Editorial
De acuerdo con el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), en lo que va del año, los daños causados por estos fenómenos se han triplicado en comparación con los reportados el 2021.
Para tener una idea de la magnitud de tal problema cabe anotar que en el 2021, según la institución, 191,000 hectáreas fueron afectadas por los incendios forestales. Es decir, el presente año serían cerca de 600,000 las hectáreas dañadas.
Entre las causas de este tipo de eventos puede mencionarse el incremento de la temperatura producto del calentamiento global. No obstante, estadísticas oficiales indican que en el Perú la principal causa es la acción humana. Se calcula que el 98% de los incendios forestales se origina por las actividades de las personas.
Una de ellas es la práctica de la quema de pastos con la creencia de que renueva la tierra para los siguientes cultivos o que atraen lluvias. Tal actividad, efectuada sin control, produce chispas que incendian los pastos y ocasionan incendios de grandes proporciones.
Las consecuencias son la pérdida de vidas humanas, de miles de hectáreas de bosques, de pastos para la ganadería, de biodiversidad por la muerte y migración de especies silvestres y la destrucción de su hábitat, daño económico grave y, sobre todo, un deterioro de las condiciones ambientales, como la degradación de la calidad del aíre por los gases y la desaparición de árboles y plantas captadoras de los gases de efecto invernadero.
Por estas razones, es de suma importancia desplegar acciones urgentes para impedir que los incendios continúen registrándose de forma frecuente en nuestro país. A la pertinente labor de monitoreo satelital desplegada por Serfor para identificar las zonas del territorio en riesgo de sufrir un siniestro, es necesario sumarle un esfuerzo más intensivo de parte de gobiernos regionales y locales, y de todas las entidades involucradas en al ámbito de la defensa civil, a fin de ofrecer una respuesta más rápida y efectiva en aras de prevenir su ocurrencia y con la finalidad de sofocarlos sin pérdida de tiempo una vez declarados.
Es conveniente, por ejemplo, capacitar a las comunidades campesinas con el objetivo de mostrar alternativas a la quema de pastizales, y transmitir toda la información relacionada con los riesgos, a fin de que tomen conciencia sobre el peligro que representa continuar efectuando esa práctica de forma indiscriminada.
Con una estrategia eficiente e integral y la participación de los sectores involucrados en esta problemática es posible reducir el número de incendios forestales y evitar el grave daño que ocasionan al medioambiente en nuestro país.