Opinión
Periodista y sociólogo
Hay que ser conscientes de que la construcción de seguridad hídrica y de gobernanza enfrenta muchos factores políticos y sociales de vieja data, y que son comunes a otras actividades públicas.
Todos los gobiernos que se han sucedido han enfrentado poca autoridad, institucionalidad y presencia estatal; debilidad económica y normativa; compleja geografía e hidrología; enmarañado marco normativo; difícil multiculturalidad; eterno centralismo; desigual desarrollo de los departamentos; marcada división social; creciente migración del campo a la ciudad; agricultura subdesarrollada; crecimiento demográfico; falta de energía; etcétera, que profundizan y agravan problemas históricos como la corrupción, la pobreza, informalidad, inseguridad ciudadana, violencia, desempleo, entre otros.
Y el agua no escapa a esta problemática. Aún no llega a todos, especialmente en los cinturones de pobreza de las ciudades y en las zonas rurales y amazónicas. Gran parte de las fuentes de agua (ríos, lagos, mar, humedales, acuíferos, etc.) presentan contaminación natural y/o por malas prácticas humanas. Nuestros nevados tropicales van desapareciendo por efecto del cambio climático. Hay informalidad en el uso y aprovechamiento del recurso hídrico, especialmente subterráneo, y poca cultura del agua.
¿Qué hacer? Primero, la gestión del agua debe ceñirse más a la Política de Estado 33 de Recursos Hídricos, considerando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (especialmente el Nº 6) y la adaptación y mitigación al cambio climático.
Segundo, crear el Ministerio del Agua (hay un proyecto de ley en el Congreso de la República), fusionando todas las entidades relacionadas con el sector.
Tercero, actualizar las normas incluyendo la economía verde.
Cuarto, investigar, tecnificar, capacitar, financiar adecuadamente y establecer planes quinquenales con políticas diferenciadas para la Costa, Sierra y Amazonía.
Y, quinto, promoción de la inversión privada en infraestructura natural hidráulica y rescate del conocimiento ancestral.
Hay que acelerar la gestión integrada de los recursos hídricos adecuándola al ritmo de las necesidades sociales, productivas, industriales, comerciales y ambientales del país, y acorde con las exigencias de la globalización; además de cumplir con los acuerdos internacionales para disminuir la contaminación, el efecto invernadero y la pobreza en los plazos establecidos.
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