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Periodista
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“Ya está zafando”, anunciaba el maestro, bajo sus lentes, después de dedicarle varios días al proceso de crear figuras artísticas. Concentrado en los detalles, en los colores, en las formas de esos personajes con los que componía escenas y tradiciones del valle del Mantaro, y que al día siguiente ya no estarían en el taller porque serían llevados para la venta a Huancayo.
Muy temprano, don Pedro Abilio Gonzales (1912-2006) iniciaba sus labores en su pequeña mesa. Masticaba hojas de coca, y dos de sus hijos, Germán y Felipe, se sentaban también a trabajar en sus mesitas. Avanzaban escuchando una pequeña radio. El maestro tenía su chispa y era buen contador de anécdotas en huanca y castellano. A veces, su esposa, doña Matilde Alfaro, se sumaba y cantaba, tras recoger plantas que también llevarían a la feria dominical huancaína junto con las artesanías.
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El taller estaba siempre lleno de esculturas, cabezas y moldes; santos y vírgenes que le traían para reparar; rectángulos de lienzos, colores y pinceles. Se ubicaba en la comunidad de Aza de Santa Bárbara, muy cerca de “La Incontrastable”.
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“Desde antes de saber leer y escribir ya estábamos en su taller”, recuerda Pedro Gonzales Páucar, hoy de 67 años, el mayor de los nietos del patriarca. Junto con sus hermanos Javier y Antonio, Pedro sigue los pasos del abuelo en la imaginería y es un reconocido maestro de este arte.
Vivían a 20 pasos de la casa taller del abuelo. Y cuando eran mocositos, de 4, 5 años, el abuelo advertía, “por favor, no tocar nada”. Cuando tenían 6, 7 años, la cosa cambió: el abuelo empezó a darles tareas; les daba las pautas sobre cómo elaborar el engrudo, hacer tablitas, etcétera. “En un par de años, ya éramos útiles para el taller y aprendimos, poco a poco, los secretos”.
El abuelo trabajaba con sus dos hijos. Su otro hijo, Julián, era obrero textil y esporádicamente también trabajaba con las manos la imaginería.
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Pedro Gonzales Páucar, reconocido también como Gran Maestro del Arte Popular del Perú, precisa que son un eslabón en una cadena larga de artistas, pues no solo el abuelo heredó el arte de sus padres, sino que hay “indicios” de que los Gonzales provienen de una familia que trabajaba durante la Colonia en las iglesias del valle del Mantaro elaborando máscaras, juguetes, cruces para techos, bordados y otros accesorios necesarios para la feligresía.
“Yo aprendí el oficio y nunca lo abandoné”, cuenta Pedro Gonzales nieto. En 1978, a los 18 años, ya era parte de la asociación de artesanos Kamaq Maki (manos creadoras, en quechua), con ella empezaron a trabajar para que la imaginería del valle del Mantaro sea reconocida como la de Ayacucho o Cusco. Y empezaron a desarrollar exposiciones. Uno de sus logros fue que en 1996 su abuelo sea reconocido como gran maestro de la artesanía nacional.
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La exposición Describiendo nuestros pueblos reúne los trabajos de don Pedro Abilio y su hijo Germán Gonzales Alfaro –un maestro que a sus 80 años sigue produciendo imaginería–, también de sus nietos y bisnietos.
Sus personajes representan diversas manifestaciones culturales como las festividades y las danzas que en los pueblos de la sierra central construyen la memoria colectiva sobre la batalla de Junín (la capitanía) o la campaña de Andrés Avelino Cáceres (la majtada) y otros.
Para el curador de la muestra, Juan Peralta Berríos, “el trabajo sostenido a través de la familia, revalora la cultura de la comunidad, rescatando expresiones y manifestaciones que configuran sus aspectos sociales, materiales y espirituales. Sus conjuntos creativos trabajados de manera individual tienen carácter instalativo, lo que las convierte en producciones que van más allá del llamado arte popular”.
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La exposición, además, es un homenaje al maguey, vital para este arte. “Ya el padre Acosta lo llamaba el ‘árbol de las maravillas’ porque se pueden producir con ella mieles, tejidos, instrumentos musicales, máscaras decorativas y funerarias. Es un elemento que resume el sincretismo en la imaginería, con la virgen occidental en la parte exterior y, por dentro, al dios andino”, cuenta Pedro Gonzales Páucar.
Precisa que estos dos años y más de pandemia han sido muy graves para la artesanía en el emblemático valle de la región Junín porque muchos cultores de tallado en madera, piedra, platería o alfarería dejaron definitivamente sus oficios.
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Desde Berlín, Alemania, el último de los hermanos Gonzales Paúcar, Antonio (quien firma sus trabajos como Antonio Páucar) explica que el trabajo en el taller familiar y el haber crecido en una zona rural, con el pensamiento andino y con la naturaleza tan presente, marcaron sus carreras artísticas.
En la exposición, Antonio presenta la obra ‘Flor de maguey’, con 350 figurines de 15 centímetros de altura, tal como trabajaban su papá Julián y su abuelo Pedro Abilio. En su obra recuerda a los estudiantes y profesores desaparecidos de la Universidad Nacional del Centro durante la época de la lucha contra la subversión.
Además, junto con sus hermanos trabajó en el tradicional maguey la obra ‘Homenaje a los mártires de la batalla de Azapampa (1820)’ que el año pasado estuvo exhibiéndose en el Lugar de la Memoria por el bicentenario y ahora forma parte de la nueva muestra.
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Hoy la familia Gonzales Páucar tiene otra meta: la construcción de la casa museo del abuelo en Aza para revalorar su memoria e incentivar en las nuevas generaciones que continúen con estas técnicas tradicionales. En este norte, desde el 2015 han ido recuperando de colecciones particulares los trabajos del abuelo (muchas de sus piezas fueron compradas por turistas extranjeros). A ello sumarán las piezas que el tío Germán Gonzales elabora especialmente para el espacio aún sin fecha de inauguración.
“No tenemos un museo de este tipo dedicado a la imaginería en el valle del Mantaro, un arte que ha pasado desapercibido en esta parte del país”, opina Antonio Páucar.
Datos:
La muestra Describiendo nuestros pueblos va hasta el 4 de setiembre en el espacio Juan Pardo Heeren del Icpna Lima Centro (Jr. Cusco 446, Lima). Ingreso libre.
Los visitantes podrán ingresar previa inscripción en este enlace.
También se presentan obras de Felipe Gonzales, Julián Gonzales, Rumi Gonzales, Sisay Gonzales, Tamia Gonzales y Wayta Gonzales.
En 1977, en Lima, se hizo la primera exposición familiar con obras de los Pedro Gonzales, abuelo y nieto.
90 trabajos reúne la muestra sobre la familia Gonzales.