Opinión
Asistente técnico de Proyectos GEF
Se estima que abarcan una superficie de 3 millones 422,904 hectáreas, lo que representa el 4.7% del total de bosques en el Perú. Estos albergan una gran biodiversidad y brindan servicios ecosistémicos de provisión, tales como frutos, leña y madera; y de regulación, como la protección del suelo, regulación hídrica, reciclado de nutrientes y regulación del clima; generando bienestar y contribuyendo al sustento de los medios de vida de las poblaciones locales.
Sin embargo, dichos bosques se ven afectados por la variabilidad climática y amenazados por procesos históricos de fragmentación y degradación; causados por la tala ilegal para leña, carbón y madera; cambio de uso de la tierra para agricultura; sobrepastoreo; contaminación creciente de los suelos, agua y aire; desertificación; incendios forestales e invasiones de tierras de dominio público y de comunidades campesinas. Dichos impactos no solo alteran la capacidad de suministro de servicios ecosistémicos, sino que generan la pérdida de biodiversidad por la destrucción de hábitats de las especies endémicas más representativas – como el algarrobo (Prosopis pallida), el palo santo (Bursera graveolens) y el sapote (Colicodendron scabridum); además de especies de fauna endémicas como la ardilla de Guayaquil (Sciurus stramineus), la pava aliblanca (Penelope albipennis) y el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), entre otros– y reducción de la cubierta vegetal, contribuyendo con la degradación de los suelos, escorrentía y pérdida de agua, impactando los medios de vida de las comunidades y generando una amenaza vinculada a procesos de migración.
Ante la problemática que enfrentan los bosques secos, sumada a los efectos generados por la pandemia del covid-19, las dificultades económicas conexas, inseguridad alimentaria, pobreza y conflictos sociales; resulta necesario brindar soluciones a escala e innovadoras, que sean equitativas y eficaces, las que promuevan prácticas de gestión integral del territorio, sistemas de uso de la tierra y de los bosques, adaptadas y resilientes al cambio climático, con miras a conservar la biodiversidad y, al mismo tiempo, incrementar la capacidad adaptativa de las poblaciones para lograr medios de vida locales sostenibles.
Con el fin de contribuir con soluciones que permitan hacer frente a dichos desafíos, la FAO, en alianza con el Minam, y de la mano con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), implementarán un proyecto financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), denominado: “Manejo sostenible y restauración del bosque seco de la costa norte del Perú”, el que busca promover la conservación y recuperación del bosque seco para fortalecer la conectividad ecológica y resiliencia de los ecosistemas, aumentando capacidad adaptativa de las comunidades y sus medios de vida y, a su vez, disminuyendo la degradación de la tierra; construyendo así, un entorno propicio para el uso sostenible y conservación de los bosques secos.
Entre las líneas de acción del proyecto, se propone un trabajo colaborativo, coordinado y consensuado con las comunidades que habitan en él, fomentando su participación en las intervenciones de conservación, restauración y actividades productivas sostenibles, considerando sus necesidades y prioridades. En ese sentido, a través del proyecto se contribuirá a la sostenibilidad ambiental, social y económica de los bosques secos empleando enfoques participativos y de género, además de fortalecer las capacidades institucionales y de todos los actores vinculadas con la gestión sostenible del paisaje para abordar las amenazas identificadas. Asimismo, se fomentará el uso de prácticas de producción y cadenas de valor sostenibles con productores y comunidades locales, permitiéndoles participar en la gestión sostenible de los bosques secos. Cabe indicar que la sostenibilidad de las actividades comprendidas por el proyecto será garantizada a largo plazo y a través de la aplicación de instrumentos financieros que busquen promover la restauración y desarrollo de cadenas de valor sostenibles; las que incluyen acciones innovadoras a través del uso de tecnologías para mejorar el acceso al mercado y vigilancia de los recursos naturales. Es decir, la complementariedad del proyecto con las políticas y planes nacionales genera un alto potencial de replicabilidad y escalabilidad, donde las experiencias y lecciones aprendidas podrán extenderse y difundirse a través de alianzas con el sector privado y la academia.
Finalmente, gracias a este proyecto, en los próximos 5 años se beneficiará a 16,800 personas, se mejorará la efectividad del manejo sostenible de 6 áreas naturales protegidas que suman un total de 398,013 hectáreas, se restaurará 2,278 hectáreas de bosques secos con enfoque de paisajes, y se impulsará la consolidación de acuerdos con productores, evitando la emisión de 6 millones de toneladas de CO2 al medio ambiente para incrementar su resiliencia climática.
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