• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

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FOTOGRAFIA

Presentan biografía sobre nuestro cuentista mayor, Julio Ramón Ribeyro

La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntado hacia el futuro. (Prosas apátridas)

Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe



1.
El mar invernal se introduce sin protocolos en el departamento. Su sonido oceánico da ritmo a las palabras. El estudio –en el segundo piso de un dúplex barranquino– está casi intacto, como si Julio Ramón acabase de pararse para encender un cigarrillo y despejar la mente con una copa de burdeos. Como si acabase de ponerle punto final a “Surf”, el último de los cuentos que escribió.
 
“Ribeyro observaba desde aquí a los surfistas. ‘Surf’ es una especie de testamento literario”, cuenta Jorge Coaguila, sentado en la misma mesa donde en 1991, cuando aún era estudiante de San Marcos, entrevistó al autor. En total, fueron dos entrevistas que se publicaron en estas páginas de El Peruano.

Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) era un hombre muy tímido, solitario, austero de amistades y vacilante (dejó varios proyectos literarios a medio camino). Se incomodaba si veía a muchas personas en su casa. Esquivaba con profesionalismo las solicitudes para entrevistarlo. Por eso la única condición que le exigió a Coaguila fue que publicara las entrevistas cuando él estuviera fuera del país. 
    
2.
Hay una foto famosa de Ribeyro en bicicleta dando vueltas por el malecón Souza. En una de las paredes de su estudio está el diploma enmarcado del premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1994). En el librero, la colección de libros que consultaba, también sus propias obras, y la foto de su esposa, Alida Cordero. 

Están los binoculares con los que le gustaba auscultar a los veraneantes, el horizonte y las islas del Pacífico. Y la máquina de escribir es la penúltima que usó, donde pasaba a limpio sus historias, posa sobre la mesa donde jugaba al ajedrez con sus amigos. Solo hace falta el semblante afilado del escritor que ya solo es libros. 


Enero, 1971. Tres mentes prodigiosas. Julio Ramón Ribeyro, Chabuca Granda y César Calvo.

En el balcón del primer piso del dúplex, donde JJR recibía a sus visitantes, nos damos cita con el periodista e investigador Jorge Coaguila. Ha publicado Ribeyro, una vida (Lima, Revuelta editores, 2022), un volumen de 586 páginas cuya investigación y escritura le ha tomado casi dos décadas. 

“Tomó muchos años. Ya era un poco incómodo, la gente me preguntaba, después de haber colaborado con entrevistas, cuándo salía el libro. Me demoré demasiado. En el camino, varios amigos y parientes de Ribeyro fallecieron. Yo mismo ya parecía un personaje ribeyriano, un chasco, que anunciaba el libro y no lo concretaba. Inclusive sirvió de chanza y Daniel Titinger me llamó ‘la verdadera viuda de Ribeyro’”, dice el periodista sanmarquino. 

La idea del libro tal vez se originó en 1994, cuando JJR, en la dedicatoria de la novela Cambio de guardia, escribió “para Jorge Coaguila, mi crítico y biógrafo oficial”. “El que ponga ‘biógrafo’ hizo que me comprometiera a investigar desde entonces acerca de su vida”, recuerda. 
A los meses, ese año, Ribeyro falleció, dejando inconcluso su proyecto autobiográfico. Entonces, Coaguila inició su proyecto realizando muchas entrevistas. 


Labor cumplida. “Al fin la mochila [de la biografía de JJR] la dejo y me dedicaré a proyectos literarios, aunque nunca dejaré de difundir la obra de Ribeyro”, dice Coaguila. 

“Las biografías sobre autores peruanos no son una tradición muy amplia. Felizmente, los últimos años, estamos viviendo un interés por las obras de no ficción. Este libro, espero nos permita repasar la historia del país, a través del itinerario de un limeño que pasó cierto tiempo en Europa; luego, retornó al país y toda esa travesía va acompañada de un contexto”, explica. 

