Editorial
“Debemos rechazar la estigmatización sobre las personas afectadas en su salud mental y exhortar, por el contrario, a incluirlas y ayudarlas a abordar esos problemas mediante ayuda profesional calificada y competente”.
Resulta necesario recordar tal premisa, especialmente en la actual coyuntura, donde las estadísticas de ocurrencia de problemas emocionales han aumentado de forma notoria en todo el mundo y también en el Perú.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte, por ejemplo, que la pandemia del covid-19 ocasionó que las cifras de ansiedad y depresión se incrementaran un 25% en el planeta. Asimismo, estudios llevados a cabo en el Perú arrojan resultados similares.
Por tal motivo, y a propósito del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra hoy, es necesario exhortar a la población del país prestar la atención debida a este asunto, pues un diagnóstico a tiempo puede permitir la detección oportuna de alguna enfermedad, así como el diseño de un tratamiento apropiado que ayude al afectado y evite un compromiso mayor a sus facultades.
Es primordial señalar que algunos sectores soslayan esta importancia debido a una serie de factores, entre los que figuran lamentables prejuicios extendidos en la sociedad. Debemos rechazar la estigmatización sobre las personas afectadas en su salud mental y exhortar, por el contrario, a incluirlas y ayudarlas a abordar esos problemas mediante ayuda profesional calificada y competente.
El Ministerio de Salud (Minsa) está llevando a cabo esfuerzos importantes por ofrecer la asistencia pertinente a las personas que así lo requieran. Según la Dirección de Salud Mental del sector, en lo que va del año se brindó atención a 1 millón 28,533 personas, en su mayoría niños, adolescentes y jóvenes, con un total de 4 millones 606,081 consultas especializadas.
Asimismo, se vienen implementando servicios comunitarios en las regiones. El sector destaca que al cierre del 2022 se contará con 248 centros de salud mental comunitaria, 45 unidades de hospitalización y 87 hogares protegidos, a la par de fortalecer el primer nivel de ayuda con profesionales de psicología.
No obstante, se requiere también de un presupuesto óptimo que permita financiar las acciones e intervenciones a escala nacional. Al respecto, la Defensoría del Pueblo advierte que, si bien los recursos asignados al control y prevención en salud mental ha aumentado desde el 2018, actualmente equivalen al 0.2% del presupuesto nacional y al 1.6% del asignado a la función salud, monto considerado insuficiente para los desafíos a abordar
Por lo expuesto, la invocación va dirigida tanto a la población para que preste mayor atención a los problemas de salud mental, así como a las autoridades, a fin de que pongan en marcha las acciones que acerquen los servicios a los sectores más vulnerables a escala nacional, pues se trata de un derecho humano esencial.