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  • de mayo de 2026

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Historia

El día que Ayacucho conoció el obelisco (crónica)


Editor
José Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


1.

El lunes 9 de diciembre de 1974, el epicentro de América Latina era el Monumento de los Libertadores, un obelisco de 44 metros, albo como la gloria, erigido en medio de la pampa de la Quinua, en el corazón de Ayacucho.

A las 9:30 de la mañana de ese día, pero en 1824, en aquellas mismas faldas del cerro Condorcunca, 5,780 soldados patriotas se enfrentaban a 9,310 realistas. Se iniciaba una batalla que, tres horas más tarde, lograría la emancipación definitiva del Perú y América del yugo español.

Ciento cincuenta años después había amanecido Quinua con una lluvia que amenazó con opacar las celebraciones del sesquicentenario de la histórica batalla.

Alrededor de las diez de la mañana, el canciller, general EP Miguel Ángel de la Flor Valle, dio el permiso al jefe de línea, coronel de artillería Federico Uriarte, para iniciar el desfile que arrancó con la participación de la delegación del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, de Argentina.

A ellos se sumaría los cadetes bolivianos, los oficiales y 31 alféreces de la Escuela Militar de Colombia; diecinueve suboficiales y doce cadetes de la Segunda División del Ejército de Chile y sus pares panameños, amén de los oficiales, cadetes y granaderos de la escolta presidencial.

El evento fue registrado por periodistas del Perú y América Latina, a los que se sumaron hombres de prensa de Alemania Occidental, la Unión Soviética, Polonia y Estados Unidos. Desde Washington, la Organización de los Estados Americanos saludaba los 150 años de la gesta militar. Y en Quito, Buenos Aireas, Caracas, La Paz, Cali y Madrid hubo ceremonias por la epopeya en el Perú.

Dijo de la Flor: “Ayacucho es el símbolo de fraternidad, de unidad y de solidaridad de nuestros países y Fuerzas Armadas. Constituye el ejemplo más preclaro de las espadas al servicio de la liberación de sus pueblos”.

2.

El día anterior, domingo 8 de diciembre, se dieron cita en Palacio de Gobierno de Lima los presidentes Banzer, de Bolivia, y Carlos Andrés Pérez, de Venezuela, y el jefe de Gobierno de Panamá, Omar Torrijos. Cada uno recibió la Orden de Ayacucho, la condecoración militar más alta del Perú.

El hotel Sheraton se había convertido en la “caja fuerte” adonde llegaron los principales invitados internacionales. Y los agentes de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP) se encargarían de su seguridad.

El aeropuerto ayacuchano, Coronel Alfredo Mendívil Duarte, tenía poco tiempo de inaugurado, y ese domingo de hace 48 años recibió, desde las 7:20 a. m. a las distintas representaciones militares y diplomáticas que llegaron desde el domingo en jets, bimotores y helicópteros para las celebraciones del Sesquicentenario de la Batalla de Ayacucho.

Pero el avión principal, el Fokker F-28 de Aeroperú, que transportaba a los cancilleres de Argentina, Ecuador, Paraguay, Guatemala y Nicaragua, y al cardenal Juan Landázuri Ricketts, tuvo un retraso de tres horas debido al mal clima.

¿En qué situación estaba Ayacucho? Con la llegada del gobierno de las Fuerzas Armadas, el departamento había iniciado un proceso de revalorización. Ayacucho se había convertido en la “hija predilecta, para revivirla como punto de unión entre la sierra y la costa con los parajes de nuestra intrincada selva”, como dijo la esposa del presidente, Consuelo González de Velasco, quien fue anfitriona de las primeras damas de Venezuela, Bolivia y Panamá.

Desde noviembre de ese año se habían inaugurado diversas obras en Ayacucho con miras al sesquicentenario, como la ampliación del Hotel de Turistas. Lo principal, la capital ayacuchana ya finalmente contaba con servicio eléctrico y, de paso, con teléfonos y televisión.

Eran tiempos del auge de las empresas estatales como AeroPerú, Centromín Perú y Cofide, y la publicidad del gobierno decía que el país acababa de sumar cinco años del proyecto de la Reforma Agraria “con 5 millones de hectáreas adjudicadas” y “800 empresas asociativas constituidas”.

3.

Al desfile en el histórico escenario, de aquel 9 de diciembre, se sumaron los cadetes de las tres fuerzas armadas, los comandos. No podían faltar los famosos jinetes morochucos y los campesinos ayacuchanos.

La pampa de la Quinua se llenó de paso marcial, también de tradición y música. Eran formas del pueblo para recordar el triunfo de los hombres dirigidos por el general José Antonio de Sucre en esta misma geografía, donde se selló la independencia del Perú y América en 1824.

Tres horas más tarde, los alumnos de los colegios ayacuchanos se sumaron para revivir los principales hechos de la batalla. Mientras, Sucre espoleaba su caballo dando órdenes y alentando a su ejército hasta que, finalmente, el general español Canterac bajó del Condorcunca con una bandera blanca en alto para rendirse.

Cuenta la historia que al día siguiente, sobre un batán de piedra, en una casa del aledaño pueblo de Quinua, se firmaría la capitulación de Ayacucho. Pero ese 9 de diciembre de 1974, todo sería transmitido en vivo y en directo, vía satélite.

Tras la celebración por la memoria de los próceres, los cadetes de los ocho países se dirigieron a la hacienda Tinajeras, donde hubo degustación de la pachamanca ayacuchana. Los comandantes generales del Perú y Colombia se animaron a dar el play de honor para el pasacalle, que, por entonces, solo se bailaba en ocasiones muy especiales en Ayacucho.

Al día siguiente, martes 10, en Lima, el general Juan Velasco Alvarado ofrecía a los presidentes y las delegaciones extranjeras un almuerzo campestre en la Hacienda Villa de la Campiña, donde el espectáculo estuvo a cargo del Conjunto Nacional de Folklore, que dirigía Victoria Santa Cruz. Así terminaban las celebraciones de la batalla de Ayacucho.

(*) Con información del Centro de Documentación de El Peruano.


La Declaración de Ayacucho

Ese 9 de diciembre, a las 8:33 p. m. culminaron los actos oficiales por el Sesquicentenario con la firma de la Declaración de Ayacucho, en el salón Túpac Amaru de Palacio de Gobierno, en Lima.

El documento llevó la rúbrica de los gobernantes del Perú, Panamá, Bolivia y Venezuela y los representantes de Argentina, Ecuador, Colombia y Chile.

Se comprometían a completar la tarea iniciada hace 150 años con la gesta de Ayacucho. Se proclamó el nacionalismo latinoamericano y se condenaron las situaciones coloniales. El general Velasco, gestor de la cita, dijo: “Nuestros pueblos buscan en sus gobiernos y en sus dirigentes la orientación necesaria y la indispensable decisión para enfrentar resueltamente esta compleja realidad. Nosotros no podemos desoír esa demanda ni debemos eludir esa responsabilidad”.

Cifra:

8,000 policías dieron seguridad a las delegaciones de visitantes.