• JUEVES 14
  • de mayo de 2026

Central

FOTOGRAFIA
Crónica de viaje

Escape a Huancavelica

Entre los atractivos de la ciudad de Huancavelica, la Tierra del Mercurio, están sus diversos templos católicos, que dan fe de la importancia que tuvo durante la época de la Colonia.

De su antigua fama minera queda poco: la calle principal, llamada Celestino Manchego –un exalcalde, congresista y ministro de siglo pasado–, hoy rebosa de olorosas pollerías, chifas, juguerías… y ruidosos ambulantes.

Reanimado por un tazón de maca caliente, llego ante la fachada de piedra roja de la hermosa iglesia mayor de San Antonio de Huancavelica, que data del siglo XVI y donde estuve parado hace 25 años, de cara a la plaza de Armas.

Desde el atrio veo mejoras: hay cajeros de banco, hoteles y librerías bajo los once portales, y todo luce limpio, con turistas nacionales y extranjeros que quieren conocer esta comarca con aires a Huamanga o Cusco chico.

El encanto de la Tierra del Mercurio es importante: aguas termales en el barrio de San Cristóbal, a poco del centro; puentes sobre el río Ichu, de torrentes cristalinos; el mercado con los quesos más ricos de la región. Y, punto y aparte, sus iglesias.

Arte religioso

Seas católico o no creas en seres superiores, igual, visita la catedral huancavelicana, que salvaguarda arte religioso de primera: de estilo barroco churrigueresco, su altar mayor en pan de oro cubre de pared a pared.

Dos cuadras más arriba, en el parque Bolognesi, está San Francisco, la iglesia neoclásica de 1777; con retablos barrocos cubiertos de pan de oro; y a un costado la iglesia de San Sebastián, de fachada impresionante. Ambas arquitecturas te llevan al pasado colonial de esta urbe.

Por la calle Carabaya está otra joya, el convento de Santo Domingo, de 1601, cuyo frontis es de roca volcánica y estilo barroco, y donde también se rinde homenaje a la Virgen del Rosario.

Frente a la comisaría, en la plaza de Santa Ana, espera un templo igual de antiguo, con cimientos de piedra, adobe en la portada y ladrillo en sus cuatricentenarios muros erigidos por los propios monjes.

Caminas un poco más o subes a un mototaxi. La clave es llegar al barrio de San Cristóbal, en cuya plazoleta está su iglesia que guarda murales de la pintura huancavelicana de fines del siglo XVIII.

Histórico Tren Macho

Esta excursión abre el apetito y la mesa huancavelicana ofrece sopa de mondongo, carnero al palo y la pachamanca calientita.

A seguir andando, hasta la estación del Ferrocarril Huancayo-Huancavelica, el famoso Tren Macho, el cual recorría los 128.2 kilómetros hasta Huancayo, llevando al viajero entre los 2,819 y 3,680 metros sobre el nivel del mar, y que por ahora descansa esperando su modernización.

Oscurece rápido, sobre las 5 de la tarde, en Huancavelica. Y corre viento. Para cenar, las pizzerías sorprenden gratamente. Pruébalas, pero eso sí, con raciones chicas porque la digestión es lenta.

Ya sabes. Si uno de estos días quieres dejar el estrés y conocer más de tu patria, alista una mochila con lo esencial, carga tu cámara fotográfica y escápate bien abrigado a la ciudad del mercurio. (Texto y fotos: Lewis Mejía)