• MARTES 31
  • de marzo de 2026

Opinión

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CONMEMORACIÓN

El bicentenario y la Masonería

Carlos Víctor Grados Lau

Gran Maestro de la Gran Logia de los Libres, Antiguos y Aceptados Masones de la República del Perú

Quizás para muchos el título de este artículo pudiera parecerles extraño e inconexo. De inmediato cabe preguntarse, ¿cuál es la relación entre la Masonería y este primer bicentenario de la declaratoria de nuestra independencia? Y mucho más acuciante todavía, ¿qué significa para todos nosotros la declaración de independencia?

La Masonería, así, con una letra mayúscula inicial, es una organización Iniciática y Filantrópica cuya historia nos dice que es, tres veces centenaria. Organización ‘Iniciática’, porque transmite a través de rituales y fórmulas, un conocimiento trascendente, el cual resulta accesible por una experiencia individual en un contexto social, colectivo. Filantrópica porque ejerce la beneficencia y practica la caridad no solo entre sus miembros sino especialmente entre los más necesitados de una sociedad. La organización ha conservado las formas y los contenidos de muy antiguas enseñanzas, utilizando como símbolos y como metáforas, las herramientas de construcción. Se le llama Masonería porque tanto en inglés como en francés, la palabra ‘mason’ y ‘maçon’, respectivamente, significa ‘albañil’ y por extensión, nos referimos al constructor. La idea implícita en el hecho de construir un edificio o levantar una construcción cualquiera, es que, de una manera similar, puede uno construirse a sí mismo y también puede hacer lo propio con la sociedad humana en la cual se halla inserto. Esta institución resulta ser tres veces centenaria porque fue fundada un 24 de junio de 1717 en Londres, capital del Reino Unido de Gran Bretaña. Sin embargo, existen documentos y otros elementos testimoniales que nos recuerdan que todas las grandes culturas en el mundo, desarrollaron una ingeniería y arquitecturas igualmente admirables con mayor antigüedad que esa fecha. Es el caso del Antiguo Egipto y también del Perú, con la gran cultura matriz de Caral, en el departamento de Lima. Entre los múltiples aspectos que singularizan a la Masonería, la difusión y el énfasis en ideales y en valores resultan ser los más resaltantes. Tal es el caso de su más célebre lema: Libertad, Igualdad, Fraternidad que se popularizara con la revolución francesa, en 1789, pero que también aparece en la revolución estadounidense en julio de 1776.

En el caso del Perú, las culturas se desarrollaron en forma paulatina e ininterrumpida, pese a la discontinuidad espacio - temporal de nuestra geografía. Los modelos por seguir fueron autóctonos hasta que en el siglo XVI la historia cambió por la invasión militar de conquista, acompañada por gérmenes y bacterias que eran desconocidos en nuestro medio. Tanto como el choque cultural y el conflicto de civilizaciones, ocurrió también una conflagración biológica que afectó a los pueblos originarios. Pero el mayor conflicto resultó ser ideológico, moral, ético y religioso, por el triunfo abrumador de los modelos europeos que colisionaron con las formas locales.

El pensamiento de los antiguos peruanos siempre estuvo signado por la libertad en un territorio igualmente vasto como diverso. La imposición de un modelo foráneo para regular sus hábitos de consumo y de pensamiento complejo produjo un conflicto, ante el cual, el arribo de otros modelos alternativos por los acontecimientos del mal llamado “Viejo Continente” (las invasiones napoleónicas y las abdicaciones de los monarcas, entre otros), tenían que culminar en un enfrentamiento final para la supervivencia de tales modelos. Entre los líderes de las élites europeas, inglesas, francesas, españolas, la influencia de aquellos valores de esa Masonería histórica tendría una gravitación decisiva. La vieja trilogía de Libertad, Igualdad, Fraternidad iría atrayendo y sumando nuevos adherentes y más firmes convicciones entre quienes conformaron Logias inspiradas en motivos Iniciáticos por razones políticas, como fueron las Logias Lautarinas. De esas canteras salieron Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José de San Martín y otros personajes, quienes contribuyeron a difundir esas ideas. Y en la casi totalidad de casos, tales individualidades eran masones.

Carecemos de la documentación para respaldar afirmaciones como las que sindican a Túpac Amaru, Juan Santos Atahualpa, y Francisco Antonio de Zela como masones. En cambio, para los casos de San Martín y de Bolívar, Mariano Necochea, José Faustino Sánchez Carrión, Hipólito Unanue, Francisco Javier Mariátegui, y otros personajes, se pueden contar con mayores testimonios documentarios e indicios que no dejan lugar a dudas: el pensamiento Masónico erigido sobre la base de la Libertad, Igualdad y la Fraternidad, se halla presente.

Doscientos años más tarde, tenemos que replantearnos algunas interrogantes mínimas con respecto a la Libertad, ¿somos libres de toda inequidad e injusticia cometida en perjuicio de nuestros compatriotas menos favorecidos? Y en cuanto a la Igualdad, ¿hemos conformado una sociedad más justa, cuanto menos equitativa, en la cual todos los hombres y mujeres reciben un trato y una atención acordes con su dignidad de seres humanos? Y en torno a la Fraternidad, ¿se ha demostrado una solidaridad equivalente a esta, de una manera coherente y constante en toda la extensión de nuestro territorio físico, con la presencia atenta y esmerada del Estado peruano para cumplir con sus deberes en aras del bien común? Si la respuesta fuera negativa, como en efecto podemos anticiparlo, entonces, necesitamos replantearnos los términos de nuestra relación interpersonal e institucional, asumiendo las responsabilidades y las tareas comunes que nos competen a partir de ese mismo instante en que se abre un nuevo centenario en el tiempo: el 28 de julio de este año, doscientos años más tarde de aquella primera declaración de independencia. No es tarde para ello, por el contrario.