• MARTES 16
  • de junio de 2026

Editorial

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El Congreso de la República

El Parlamento representa a la nación y esa dignidad lo convierte en una institución imprescindible para el ordenamiento democrático y político.

El juicio de la historia respecto a dicho Congreso no ha sido unánime. Algunos le reprochan haberse arrogado poderes absolutos e interferir luego en las funciones del incipiente Poder Ejecutivo que surgió de su seno, causando una mayor inestabilidad. Otros, por el contrario, consideran que sin él, el caos que reinaba en ese momento en el país como resultado de la guerra de independencia y la ausencia de un liderazgo fuerte hubiera desencadenado en el fracaso del esfuerzo emancipador.

Sea como fuere, no se puede negar la relevancia que el Congreso tuvo en ese momento de nuestra historia, ni puede obviarse tampoco la importancia que dicho poder del Estado ha cumplido en estos 200 años de vida institucional.

El Parlamento representa a la nación y esa dignidad lo convierte en una institución imprescindible para el ordenamiento democrático y político. La democracia peruana está estrechamente ligada al Congreso. No en vano, todas las dictaduras que han asolado nuestro país lo primero que hicieron fue cerrarlo y luego promover una asamblea a la medida de sus intereses.

Reconociendo esa importancia, es necesario también evaluar con sentido crítico y constructivo la actuación del Legislativo, especialmente a partir de los últimos años, cuando la calidad de su trabajo descendió, en parte, como resultado de la crisis generalizada de los partidos políticos que facilitan el ingreso de personas que no reúnen los méritos hallados por Basadre entre los miembros del primer Congreso.

Es imperativo, por ello, que el Parlamento pase del discurso a los hechos y conecte con la población haciendo suyas las demandas ciudadanas, especialmente las de los sectores más vulnerables, y contribuya con el cierre de las enormes brechas sociales que impiden a los peruanos acceder a una mejor calidad de vida.

Tal objetivo ampliamente anhelado será más factible si se dejan de lado las discrepancias políticas y el Parlamento opta por trabajar codo a codo con el Poder Ejecutivo en una agenda mínima de temas funcionales al esfuerzo por llevar bienestar y superar el actual clima de inestabilidad y confrontación.

Con ese cambio de actitud, estamos seguros de que la alta desaprobación del Parlamento menguará, pues la ciudadanía notará que los esfuerzos de sus representantes se decantan por conseguir el bien común, antes que por cualquier interés personal o grupal.