Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
1.
Desde que tiene uso de razón, Deysi Cerna Lozano, hoy de 31 abriles, asocia su vida al “tejido a qallwa”. Tenía 7 años cuando en Sayamud Bajo, en la provincia cajamarquina de San Miguel, su madre le enseñó a tejer. En las vacaciones escolares, Deysi se dedicaba a la confección. Es una cuestión que va de generación en generación, su madre y su abuela, también aprendieron tempranamente.
Trabaja en algodón, chalinas, servilletas, individuales, ponchos-chalanes, morrales, carteras y otros. Hoy es una de las 10 integrantes de la Asociación de Artesanas Sagrado Corazón de Jesús de Sayamud Bajo. Todas ellas tejen a qallwa, trabajan desde casa y han tecnificado sus saberes ancestrales.
Pero cuando llegó la pandemia se quedaron sin un cobre. No vendieron nada durante casi dos años. Y solo confeccionaban alforjas para su uso personal. Para sobrevivir, les ayudó el bono del Gobierno y lo que sembraban en sus chacras.
Del 11 al 14 de noviembre, ellas participaron, junto con otros 23 colectivos de artesanos de la región, en la primera edición de Ruraq Maki, versión presencial, que se realizó en la ciudad de Cajamarca.
“Nos ha venido muy bien. El Ruraq Maki nos ha permitido generar ingresos. Ha sido nuestra primera feria y ya tenemos algunos pedidos. Estamos reiniciando el trabajo”, dice.
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Cincuenta y dos de sus 60 años, Laura Sánchez Caruajulca es tejedora a qallwa. “No iba a la escuela porque me gustaba tejer. Hacer pañones es lo más demandado. El proceso requiere de varios pasos como el novillado, hilos, teñida, soltar la pita, tejer. En la cintura, la blonda es lo que más demora. Estamos acostumbrados”, cuenta.
Nació en Ayacue, pero reside en Tacabamba, en la provincia de Chota. Es presidenta de la Asociación de Artesanas del Pañon Tacabambino, especialistas en elaborar pañones. Cada socia cuenta con 10 a 15 operarios. Elaborar un pañón puede tomar de tres a cuatro semanas.
Si bien la pandemia golpeó a las 10 asociadas –perdieron pedidos del extranjero–, continuaron trabajando, cada una desde casa. Con los meses, retomaron contactos y les ha ayudado participar en las ediciones de Ruraq Maki de diciembre del 2020 y de julio. Solo una de ellas se enfermó del covid-19. “Participar en el Ruraq Maki es una alegría, porque todos vendemos y llevamos a nuestra casa ingresos”, dice.
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2.
“Nosotros confeccionamos sombreros campesinos, como el que utiliza el presidente Pedro Castillo; además del sombrero colombiano y el chalán, que es el más extendido”, dice Juanito Chávez Mejía, quien a los 13 años ya era un experto en la confección de sombreros de paja palma.
Lo aprendió de su padre. “La calidad del sombrero depende del tiempo: uno más fino puede tomar de 15 días a un mes”. Explica que la mayor calidad de esta prenda para la testa se reconoce según la hebra: “En el más fino, el tejido más bonito. Mientras más tiempo se tome, sale mejor”, dice el artesano de 39 años.
Claro, también depende de la calidad de la paja. En el caso de los artesanos especialistas en sombrero de Machaypungo Alto, Bambamarca, Hualgayoc, ellos importan la materia prima desde Ecuador.
Juanito integra la Asociación de Artesanos Unidos de Machaypungo Alto. Son 27 socios, reconocidos en toda Bambamarca por la calidad de sus trabajos. Como él, todos son herederos de la tradición. Con la pandemia, se quedaron sin ventas y, para sobrevivir, tuvieron que usar los fondos para comprar insumos.
“Ruraq Maki es nuestra primera experiencia, nunca estuvimos en una feria. Ahora hemos podido generar ingresos, vendiendo muchos productos”, dice.
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3.
A 40 minutos de la ciudad de Cajamarca, el distrito de Namora se ha hecho famoso en el ámbito nacional por ser tierra de lutieres, especialistas en confeccionar guitarras y alegrarnos el corazón.
Tolentino Zelada Romero, de 47 años, aprendió de su padre a fabricar guitarras requintos, mandolinas, bandurrias, charangos, violines, hasta ukeleles (hoy tan de moda). Los trabaja en diversas maderas, como pino báltico, caoba, cedro y jacarandá.
En los primeros meses de la pandemia, las ventas de guitarras bajaron en un 30%. “No podíamos salir ni a conseguir materiales”, recuerda. Por suerte, gracias a un proyecto, recibieron apoyos económicos del Ministerio de Cultura (Mincul), que les permitió instalar su taller con equipos.
El lutier, nacido en el caserío de Chilacat, dice que no pertenece a ninguna asociación, ya que su actividad es familiar: sus tres hermanos también se dedican al rubro. Por la calidad de sus acabados y sonido de sus instrumentos, el maestro recibe pedidos de todo el Perú. Y recientemente ganó el concurso Somos Artesanía, del Mincetur.
Plataforma digital
No se sabe con exactitud cuántos artistas tradicionales fallecieron por la pandemia. Entre ellos figuran el maestro de la piedra de Huamanga, Julio Gálvez, personalidad Meritoria de la Cultura, y su hijo mayor; el maestro platero Juan Cárdenas, de San Blas (Cusco). “La pandemia pone en riesgo la continuidad de saberes y no solo por el fallecimiento de algunos maestros, sino también porque muchos se tuvieron que dedicar a otras actividades, ya que se cerraron los canales de venta del arte tradicional, como las galerías, las tiendas y el turismo”, recuerda la titular de la Dirección de Patrimonio Inmaterial del Mincul, Soledad Mujica. En este contexto, el retorno del Ruraq Maki, descentralizado de forma masiva. El Mincul empezó como piloto en el 2018, con una veintena de tiendas la plataforma de comercio electrónico ruraqmaki.pe. Hoy son 68 las que administran igual número de colectivos de artistas tradicionales de 18 regiones. Y se cuenta con más de 170,000 usuarios. La meta es llegar en el 2022 a las 100 tiendas virtuales en el ruraqmaki.pe.
Cifra
106 colectivos participarán en edición del Ruraq Maki en Lima.
Datos:
Desde el 2007, ‘Ruraq Maki, hecho a mano’ es uno de los mayores proyectos estatales para el registro, investigación y difusión del arte popular tradicional.
Este año, El Mincul impulsa su descentralización en 6 ciudades. La primera se realizó en Cajamarca, en noviembre. Registró más de 13,000 visitas y las ventas de 4 días superaron los 74,500 soles.
Se iniciaron esta semana las ediciones en Puno y Ayacucho. Mañana, empezarán en Lima, Trujillo (La Libertad) y Huancayo (Junín). La próxima semana comenzará en Iquitos (Loreto).
Desde el viernes 10 al domingo 19 de diciembre se podrán adquirir productos tradicionales de 22 departamentos en la sede central del Mincul, San Borja, de 10:00 a 20:00 horas. Edición se enfocará en comunidades nativas y campesinas.
La próxima semana, Unesco declarará a la cerámica awajún como Patrimonio de la Humanidad. Sus artesanos tendrán un lugar especial en la nueva edición del Ruraq Maki.