Editorial
Es el caso de los pueblos indígenas, y en especial, de las comunidades amazónicas, que históricamente han afrontado diversos retos y durante esta crisis sanitaria decidieron aislarse y cerrar los accesos a sus territorios como forma de protegerse de la amenaza del coronavirus.
Esta situación planteó un doble desafío para el Estado, que debió llegar con servicios de salud, implementar mecanismos de apoyo económico, entregar alimentos de primera necesidad y equipos de protección personal para las poblaciones de las zonas alejadas.
Se puso en marcha una estrategia de protección y atención en la que participan diversos ministerios, encabezados por Cultura y Salud, y programas sociales como Qali Warma. Gracias a ello, en los últimos meses se desarrollaron acciones de prevención y respuesta sanitaria para pacientes en riesgo, sospechosos y confirmados de covid-19.
Además, mediante las Plataformas Itinerantes de Acción Social (PIAS), se brindaron atenciones sanitarias a más de 20,057 ciudadanos indígenas en las regiones de Loreto, Ucayali y Puno. Asimismo, Qali Warma garantiza el abastecimiento de alimentos a las comunidades nativas.
Sin embargo, la rápida propagación del virus hizo que durante la primera ola de la pandemia hubiera comunidades indígenas donde la tasa de positividad por covid-19 llegó al 80%, principalmente en las regiones de Amazonas, Loreto y Ucayali.
Por ello, son destacables los avances en el proceso de vacunación contra el covid-19 a diversas comunidades indígenas en las regiones de San Martín, Madre de Dios y Amazonas. Progresivamente se incorporarán Huánuco, Pasco, Cusco, Ayacucho, Loreto y Ucayali.
Las brigadas se despliegan por vía terrestre a las comunidades indígenas, en otros casos por vía fluvial y, en los lugares más alejados, sobre todo aquellos que están en los distritos fronterizos, lo harán por medio de las PIAS. El objetivo, como lo ha anunciado el Ministerio de Salud, es inmunizar a 309,686 ciudadanos indígenas de 11 regiones.
Para ello, los equipos de vacunación llegarán a las comunidades; no será necesario que dichos compatriotas vayan a un establecimiento de salud.
En circunstancias como esta, es fundamental que la inmunización a las comunidades indígenas se considere prioritaria. Los altos niveles de desnutrición, el limitado acceso a la salud, a la vivienda adecuada para evitar el hacinamiento, así como la falta de agua potable y saneamiento básico, son condiciones que facilitan la transmisión del virus. Ante ello, las vacunas constituyen una esperanza para enfrentar con mayor éxito el riesgo de una tercera ola, particularmente en nuestras poblaciones vulnerables.