• LUNES 20
  • de abril de 2026

Central

FOTOGRAFIA
perfil

Rafael Roncagliolo: En el nombre de la concertación


Editor
José Antonio Vadillo Vila

Periodista

jvadillo@editoraperu.com.pe


“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”, ponderaba el sociólogo, periodista y político Rafael Roncagliolo Orbegoso (1944-2021). Tomando una frase de Antonio Gramsci, señalaba: “Soy pesimista de la realidad y optimista de la voluntad”.

Hay unanimidad en reconocerlo, desde diversas trincheras políticas, como un político de convicciones. Una voz informada en democracia, política y gobernabilidad. Propiciador de un espacio de encuentro para dialogar y crear consensos.

“Yo le decía cómo escribir, él me decía cómo pensar” resume su hijo, el escritor Santiago Roncagliolo, quien recuerda a su padre siempre hablando de política. Sus últimos años continuaba estos diálogos, concertando propuestas con militantes de izquierda, del PAP, con liberales. “Papá no hizo cosas heroicas. Fue coherente con sus ideas y capaz de entender las ideas de los demás y hacer política desde la honestidad”.

Roncagliolo padre tenía el don de saber escuchar. Hombre con bonhomía, hacía gala de su humor negro. Era un gran narrador de anécdotas de la política peruana. Era, a la vez, práctico y se enfocaba en los avances concretos. Un comprometido con la democracia y la acción ciudadana.

“Su compromiso con nuestro país era irreductible, irrenunciable y total. Era un hombre que pensaba, respiraba y sentía al Perú. Rafo nunca pretendió ser lo que no era”, resume el presidente de la República, Francisco Sagasti, quien compartió diversos momentos con Roncagliolo a lo largo de las décadas.

“Era un patriota, un diplomático y un político brillante, gran conocedor de la realidad peruana”, agrega Javier Iguiñiz, miembro del comité consultivo del Foro del Acuerdo Nacional (AN).

Una vida en la política

“[Rafael] era un creyente y una persona audaz para el diálogo, para la defensa de la democracia”, recuerda el cardenal Pedro Barreto. Ambos formaron parte de la misma promoción, en 1960, del colegio de La Inmaculada. “Fue un joven inquieto, dialogante y reflexivo, preocupado por lo que sucedía en el Perú. Fue el gran animador de propuestas innovadoras para toda la promoción”, señala.

Rafael Roncagliolo inició su actividad política a los 16 años, participando en el Partido Demócrata Cristiano en la década del sesenta. El presidente Sagasti, quien por esos años era dirigente estudiantil de la Universidad Nacional de Ingeniería, lo recuerda como dirigente estudiantil de la PUCP en discusiones y conversaciones políticas. Arengando a los demócratas cristianos en las manifestaciones.

Luego, Roncagliolo integró el Movimiento Socialista Comunitario, que inicialmente marcó distancia con el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, pero cambió de opinión cuando se nacionalizó el petróleo y se inició la reforma agraria.

Los setenta también fueron tiempos para el Roncagliolo periodista (conductor de un programa de TV y editor de opinión de un diario).

También fue la del exilio en México, cuando tomó el poder el general Morales Bermúdez.

A fines de esa década, sería uno de los fundadores del Partido Socialista Revolucionario (PSR), luego integraría la coalición de Izquierda Unida (IU), que llevaría a Alfonso Barrantes al sillón municipal de Lima. A inicios de los noventa, se alejaría de la militancia política.

Ciudadanía vigilante

En junio de 1994, diez peruanos se unieron en Lima para fundar la Asociación Civil Transparencia. Los movilizaba la urgencia de colaborar, desde la movilización ciudadana, con el proceso electoral que se avecinaba. La presidenta actual de esta organización, Adriana Urrutia, cuenta que Roncagliolo se inspiró en las experiencias paraguaya y mexicana para dar vida a Transparencia.

