Editorial
La conciencia de ser un país de “todas las sangres” ha sido un proceso largo, complejo, con avances y retrocesos en su historia. Hace solo unas décadas, en esta misma fecha se celebraba el Día del Descubrimiento de América o el Día de la Raza, definiciones que revelan una visión eurocéntrica del encuentro de las dos culturas que se retroalimentaron y enriquecieron por más de 500 años en nuestro continente.
De acuerdo con los conceptos de la profesora Catherine Walsh, de la Universidad Andina Simón Bolívar de Ecuador, con la llegada de los europeos a las Américas, las comunidades se han relacionado mediante un modelo pluricultural, en el cual la civilización occidental ha predominado. Los otros grupos subordinados han subsistido en tanto que no significaban una amenaza para la clase dominante.
Aún estamos lejos de un verdadero modelo intercultural, que en una forma ideal se caracteriza por una interrelación equitativa de conocimientos y prácticas culturales entre los diversos grupos en la sociedad.
La razón del dominio cultural occidental sobre el indoamericano se debe, como indican Alberto Flores Galindo, Julio Cotler, Gonzalo Portocarrero y otros académicos sociales, a “la herencia colonial”, que sirvió para legitimar las desigualdades sociales, aun en la República.
Hemos dejado atrás la etapa colonial, en tanto como estructura económica y política, pero todavía no nos libramos de su carga ideológica entre los peruanos, ya que aún se manifiesta en sus prácticas sociales discriminatorias.
Sin embargo, hay una lenta corriente de cambios en las últimas décadas de una consciencia de ser un país más integrado debido a nuestro mestizaje; y, por otro lado, la revaloración de los extraordinarios aportes de los grupos culturales.
Nuestra mayor fortaleza es nuestra diversidad cultural. Cerca del 40% de la población se considera descendiente directo de indígenas de nuestra Amazonía o los Andes; mientras que el 15.6% del total de los habitantes habla una de las 47 lenguas originarias.
Nuestra riqueza cultural es un reflejo de nuestra variada geografía, que nos regala una extraordinaria gama de recursos biológicos y conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas, que debemos cuidar ante la amenaza de la biopiratería mundial.
En este contexto, celebremos nuestra diversidad y desterremos todo tipo de práctica social de racismo, discriminación cultural o desigualdad étnica que atenta contra nuestros derechos como peruano.