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“Las veces que más extraño el deporte es cuando veo competir a mis compañeros. Verlos me genera nostalgia, no lo voy a negar, pero al mismo tiempo siento que ya era el momento de dejar la gimnasia. Ya cumplí con todas las metas que en algún momento me propuse, es hora de ir por más en la vida”, confiesa Ariana desde el estado de Iowa, en la región medio oeste de Estados Unidos.
Nos comenta que ahora sus días suelen ser completamente distintos a los vividos durante la vorágine de entrenamientos y competencias. Trata de acostumbrarse a este ritmo más pausado. “Ahora todo lo que hago es trabajar y entrenar un par de horas, extraño un montón hacer gimnasia. Hay días en que me levanto en la mañana y digo qué bueno que ya no tengo que entrenar, pero a veces lo extraño”, se sincera.
Paralelamente a su actividad deportiva, estudió dos carreras en Estados Unidos: administración e información de sistemas en Iowa State University. Se graduó en mayo de este año.
Ahora trabaja en el área de administración y de data de Analytics de la empresa Raise Service Corp en Iowa.
Ha quedado fascinada por el ambiente laboral en el que se desenvuelve. Valora que la empresa vele por preservar el orden ambiental en las compañías en Estados Unidos.
Esto último ha hecho que se enamore más de la compañía, pues afirma que comparten uno de los principios del deporte olímpico: el cuidado del medioambiente.
Se ha compenetrado muy bien con sus compañeros de labores que se sorprenden por su pasado como atleta olímpica y a los que suele contar las grandezas históricas y culturales de su amado Perú.
¿Cómo llegó a Iowa?
A los 15 años, Ariana se mudó a Estados Unidos para mejorar su competencia deportiva. En ese entonces, era considerada una de las tres mejores gimnastas de América del Sur. Por ello, el entrenador argentino Gustavo Moure la invitó a entrenar en el Excalibur Gymnastics.
La competencia que se aproximaba eran los Juegos Olímpicos Río 2016. Por esa razón, entrenó en doble turno y con una sorprendente rigurosidad.
Allí conoció a uno de los entrenadores de la Iowa State University que le ofreció una beca en dicha universidad. Ariana no dudó en aceptar dicha propuesta.
“Quedé fascinada con la universidad. Desde el campus hasta los profesores, todo me parecía genial. Y más aún que esta universidad tuviese un gimnasio especial para deportistas. Aquí me preparé para competir en los Juegos Olímpicos Tokio 2020”, añadió.
Su meta es seguir preparándose académicamente, escalar en su carrera profesional y representar al Perú desde lo más alto, pero está vez desde una perspectiva distinta y vinculada con sus nuevos quehaceres y retos laborales.
Metas cumplidas
“Mentalmente estaba muy agotada después de competir en Tokio 2020. Estos entrenamientos fueron tan fuertes que me desgastaron más mental que físicamente”, afirmó al recordar esa etapa que la hizo cuestionar su futuro deportivo.
¿Por qué dejar una carrera exitosa?, le preguntamos por su muy reciente pasado de élite deportiva.
“Sentí que ya había logrado todas mis metas. Si continuaba en la vida deportiva, iba a hacerlo, pero sin ninguna meta específica. Desde pequeña mi meta fue llegar a los Juegos Olímpicos y lo logré en Río 2016; de hecho, cuando me mudé con 15 años a otro país era lo único en lo que pensaba. Con Río 2016 mi más grande meta ya se había cumplido”, remarcó.
Y si bien en un inicio sintió incertidumbre al pensar sobre un futuro después del deporte, enfatiza que sus padres y amigos fueron piedras angulares en su decisión.
Más allá de la gimnasia
“Al terminar la universidad me di cuenta de que la vida era más que la gimnasia. Quiero experimentar todas las cosas que no he experimentado por dedicarme al deporte”, agregó.
Señaló que su mayor motivación siempre han sido sus sueños. Hoy se encuentra muy tranquila y feliz de trabajar en algo muy distinto a su pasado olímpico. A pesar de no estar más en competencia, sigue pensando que la vida es una lucha diaria y que el vencedor siempre será el más disciplinado, decidido y perseverante.