Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía,
profesor universitario
Por ello, esa volcánica escritura, llena de marcos sonoros, neologismos, quiebres sintácticos, modificación de la semántica, uso desgarrado de metalenguaje que impregna la incansable tensión para expresar la conciencia, es decir, llevando a los límites del propio lenguaje, extendiendo sus fronteras, mostrando su torsión inagotable. Un poeta peruano a pie del orbe cuya marca lírica sigue pasmando a los lectores más avanzados y, en la práctica, un libro esotérico para la mayoría de sus lectores. Es que Trilce es de los libros más difíciles de interpretar y hace añicos cualquier marco teórico que pretenda atraparlo.
A la vez, para un universo literario latinoamericano, acostumbrado a imitar las corrientes europeas, ser solo una comparsa, un modo de seguir colonizados, la potencia del poemario, su agenda derivada, era un soberbio manifiesto de emancipación. Por supuesto, salvo algunos pocos visionarios, el libro recibió ataques gratuitos o simplemente fue ignorado. La vida de poeta en el Perú es una de las más duras en la escala social. Andino, pobre, poeta, no es una combinación feliz. Más bien, parece una condena. Nuestro país es hostil a todo vate, incluso, a la poesía misma, sin embargo, la comunidad de poetas persiste con la desesperanzada terquedad del que sabe que todo está perdido.
Ya instalado en París, el centro de la cultura occidental, sufrió los embates de todo migrante y asumió los padecimientos inevitables de los seres marginales. Siguió escribiendo, con esa fe desproporcionada del artista en las palabras, en que esas letras, esas oraciones, queden como testigos serenos y redentores del paso por este mundo. Esa es nuestra verdadera marca Perú, un país en que nos dan duro con un palo y nos encebollamos todos los días.
Vallejo es una metáfora encarnada de lo que somos como nación. Sobrevivientes, en permanente agonía, con chispazos de esperanza, aunque llenos de poesía que nadie comprende ni quiere comprender. Sus huesos dormitan en el cementerio de Montparnasse y es un altar en la que ha alcanzado dimensiones de deidad. A veces su nombre es usado en ceremonias institucionales, vaciado de significado, más como un subterfugio. Nuestro poeta solo quería que un día en este paradójico país nos veamos, al borde de una mañana eterna, desayunados todos.
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