3.
Ribeyro, una vida, tuvo el apoyo importante de la familia del escritor, en Lima y París. La viuda, el hijo, los hermanos y sobrinos le facilitaron a Coaguila material documental y fotográfico que enriqueció la biografía. Incluso pudo tener acceso a la partida de nacimiento del escritor.

La investigación se nutrió con entrevistas que realizó a lo largo de los años en Lima, Trujillo, París y Madrid. A ello suma diversas fuentes, como las cartas que JJR escribe a su hermano Juan Antonio; sus textos autobiográficos, los Dichos de Luder y los propios cuentos que Coaguila da las pistas para reconocer algunos personajes y situaciones reales en los cuales se inspiró para escribir. Esta biografía que busca ser “equilibrada” y reflejar la vida de un hombre en la mayoría de sus dimensiones.

Si bien el hijo único del autor, Julio Ramón Ribeyro Cordero, no está de acuerdo con algunas declaraciones, que quisiera que se aclaren en una segunda edición, en términos generales le parece un buen trabajo sobre su padre (actualmente está trabajando un proyecto audiovisual sobre JJR). 

Para Coaguila, hubo temas complejos sobre los cuales tratar, como su resquebrajamiento de salud de los últimos años, que lo llevó a la muerte; su historia amorosa o su condición económica precaria durante sus primeros años en Francia. 

“Pero siempre lo hice con bastante conocimiento para expresar, con mucho respeto, y porque son hechos importantes. No he buscado exagerar nada o tratar de llamar la atención por ciertos aspectos de la vida de Ribeyro, como puede ser la tentación para otros autores. Además, siempre poniendo en contacto hechos de su biografía con su obra”, señala. 

4.
A inicios de 1990, Ribeyro dejó París y retornó a vivir a Lima, en este departamento del malecón Souza. Aquí pasó sus últimos cuatro años y cultivó amigos más jóvenes que él, miembros de otra generación literaria.

Letras y más. Coaguila entrevistó a inicios de los noventa a Ribeyro.

Finalmente, la pandemia le permitió a Jorge Coaguila terminar el libro. “Aunque Ribeyro no es extremadamente popular como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, después de su muerte cosechó muchos lectores, sobre todo por su obra diarística: La tentación del fracaso es más valorada que sus cuentos”, afirma. 

Sin embargo, en el Perú, JJR es uno de los autores canónicos, algunos lo llaman “el Arguedas de la clase media”. “Se le estudia mucho en los colegios y universidades y sus cuentos tienen actualidad: los niños que recogen basura en ‘Los gallinazos sin plumas’, o los personajes que buscan un hogar donde vivir en Lima en ‘Al pie del acantilado’. O ‘Alienación’, sobre la gente que quiere dejar su condición y se identifica con una cultura extranjera. La actualidad que cuenta Ribeyro es terrible. Lo ribeyriano se relaciona con el chasco y la frustración, con proyectos que iniciamos y no terminamos. Riberyo todavía nos habla de lo que somos ahora mismo”.

Prosas pendientes

Jorge Coaguila está en tratos para editar Ribeyro, una vida en España, donde el narrador y dramaturgo limeño se ha hecho más conocido recién tras su muerte. “En España hay varios estudios publicados y tesis. A Ribeyro lo leen más [fuera del Perú] por sus diarios que por sus cuentos. Su diario, La tentación del fracaso, cierra en 1978. Pero el público está ansioso por que se publique la continuación. En eso está el hijo de Ribeyro, quien tiene los manuscritos. Ojalá se publique este material en los próximos años”, dice el biógrafo. 

Datos:
Por los 90 años del escritor, Seix Barral reeditó los tres libros de mayor acogida: La tentación del fracaso, Prosas apátridas y La palabra del mudo.
Random House ha publicado este año los cuentos completos y, en breve, La casa sutil, que reúne los artículos del autor limeño.
Ribeyro, una vida se presentará en forma presencial en la 26ª Feria Internacional del Libro de Lima, en julio.