Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
El 2020 y 2021 fueron años muy difíciles, recuerda el niño, porque los cinco hermanos tenían que turnarse para recibir clases con el único teléfono celular que hay en casa. Otros niños de la comunidad de Cantagallo recibieron tabletas, pero no tienen internet.
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Jonier es uno de los 285 niños que estudian inicial y primaria en el IE EIB Comunidad Shipiba. Desde hace una década es el único colegio bilingüe que hay en la capital, Lima. Funciona en Cantagallo, en el Rímac, a menos de un kilómetro del Congreso de la República y del Palacio de Gobierno.
Hace seis años, un incendio devoró el centro educativo y parte de Cantagallo. Desde entonces, hasta el 2019, sus alumnos llevaron clases en el jirón Virú 318, en el Rímac.
Este lunes 14, los niños han reiniciado las clases presenciales. Como sus padres no tienen dinero, deben ir a pie desde Cantagallo. Llegar al colegio les toma media hora. Esta primera semana, los 12 profesores (8 bilingües y 4 monolingües) se han enfocado en la “inducción a la salud”.
Muchos de los niños son nativos y están aprendiendo desde caminar alertas, ya que la zona es picante, hasta sortear el tráfico, respetar el semáforo (si funciona), cruzar el puente Trujillo y usar mascarillas porque en sus comunidades no las utilizaban. Un mundo nuevo.
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Los padres de familia de Cantagallo llegaron a Lima de las zonas más alejadas de la región Ucayali. Muchos se dedican a la artesanía. Llegaron cargando a sus hijos, muchos de los cuales solo hablan el idioma de sus ancestros.
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“Trabajan todo el año en Lima y en diciembre vuelven a sus comunidades. Es la realidad. Entonces, Cantagallo funciona como si estuvieran en sus mismos pueblos”, explica la nueva directora del plantel, Karina Andrade Tacca.
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En Cantagallo y las comunidades ucayalinas, antes de la llegada de la vacuna, las familias combatieron el covid-19 con sus remedios caseros a base de yerbas. Por eso, la directora teme también que el traslado de estos niños nativos por la ciudad pueda provocar un contagio rápido entre los menores.
Aquí, en la comunidad, los alumnos tienen estrechos vínculos culturales con los profes. Ocho de sus maestros son shipibo-konibos como ellos y les enseñan los cursos en su lengua materna. Y así, en Cantagallo, se preserva la identidad amazónica, con su idioma, usos y costumbres.
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Para la directora Andrade, la sorpresa al asumir su cargo en febrero fue encontrarse con que sí contaba con docentes interculturales, pero faltaba la infraestructura. “No es justo para estos niños. Su sueño de venir a Lima ha sido para mejorar”, dice.
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La meta de los docentes y padres de familia es que los niños vuelvan este año a estudiar en su propio local dentro de la comunidad. Para ello se necesita que se construyan por lo menos seis módulos de aulas (lo ideal serían 11), que puedan albergar a las 12 secciones en dos turnos. Y el tema pasa por activar nuestra solidaridad.
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La institución educativa ya ha conseguido los seis primeros módulos: dos que el año pasado dio el Estado a través del Programa Nacional de Infraestructura Educativa (Pronied) y cuatro que son producto de la donación de la sociedad civil.
Dos de ellos fueron donados por el señor Miguel Prialé, amigo de la comunidad, y los otros dos por la oenegé Comunidad Perú. Los primeros llegaron la semana pasada y se terminaron de armar el martes 15. Los otros dos empezarán a armarse este sábado y se entregarán el domingo 27.
Los 44 voluntarios de Comunidad desde hace más de un año trabajan en Cantagallo. Y van “tras sus necesidades más urgentes”. Han logrado financiar un comedor popular, un tópico, biohuertos, viviendas y alimentos. Su nuevo objetivo es aportar al colegio.
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Edgar Escalante, vocero de Comunidad, explica que la campaña de donaciones (que se inició la última semana de enero) continuará. “Hay un compromiso de nosotros, como sociedad civil, por conseguir más fondos para hacer más aulas para el colegio”, dice.
Explica que para obtener las donaciones para los primeros módulos ha sido importante la difusión por las redes sociales. Por su parte, la directora Karina Andrade hace también el llamado para financiar el cerco perimétrico que necesita la institución educativa cantagallina.
Cifra
15,000 soles es el costo por cada aula prefabricada.