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Hoy es el Día del Maestro

Educación en alternancia

Dos mil docentes trabajan en los Centros Rurales de Formación en Alternancia (CRFA), distribuidos en costa, sierra y selva. Su labor en estas instituciones de educación secundaria se enfrenta al covid-19 y a las carencias propias de las zonas rurales del país.


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


Aquí, a 4,500 metros sobre el nivel del mar, y a dos horas y media de la ciudad de Huamanga, se dictan clases semipresenciales. En este centro poblado ayacuchano del distrito de Vinchos no hay televisión. Ni radio. Ni teléfono. Y el frío es coletazo intenso que se debe esperar una hora o más para que el agua de las cañerías se descongele.

La directora del CRFA, Yhaaniss Pillpe, cuenta que en octubre optaron por la semipresencialidad en acuerdo con los padres de familia. Si bien los profesores recelaban “un poco” porque viven en Huamanga y al trasladarse podrían contagiarse del covid-19, para los padres de Cayramayo y las siete comunidades campesinas circundantes hay una urgencia mayor: carecen de conectividad, tampoco les ha tocado las tabletas y no quieren que sus hijos se atrasen más en los estudios.

“El 100% de los profesores o hablan el quechua o lo entienden y sus sesiones de aprendizajes son bilingües, ‘combinadito’, en quechua y castellano. Es un pedido de los papás que quieren que sus hijos les enseñen a hablar el español porque se dificultan al hablar cuando llegan a Huamanga o son muy cohibidos”, cuenta la directora Pillpe.

La mayoría de los adolescentes vienen de otros centros poblados y les toma hasta 120 minutos para llegar a su institución educativa. Inclusive uno de los alumnos viene desde la región Huancavelica a pie. Sumando ida y vuelta, son cuatro horas de caminata.

Por eso, quieren que ya se retome el sistema de educación por alternancia presencial, que caracteriza a los CRFA, ahora que ya cuentan con una nueva infraestructura para alojar a los alumnos.

Sus profesores están esperando que se inicie la vacunación para los que educan en las zonas rurales, tal como lo ha anunciado el Gobierno. Los maestros esperan que la UGEL ayacuchana les dé a conocer el cronograma respectivo a fin de sentirse más seguros y continuar con su labor.

Los padres no tienen los medios económicos para enviar a sus hijos a estudiar a Huamanga. Por esto, una vez que salen del colegio, la gran mayoría de los alumnos varones parten a buscarse la vida en Ica o Lima. Para las chicas es más duro, casi todas se quedan en la comunidad.

2De Iquitos al distrito de Mazan, provincia de Maynas, región Loreto, se necesita una hora en “rápido” y otras tres horas y media en pequepeque.

Marcos Shahuano, director del CRFA 60303 Yarina, cuenta que en Llachapa y las otras diez comunidades desde donde llegan sus alumnos, los habitantes se han enfrentado al covid-19 con el tratamiento de algunas pastillas y plantas medicinales mientras continúan sembrando plátano, yuca, maíz; pescando.

El año pasado, dos profesores de esta institución educativa amazónica se dedicaron a preparar las separatas de la estrategia ‘Aprendo en casa’. A veces, llegaban los alumnos de secundaria, sus padres o algún vecino de sus comunidades para recoger el material.

En marzo, la Dirección Regional de Salud (Diresa) Loreto dio luz verde y los profesores iniciaron las clases en la modalidad semipresencial, de 8:00 a 13:30 horas, tres veces por semana.

Por la pandemia, este año son 58 alumnos. Diez menos que en el 2019. Dejaron de asistir a clases para dedicarse al campo, a sobrevivir.

A los maestros les toma un día de viaje llegar a Llachapa, donde permanecen dos días dictando clases.

Hoy, los padres de familia están a la espera de que se vacunen a los maestros porque no les resulta viable la modalidad semipresencial: cubrir distancias (7 u 8 horas, entre ida y vuelta) es muy oneroso. Si bien ya se les ha repartido las tabletas y hay clases semipresenciales, quieren que sus hijos se internen en el CRFA para que estudien su secundaria como debe ser.

