Opinión
Internacionalista
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En aquellos años, la confrontación entre Estados Unidos y la antigua URSS había escalado. El desplazamiento de 108 cohetes Pershing-2 en territorio europeo tenía como respuesta una mayor presencia de cohetes soviéticos SS-20 y el despliegue de nuevos submarinos nucleares.
La disputa entre Occidente y Oriente se manifestaba también en otros escenarios mundiales. En Nicaragua y El Salvador, en América Latina, y entre los países árabes e Israel, en Medio Oriente, y en Angola, África. La paz mundial pendía de un hilo y cualquiera de las partes estaba lista para prender la mecha que haría estallar la bomba.
Se cumplía el modelo de competición dentro de los principios del equilibrio de poderes bosquejado por Han Morgenthau, el padre de la teoría del realismo político.
En este contexto de extrema polarización, el presidente estadounidense Ronald Reagan decidió lanzar la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), más conocida como el sistema defensivo Guerra de las Galaxias, que implicaba la militarización del espacio. El presidente Gorbachov sabía que responder con una medida semejante era difícil o imposible.
La razón es que la economía soviética atravesaba una grave crisis que era ocultada por burócratas y los medios de comunicación oficialistas que transmitían información falsa a sus superiores para demostrar “la superioridad de la economía socialista”. El sistema productivo soviético era ineficiente y atrasado. Los sectores industrial y agrícola eran poco competitivos. Además, el problema del alcoholismo azotaba la fuerza laboral.
Ante la incapacidad de ganar la Guerra Fría, Gorbachov optó por buscar acuerdos de limitaciones de armas nucleares con Estados Unidos ante la sorpresa inicial del presidente Reagan en 1985.
Solucionado el frente externo, Gorbachov se dedicó a lanzar la más importante reforma económica desde Joseph Stalin. El impulso de la Perestroika (Reforma) y el Glásnost (Transparencia) no tenían como objetivo convertir a Rusia en un país occidental, sino más bien la potenciación del modelo socialista.
Gorbachov fue un reformador cuyos cambios se salieron de control. No tenía idea que sus propuestas iban a significar, finalmente, el derrumbe de la Unión Soviética y del fin de la hegemonía del Partido Comunista de la URSS.
Criticado dentro de su país y admirado en Occidente, Gorbachov pasará a la historia universal como el líder que pudo hacer un “aterrizaje suave” en la alocada disputa entre Occidente y Oriente.
Es una paradoja que la muerte de Gorbachov, un hombre que trajo la paz al mundo, ocurra cuando se vive una nueva tensión entre Occidente y Rusia por la invasión a Ucrania.
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