Opinión
Periodista
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Tras una primera proyección en agosto, durante el Festival de Cine de Lima, la versión reconstruida del mencionado filme pudo verse la semana pasada en el auditorio del Ministerio de Cultura, como parte de la conmemoración por el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. La pérdida del metraje original impide conocer el trabajo completo del director, productor y actor principal de la cinta, Enrique Cornejo Villanueva, pero la reconstrucción realizada nos acerca a la tónica y al estilo visual de su relato.
Si bien se basa en la vida de una figura real, Luis Pardo recurre a la ficción a fin de acentuar ribetes dramáticos y sentimentales de una línea argumental ciertamente libre en relación con hechos históricos. Con ese fin también apela en alguna secuencia a efectos especiales bastante bien logrados para la época, así como a escenas propias de lo que hoy llamamos cine de acción, con peleas y despliegue físico, sin duda inspiradas en las entonces taquilleras producciones protagonizadas por el ágil Douglas Fairbanks y el cowboy Tom Mix.
Finalmente se trataba de una figura fascinante, por su condición de antihéroe y el halo de misterio que desde siempre lo rodeó. Crecido en una familia de ricos hacendados en Sihuas, Áncash, y enfrentado desde niño a eventos trágicos, Pardo pasó a la clandestinidad luego de que fuera arrestado por haber formado parte de las fuerzas que defendieron al presidente Andrés A. Cáceres en la guerra civil de 1895 contra los rebeldes pierolistas. Luego de huir de la cárcel, no le quedaba otra opción. Desde entonces, Pardo enriqueció su propia leyenda, con incursiones en acciones de asalto y latrocinio dirigidas siempre contra potentados y autoridades abusivas.
Tras su ejecución en 1909, a manos de un contingente policial, su figura se agigantó. Abelardo Gamarra ‘El Tunante’, intelectual y escritor costumbrista, difundió con entusiasmo décimas dedicadas al bandolero, presentándolas como creación anónima, seguro por temor a represalias. Dichos versos configuraron el hermoso vals ‘Luis Pardo’, que en 1956 Los Troveros Criollos convirtieron en un clásico de nuestra música, esbozando en su letra con precisión y sensibilidad la imagen que el bandolero justiciero mantenía en la mente y el corazón de los peruanos: “Yo tengo el alma de armiño/ Cuando veo que se explota/ toda mi cólera brota/ y de tristeza me indigno/ cual una araña maligna/ que hoy aplasto con mi bota”.
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