3“Hemos tenido suerte”, me dice Mauro Chequera. Ha venido a la ciudad a hacer unos trámites y su celular ha captado la señal. Porque en Marccahui, distrito de Llusco, provincia de Chumbivilcas, región Cusco, a 4,700 m.s.n.m., donde es director del CRFA Inka Yawar, los teléfonos no sirven.

“Y los grandes perjudicados son los estudiantes: no le dan mayor utilidad a las tabletas por falta de conectividad. En Marccahui no hay señal para los móviles, peor internet”, comenta Chequera.

Si uno sale desde la ciudad del Cusco, son siete horas hasta Santo Tomás; y de ahí, otros 90 minutos en servicio expreso a Marccahui, zona papera por excelencia.

También sus profesores se rotan y cada semana asisten de dos en dos a dar lecciones. Como el mes pasado subieron los índices de contagios en la vecina Arequipa, suspendieron esta modalidad de enseñanza. Retomarán las clases la próxima semana.

“Pero es difícil la educación remota, porque los chicos y las chicas deben subir a un cerro para recibir un mensaje, o llamada o un trabajo. Los profesores debemos de ir a la institución para imprimir las fichas y entregarlas en físico, personalmente”, comenta el director.

En la actualidad, la CRFA Inka Yawar atiende a 82 alumnos que provienen de diferentes comunidades de toda la provincia de Chumbivilcas (hasta 5 horas de caminata).

“Aquí, en la CRFA, se forma a los estudiantes tanto para la vida como para postular a las universidades. Hemos tenido buenos estudiantes que se han hecho acreedores a la Beca 18, son profesionales o se desempeñan en las áreas técnicas”, cuenta el educador en alternancia.

4A solo media hora de la ciudad Piura, en el distrito de Cura Mori, hablar de conectividad y educación remota es complicado.

Por ello, el número de alumnas que asisten a CRFA Las Capullanas bajó casi a la mitad entre el 2019 y este año. Y eso, a pesar de que la directora de este centro de educación en alternancia, Carmen Torres, ha recorrido comunidad por comunidad de este distrito de la provincia de Piura promocionando la escuela para las adolescentes.

Para el esperado retorno de sus estudiantes cuentan con aulas y dormitorios –facilitados por la municipalidad–, más el comedor, la cocina y la panadería para la formación en alternancia. Todos los ambientes esperan la orden del Ministerio de Educación para volver a operar, cuenta. Todo dependerá de si bajan los índices de contagios del covid-19, ya que Piura aún tiene índices altos.

La región norteña es otra realidad. Sí, pero los megas que les facilita el Minedu solo les sirven a las maestras para una o dos reuniones por la plataforma Meet. Entonces, la docena de docentes deben de acompañar a sus alumnas por medio del whatsapp o llamadas telefónicas.

Por esto, las profesoras también aguardan la vacunación. Porque educar de manera remota no permite alcanzar las metas en las competencias. Resulta una labor muy difícil: las familias de la zona, que se dedican a la agricultura y ganadería, y no cuentan con energía eléctrica, o la misma tableta que se les repartió debe utilizarse por horas entre tres o cuatro hermanos.

Si bien son muy pocas las egresadas que han llegado a la universidad (debido a la realidad económica de sus parientes), a la mayoría les sirve para sus vidas los planes de negocio que han elaborado en las aulas del CRFA.

Muchas de ellas trabajan por unos años en Lima, juntan su capital, y vuelven como negociantes a los pueblos de Cuna Mori. Otras instalan formalmente sus empresas. Y las que optan por ser madres de familia, llevan muy bien sus hogares. Es el reflejo de la formación que ofrecen las CRFA a sus alumnos en las zonas rurales del Perú. Ahí donde la palabra de maestro es vital para construir el futuro.