Destaca el papel del desaparecido político en concretar el rol de la sociedad civil en defensa de la democracia.

Un siguiente reto de Transparencia y Roncagliolo fue la participación en la observación electoral en las amainadas elecciones del 2000 y la transición democrática del año siguiente.

El integrante del comité consultivo del AN Juan de la Puente apunta que la de Roncagliolo fue “una vida útil, vibrante y comprometida”. Analizó durante varias décadas la vida política del Perú y América Latina. En el 2000, al frente de Transparencia, fue vital cuando se estableció una mesa de diálogo, patrocinada por la OEA, para la recuperación democrática del Perú. Para ello, se dio “una sinergia de partidos políticos y la sociedad civil”.

En el Acuerdo Nacional

Roncagliolo también fue en dos oportunidades secretario técnico del AN. En el 2002 y 2004. Generó las primeras 29 políticas de Estado, políticas a favor de la gobernabilidad y la infancia, entre otros.

En esos años, señala Javier Iguiñiz, el político hizo un trabajo permanente “por fortalecer una democracia con justicia social en el país; por institucionalizar un espacio de diálogo plural, permanente y horizontal, centrado en el bien común, a fin de permitir acercar a los gobernantes con distintos sectores de la ciudadanía”.

Tras dejar la secretaría técnica del AN, continuó como miembro de su comité consultivo. Su última participación fue en la sesión número 130 del AN, el 8 de marzo, cuando se suscribió el pacto contra la violencia y discriminación hacia las mujeres.

En Relaciones Exteriores

El canciller de la República, Allan Wagner, destaca del paso de Roncagliolo al frente de Relaciones Exteriores (2011-2013), su habilidad para manejar situaciones delicadas, como, por ejemplo, las que se dieron con Chile en pleno proceso del diferendo marítimo de ambos países ante la Corte de La Haya.

Destaca que Roncagliolo se preocupó en todo momento por comunicar los avances del proceso a la prensa para que la población recibiera y aceptara el fallo de La Haya, además de su participación durante la fase oral del proceso en la Corte Internacional, con lo que contribuyó al resultado exitoso que tuvo el Perú.

La política como servicio

El jefe de misión Perú de IDEA Internacional, Percy Medina, señala el “inmenso” aporte de Roncagliolo a la democracia y a la política civilizada y a la acción cívica. “Él entendió la política como un servicio, que tenía sentido si servía para cambiar la realidad”, refiere.

En sus años en Transparencia, el Acuerdo Nacional, IDEA y la Cancillería, Roncagliolo ejerció la concertación “no como un ejercicio artificial para encontrar un punto medio que no incomode a nadie, sino como un esfuerzo donde todos se sientan dueños”, dice Medina. Por ejemplo, desde el AN, a Roncagliolo le interesó la meta del 6% del PBI para la educación no como una norma, sino para sostener la viabilidad de ese tipo de acuerdos.

Adriana Urrutia señala que entre los principios de Roncagliolo en su práctica del pensamiento demócrata figura la del interés común, pues propuso ideas para llamar a la calma cuando Pedro Pablo Kuczynski dejó la presidencia de la República y frente al cierre del Congreso. Siempre apuntó al papel de los jóvenes y de la mujer, comenta.

Proclama Ciudadana

Como señala el secretario ejecutivo del AN Max Hernández, una de las últimas sugerencias de Roncagliolo, junto con diversas instituciones civiles, fue que los candidatos que participan en la actual segunda vuelta electoral suscribieran la Proclama Ciudadana. El cardenal Barreto tiene presente las palabras de Roncagliolo cuando intervino el 26 de abril: “No podemos callar, debemos proponer un camino en el que la ciudadanía tenga la oportunidad de expresar su mínimo consenso para el bien del Perú”.

Este documento, firmado por unos 20,000 ciudadanos, lo suscribieron el lunes 17 los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori. Fue el último aporte de un hombre dedicado al Perú.