Opinión
MARYBEL TORRES
Asistente técnico del programa forestal FAO Perú
fvallas@editoraperu.com.pe
Nuestros bosques albergan una gran biodiversidad y proveen de bienes y servicios ambientales tales como fuente de alimentos, plantas medicinales, formación de suelos, reserva de carbono, regulación hídrica, belleza paisajística, entre otros; cumpliendo un papel fundamental en la mitigación y adaptación al cambio climático. A su vez, son parte importante del capital natural que sustenta el desarrollo sostenible del país para generar bienestar y mejorar los medios de vida de sus habitantes, en especial de los pueblos indígenas u originarios que habitan en él.
En las últimas décadas, dichos bosques se han visto impactados y amenazados por procesos de deforestación, que continúan incrementándose, principalmente a causa de la tala ilegal, narcotráfico, desarrollo de infraestructura vial, minería ilegal, ganadería, ampliación de la frontera agrícola, prácticas de roza y quema, y presiones demográficas. De acuerdo con la plataforma Geobosques del Minam, la superficie de pérdida de bosques amazónicos reportada al 2020, en plena pandemia del covid-19, fue de 203,272 ha, que representa el mayor dato histórico de pérdida de bosque anual reportado desde el 2001. Además, el informe sobre el estado de los bosques del mundo al 2020 (SOFO, por sus siglas en inglés), elaborado por FAO, confirma que la deforestación y la degradación de los bosques siguen avanzando de forma alarmante, contribuyendo de manera significativa a la pérdida de biodiversidad, mayor emisión de gases de efecto invernadero y a la reducción de la capacidad de proveer servicios ambientales, desafiando la resiliencia de los sistemas alimentarios humanos y su capacidad de adaptarse a los cambios futuros.
Por ello, resulta esencial impulsar acciones para la conservación de la biodiversidad y uso sostenible del bosque, que ayuden a mitigar sus impactos y mejoren la forma en cómo interactuamos y utilizamos los recursos. Dichas soluciones deben promover un cambio transformador en la manera que producimos y consumimos los recursos forestales, tal como el enfoque de gestión integral del territorio, el cual requiere de una gobernanza eficaz, armonización de las políticas entre sectores, fortalecimiento de capacidades institucionales, seguridad de la tenencia de la tierra, respeto por los derechos y conocimiento ancestral de las comunidades locales y los pueblos indígenas, promoción de iniciativas de restauración forestal, entre otros.
El Estado hace diversos esfuerzos orientados a fortalecer los marcos regulatorios, generar capacidades institucionales, promover mecanismos financieros, fomentar la investigación científica aplicada e implementar diversos programas y proyectos que ayuden a hacer frente a los actuales retos de la gestión forestal, que deben ser atendidos de forma prioritaria y urgente. Por su parte, la FAO Perú, en alianza con el Minam, desarrolla diversos proyectos financiados por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés). Estos proyectos buscan contribuir a la conservación y manejo sostenible de los bosques, facilitando la conservación de la biodiversidad y los servicios, mediante la restauración del paisaje e innovación productiva a través del fortalecimiento de cadenas de valor y promoción de los bionegocios, que permitan aumentar la resiliencia de las poblaciones locales y medios de vida.
Solo con la valoración del bosque en pie, mantenimiento de los servicios ambientales y conservación de la biodiversidad asociada, de la mano con la participación de poblaciones locales, su cultura, costumbres y reconocimiento del papel como agentes de cambio será posible hablar de un manejo responsable de nuestros bosques, aprovechando así todo el potencial que ellos representan para el desarrollo sostenible del país y que permita la puesta en valor de nuestro capital natural.
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