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Periodista
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El único privilegio de ser periodista es ser testigo de la noticia y su tiempo, ponderaba el maestro Manuel Jesús Orbegozo (MJO). Él lo hizo desde las trincheras de la primera línea, como los reporteros de por entonces que cubrían los eventos mundiales: guerras, catástrofes, cumbres de líderes, y otros eventos.
En su despacho, en Miraflores, a donde llevaba a sus alumnos sanmarquinos para esas clases peripatéticas, sacaba a relucir sus objetos únicos: cubiertos de metal de aerolíneas desaparecidas, dedicatorias de personajes que figuran en la Historia –Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, entre otros– y otras borroneadas por el devenir de la misma, el sombrero que usó cuando cubrió la guerra de Vietnam, la manta de un ayudante de Yasser Arafat, el rosario que le obsequió María Teresa de Calcuta, las hombreras de un guerrillero palestino muerto cerca del río Jordan y del propio cronista, cientos de fotografías (y su propia cámara alemana que lo acompañó en intemperies y salones), mapas, libros, boletos a lugares imposibles, reposando junto a estantes llenos de sus artículos periodísticos.
Porque MJO, como un personaje julioverniano, también dio la vuelta al mundo nueve veces y cubrió noticias en más de 150 países.
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Hombres del mundo
Le dio la mano a Sadam Husein en Bagdad, cuando ese 1979 se le voceaba como sucesor del general Ahmed Hassan en el poder iraquí. Y en 1991 volvería a la zona para presenciar la Guerra del Golfo, iniciada por George Bush padre.
Hablando de dictadores, el sangriento líder camboyano Pol Pot le ofreció una entrevista a MJO; fue la última que concedió a un periodista extranjero. Tres días después, Vietnam acabó con su régimen.
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Estuvo el día que Corazón Aquino ganó las elecciones en Filipinas; en Adís Abeba y en Lima entrevistó a María Teresa de Calcuta, “la monja ha dicho que la miseria económica es mucho menos dolorosa que la desolación”, escribió.
Con 35 grados bajo cero llegó a Gdansk para entrevistar al famoso sindicalista polaco Lech Walesa. MJO, el hombre que viajó a París 25 veces en misión periodística, vio en el banquillo de los acusados, en la República Centroafricana, al dictador Jean Bedel Bokassa.
Dio cuenta de la manía del escritor mexicano Juan Rulfo de romper palitos de fósforo antes de responder cada pregunta. O de aquella tarde que tomó el té en el hotel Bolívar con Jorge Luis Borges luego de servirle de lazarillo por las calles de Lima. En el mismo hotel limeño entrevistaría al premio nobel William Faulkner y al poeta Roberto Frost. O la tensa entrevista con Georgette Vallejo, quien le arrebató sus apuntes y pedía tachar esto y aquello.
Desde joven, MJO se había dado el reto de entrevistar a los grandes que llegaban a Lima desde la década de 1950. Como el expresidente de Costa Rica Otilio Ulate o la poeta Gabriela Mistral. Y a fines de los sesenta, solo ganó un premio de la ONU para viajar a Ginebra y darse una vuelta por Biafra, entonces foco de atención mundial por su búsqueda de libertad de Nigeria.
En 1956, fue uno de los tres reporteros comisionados para ir hasta la caleta de Cabo Blanco para entrevistar a Ernest Hemingway, quien pescaba y filmaba escenas para El viejo y el mar. Trabaja como periodista estable en el diario La Crónica, pero había dado sus primeros pasos en La Nación y otros medios impresos.
Nació en Otuzco, en la sierra de La Libertad, y había llegado al periodismo buscando, como rememoró, “una profesión a la que atara mi vida hasta mi muerte, escogí el periodismo como a un caballito de totora de alguno de mis posibles ancestros indígenas para surcar el mar que señalaba la vida: manso a veces, pero, a veces, feroz”. El periodista liberteño ejercería de reportero hasta 1994. Luego desempeñaría otros oficios dentro del periodismo.
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También bloguero
Luego de abandonar San Marcos –por motivos de límite de edad–, MJO se volvió bloguero, uno de los primeros del país.
En el 2007, publicó el que se convertiría en el tercer libro peruano que surgió de un blog. En el 2010, la UNMSM lo nombraría profesor emérito. Su último post en El mundo, un día (http://mjoh.blogspot.com/) lo publicó el 16 de marzo del 2011, era un roble de 88 años.
Hombre de palabra escrita, no estaba hecho para los cuarteles de invierno. Amén de recopilar su trabajo escrito y fotográfico en volúmenes como Testigo de su tiempo, continuó haciendo nuevos aportes, como el libro Vallejo periodista (2006), dedicado a la faceta reporteril del poeta peruano más universal. Y pudo sentarse a escribir poemas que habían esperado esa calma fuera de las redacciones para convertirse en versos.
Maestro universitario
En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos fue docente durante 36 años, hasta que en agosto del 2004 se jubiló. Sin embargo, fue director de la Escuela de Comunicación Social sanmarquina del 2004 al 2007.
Los alumnos lo querían porque era dadivoso compartiendo sus saberes y recursos para llegar a ser un buen periodista (difícil tarea).
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Aristotélico, los llevaba a los espacios públicos, ahí donde se forja el periodismo, y dirigía a sus alumnos, los fogueaba en la caza de la noticia, entrevistando a vendedores de mercados, policías de comisaría, enfermeras de turno, amas de casa preocupadas, canillitas, talabarteros, etcétera. Después leía y corregía en clase esas primeras crónicas. Les recordaba la buena escritura, pontificando que una de las metas del periodismo es la docencia.
Sintetizó sus saberes con fines pedagógicos en el volumen Periodismo. Texto de teoría y práctica, uno de los clásicos del periodismo nacional.
Querido como era, fue padrino de 13 promociones y en los pasillos de la Escuela de Comunicación Social permanecen las placas de las cuatro promociones que llevan su nombre. Además, fue reconocido como profesor emérito.
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En la que fue su última clase, advirtió a sus alumnos del salón 9C: “Hay que seguir practicando hasta alcanzar la perfección”. La perfección técnica, ética y humanística como una meta que se intenta y no se logra.
Fue un año fértil. Viajó a su tierra, Trujillo, donde juramentó a la primera junta directiva de la Fundación Artístico-Literaria Manuel Jesús Orbegozo.
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— Diario El Peruano (@DiarioElPeruano) September 18, 2021
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