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Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Junto con los otros ukukus recibirá la bendición del sacerdote en el templo principal de Paucartambo y el sonido de las quepas (caracol marino) anunciará su paso por las calles del pueblo cusqueño. Antes de partir, siempre danzando al ritmo de las quenas, bombo y tambor del enérgico chakiri, visitarán las tumbas de los “antiguos”, los que les enseñaron a peregrinar, en el cementerio.
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Entonces, frente al mercado de Paucartambo los ukukus, también los wayrui chunch’u, los qhapaq chunch’u, los qhapaq qolla, subirán a los camiones para recorrer la ruta de 180 kilómetros de trocha y carretera hasta Mahuayani. En la veneración del señor de Qoyllurit’i participan ocho naciones con sus danzas. Una de las danzas son los ukukus.
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Ocho horas después, los ukukus de Paucartambo –tal como otras cuadrillas de ukukus de otros distritos de esta provincia cusqueña– empezarán ahí la empinada ruta a pie, de ocho kilómetros hasta la hoyada de Sinak’ara, a 4,800 metros sobre el nivel del mar.
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En el camino hay 14 cruces, como las estaciones de la Vía Crucis de Cristo. Al pie de cada una, hay pequeños altares, donde los peregrinos rezan y descansan. El sincretismo en la peregrinación al Señor de Qoyllurit’i deja de ser una palabra de los antropólogos y se hace realidad.
Los acompañarán en su peregrinaje mamawayris, quienes les prepararán los alimentos, y don Victorio Follana, que peregrina desde 1985 e infunde en los jóvenes ukukus la cosmovisión andina.
En la hoyada de Sinak’ara construyeron el templo católico que salvaguarda la urna con un Cristo agonizante, pintado en 1783, durante la Colonia, sobre la roca milenaria que ya los incas y sus antepasados venían a venerar.
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Para el antropólogo Jorge Flores Ochoa, Señor de Qoyllurit’i se debe interpretar como Señor de la Nieve Inmaculada. En el siglo XXI, los quioscos de los vendedores y las carpas de unos cien mil peregrinos, de familias, de madres solteras, de abuelos en sacrificio, rodearán por una semana la iglesia. La fe les permite luchar contra el frío y la falta de oxígeno.
Los ukukus, luego de la misa especial para ellos, llevarán la cruz del templo hasta los 5,200 m s. n. m. del apu Qolqepunku (Puerta de Plata, en quechua), para recibir la bendición del nevado, para pedirle mejores cosechas, buena salud y la paz entre los hombres. El ritual, en medio de la nieve, incluirá el bautizo con tres latigazos de los morocos, los nuevos ukukus.
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Luego harán el camino de regreso, con la pesada cruz sobre los hombros, por el difícil camino del nieve, que se vuelve ligero con la alegría en los corazones de haber oído al taytacha.
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Desde el 2012, el fotodocumentalista Miguel Mejía participa anualmente del peregrinaje al Señor de Qoyllurit’i. Lo hace como ukuku de Paucartambo con la singularidad de llevar su máquina fotográfica para registrar este ritual mágico al santuario cusqueño, que se da entre mayo y junio.
En el 2020 y el 2021 se dio bajo sus características singularidades. El Consejo de Naciones decidió que el primer año de la pandemia se haga el peregrinaje “por grupos”: subieron al santuario los ukukus y otras comparsas paucartambinas, pero no fue un peregrinaje abierto al público.
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Tampoco se realizó la ruta completa y se limitó la celebración a la misa en el templo de Sinak’ara y algunos rituales. Tomó solo dos días desarrollar esta versión pandémica. En el 2021 se organizó por “naciones” y comparsas, en fechas estipuladas. Tampoco se hizo la ruta completa. Este año, los ukukus subirán el 13 de junio junto a toda la nación Paucartambo al nevado.
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Fruto del registro de estos años, Mejía publicó el libro Qoyllurit’i. Los hijos de la montaña sagrada (Lima, Apu editorial, 2021), el cual lleva el sello oficial Perú Bicentenario 2021 y reúne 152 imágenes.
Presentan no solo el “peregrinaje andino más extremo de Perú”, sino también las fotografías son una alerta sobre el cambio climático. Recordemos que, por la reducción de los glaciares, desde el 2003 los ukukus tienen prohibido bajar del apu Qolqepunku cargando a las espaldas un gran trozo de hielo para bendecir sus valles.
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Mejía recuerda que esta celebración andina “representa la adoración a los nevados como fuentes de agua y deidades protectoras; al sol y a la tierra; y por influencia de la religión católica, también a la imagen de Cristo”. Desde hoy, una selección de 80 fotografías del libro se expondrán en la ciudad del Cusco.
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— Diario El Peruano (@DiarioElPeruano) May 5, 2022