en el mejor teatro para conocer los grandes cambios del país.
Urbe de contradicciones
Martuccelli hace un recuento. Aquí, en Lima, José Matos Mar hablaba en 1984 del “desborde popular”, a partir de la llegada de los nuevos migrantes; a fines de la misma década, los historiadores Alberto Flores Galindo y Manuel Burga elaboraron la tesis sobre la utopía incaica asociada el mito Inkarri; mientras que Carlos Iván Degregori, Hernando de Soto, Carlos Franco y Gonzalo Portocarrero, daban visos del choledad, la andinización de Lima, el progreso material a partir del empuje de los propios migrantes, basados en su economía de autoempleo (la única forma de subsistir para miles tras la reducción del empleo seguro entre los años ochenta y noventa): muchos de los que empezaron como ambulantes terminarían al frente de considerables fortunas. El emporio de Gamarra es un espacio icónico de estudio para mirar lo logrado por los hijos y nietos que llegaron del campo a la ciudad.
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Esto es parte de los fenómenos socioeconómicos que se forjarían en la capital tras la reforma agraria, la cual significó el fin de la oligarquía, o como define Martucelli, “la tenencia de la tierra ya no dio más acceso al poder político”.
Para Danilo Martuccelli, Lima es una “ciudad dualizada” donde los nuevos pobladores viven separados de los barrios residenciales, que buscaron zonas más exclusivas, separadas de los primeros. Es un fenómeno que se inició en la década de 1950. Para fines del siglo pasado, la falta de seguridad ya era un sello de la nueva ciudad. Así, el cronista argentino Martín Caparrós escribía en 1992: “Una de las industrias más prósperas del Perú debe ser la de rejas y defensas para inmuebles”.
“Ciudad dualizada”
Un ejemplo de la “ciudad dualizada” es el “muro de la vergüenza” que separa el exclusivo barrio de Las Casuarinas (Surco) de los AA. HH. de Villa María del Triunfo. Este mes, un fallo del Tribunal Constitucional ordenó derrumbar la pared en demanda de la libertad de tránsito y la no discriminación.
La desconfianza en el otro, que ya Lima tenía del migrante provinciano, y la presencia entre 1980 y el 2000 de Sendero Luminoso maximizó este sentimiento de inseguridad.
Pero, ¿qué vasos comunicantes tiene la ciudad? Pese a rejas y muros, desigualdades sociales y los estereotipos de clases, Danilo Martuccelli considera que subyace “un estilo social común” entre los limeños: aunque no cohabiten y se miren con recelo, sostiene, el pituco y el achorado “practican un mismo estilo de sociabilidad”. Y eso es un avance, puede generar puentes para negociar y vivir mejor.
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Patricia Ciriani encuentra valores en Lima. La considera una ciudad “saludable”, siempre activa, con mucha población femenina trabajando. Todos estos aspectos dan a la megápolis peruana “una vitalidad magnífica, para nada enferma”.
Dato:
Nicolás de Ribera fue nombrado por el gobernador Francisco Pizarro como el primer alcalde de Lima
Cifra
10 millones 151,000 habitantes tiene Lima, según el INEI.
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#EditorialElPeruano ?? Los desafíos de Lima??https://t.co/JZdJ4bi716
— Diario El Peruano (@DiarioElPeruano) January 18, 2023
??"Urge que Lima y su población tengan una mirada más incluyente con todos los sectores, dejando de lado cualquier signo de discriminación y de exclusión [...]”. pic.twitter.com/RzGuLIybrl