Opinión
Investigador histórico y Gestor Cultural
Posteriormente, y por diversos motivos, entre los que se encontraban el clima, las enfermedades y la lejanía de tierras de cultivo, la ciudad fue trasladada a San Pedro de Levanto el 15 de setiembre de 1538. Es aquí, por mandato de Francisco Pizarro, que es construido el primer templo cristiano dedicado a la Purísima Concepción, y finalmente a mediados del siglo XVI se establece en el lugar que hoy ocupa, bajo la tutela del gran Puma Urco.
Las últimas investigaciones del destacado historiador Waldemar Espinoza Soriano nos dan nuevas luces de por qué la ciudad se trasladó a su ubicación actual. Él nos refiere que en lo que ahora se encuentra la Plaza Mayor de Chachapoyas, existía en la época prehispánica una especie de mercado o lugar de intercambio donde confluían 4 caminos que conducían a Pomacochas, Levanto, la Montaña (Selva) y Luya. Dicho lugar, que viene a ser la zona más plana, era llamado Catuc Pampa.
Establecida la ciudad en su ubicación actual, se construyeron templos y conventos, siendo el primero el Templo Matriz San Juan Bautista, luego el Templo de Nuestra Señora de Santa Ana en 1556, anexo al cual se abrió el Hospital de Naturales del mismo nombre en 1578, el Templo y Convento Franciscano de Santa Clara y el Mercedario de San Pedro Nolasco. A fines del siglo XVI se construye el Templo de Naturales de San Lázaro, en 1676 el Templo, Convento y Hospital Betlhemita de Nuestra Señora de Belén y en 1793 el Templo del Cristo de Burgos y Santa Eulalia.
En la Independencia, los hijos de Chachapoyas van a cumplir un rol importante, siendo su más notable hazaña la victoria en la batalla de Higos Urco, el 6 de junio de 1821, con lo cual consolidan la libertad del norte peruano, en virtud a ello y a toda su contribución a la causa libertaria, en 1826 el Congreso de la República le otorga el título de “Fidelísima ciudad”.
Chachapoyas es cuna de importantes varones y mujeres como el cronista P. Blas Valera, el precursor y prócer de nuestra Independencia, don Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza Collantes, de su máxima heroína, doña Matiaza Rimachi, del sacerdote patriota, don Juan Antonio de Andueza y Medina, entre otros.
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