• LUNES 6
  • de julio de 2026

Opinión

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LEYENDAS

Montes y Manrique: las primeras superestrellas del Perú

Los cronistas de la época detallan con sorpresa los conciertos que la dupla realizó a su retorno de Estados Unidos.


Editor
Fidel Gutiérrez

Periodista

fgutierrez@editoraperu.com.pe


Eduardo Montes y César Augusto Manrique –el dúo Montes y Manrique– fueron los protagonistas en el Perú de este primer encuentro entre el canto popular y la tecnología. Esta masificaría el consumo de la música, personificando el aporte de sus intérpretes y estableciendo las bases del show business, tal y como lo conocemos ahora. Así, esta dupla de criollos pasó de la noche a la mañana de las fiestas en Barrios Altos y el Rímac a tocar en los estudios de grabación del sello Columbia, en Nueva York, y, a su retorno, a actuar en los principales teatros limeños. Nacían así nuestras primeras superestrellas de la música.

El repertorio que grabaron era el mismo que interpretaban en las fiestas. Este comprendía valses, marineras, tonderos y polcas, pero también tristes y yaravíes; géneros de raigambre andina hoy olvidados dentro del criollismo. El primero se cultivaba en el norte del país y el segundo en las zonas centro y sur, donde hasta la fecha tiene arraigo. Sin embargo, los músicos y cantantes criollos dejaron de interpretarlos en décadas posteriores. Esta omisión perdura y no sería temerario vincularla con el comportamiento sociológico de ciertos sectores costeños hacia lo andino.

Lo cierto es que, gracias a las grabaciones que hicieron y que empezaron a comercializarse en 1911, Montes y Manrique llevaron toda esta música a diversos rincones del país y al extranjero, generando una nueva forma de relación entre el artista y su audiencia. Inadvertidamente –como todos los pioneros–, configuraron en la cultura popular peruana un nuevo paradigma comunicacional en la que el feedback o respuesta de los receptores se traducía en ventas de discos y de entradas para sus presentaciones.

Los cronistas de la época detallan con sorpresa los conciertos que la dupla realizó a su retorno de Estados Unidos; primero en el teatro Apolo, del centro de Lima –que se vio rebasado en su capacidad–, y luego en el Mazzi, de la Plaza Italia, en esos Barrios Altos donde habían desarrollado su talento. Sus más de 90 discos de 78 r. p. m. tuvieron éxito y sonaban en las victrolas de las residencias de clase alta y de los restaurantes y quintas más populares. Sin embargo, en décadas posteriores, la aparición de nuevos intérpretes fue relegando al dúo al olvido. Recordarlos y escucharlos hoy (hay una estupenda antología en CD editada por la PUCP) implica rebelarse contra esa injusticia.

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