Opinión
CEO & Cofundador de Rextie
El mundo de los startups se ha convertido en un zoológico, incluyendo no solo especies reales, sino también mitológicas. Por ejemplo, se encuentran los denominados “unicornios”, los cuales se refieren a una empresa emergente de capital privado con valoración superior a 1,000 millones de dólares. Asimismo, tenemos a los “centauros”, estimados en más de 100 millones, y los “ponys” de más de 10 millones. Los startups típicamente se transforman en unicornio por sucesivas rondas de capital con grandes sumas invertidas con el fin de hacerlas crecer de forma agresiva a todo costo.
Por otra parte, los startups catalogados como “camellos”, al contrario de los unicornios, son más resilientes, capaces de sobrevivir con capital reducido, con pocos recursos y en entornos de incertidumbre o crisis económica, pero también buscan un crecimiento acelerado, y realizan un eficiente control de gastos y recursos.
Por su lado, los startups “cebras”, las cuales son empresas con un propósito y una conciencia más social en lugar de estar solo enfocada en el crecimiento agresivo como los unicornios, tienen tres principales objetivos: el crecimiento a largo plazo, la rentabilidad y la generación de empleo.
En el caso del Perú, no contamos todavía con ningún “unicornio”, pero algunos se están acercando, como por ejemplo Crehana, en el sector edtech (tecnología educativa). En el sector fintech todavía están lejos de ser “unicornios”, pero sí tenemos startups que podrían considerarse “camello” y/o “cebra”, que se encuentran en pleno crecimiento y ya tiene servicios y mercados bien definidos y probados con gran tracción demostrada.
Muchos son los factores que han desacelerado las inversiones a nivel mundial como una alta inflación, subida de tipos de interés, fortalecimiento del dólar respecto a otras monedas, problemas en la cadena de suministro, alza de los precios de petróleo, y el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Esto no solo ha impactado en países lideres de Latinoamérica como Brasil y México, sino también en nuestro país. En el caso de los startups que tienen mayor dependencia de las rondas de inversión para crecer y subsistir, y que típicamente todavía no han alcanzado la rentabilidad, estas situaciones de reducción de la inversión pueden implicar despidos masivos para poder alargar el tiempo de vida hasta una nueva inversión, como ha sucedido con Favo, uno de los startups más exitosos en el sector e-commerce del Perú.
Diversos estudios señalan que nueve de cada diez startups no llegan a los 3 años de vida y ello se debe a múltiples causas de fracaso, pero las más comunes para nosotros son: no hay mercado para el producto o servicio construido; equipo fundador no adecuado; déficit de caja, ya sea por falta de ventas o financiación; y errores estratégicos.
Para poder impulsar el desarrollo y permanencia de este tipo de empresas es crucial el apoyo en las etapas iniciales, contar con un ecosistema de startups robusto y en crecimiento, redes de mentores, asociaciones, eventos, inversores y fondos de apoyo.
Otro de los factores que no debemos olvidar es que cada inversionista tiene su tesis particular de inversión, en qué sectores invertir, en qué mercados, en qué estadio del emprendimiento, los montos de inversión, etcétera. En general, un inversor busca empresas donde pueda obtener un gran retorno; es decir, multiplicar el monto de su inversión varias veces. A mayor retorno, mayor riesgo, por lo que también es importante mitigar estos riesgos en varios puntos: existencia de un gran mercado potencial y ventajas competitivas; tener un equipo gestor con capacidad; y, contar con tracción demostrada.
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