Opinión
Doctor en Física, Investigador del Instituto Peruano de Energía Nuclear
Toda materia observada en la naturaleza está constituida por átomos y, dentro de ellas, están los electrones y el núcleo. Los primeros están en capas que pueden ir hasta una extensión de 10 -10 m, mientras que el núcleo está en el centro con un tamaño de 10 -15 m. En el núcleo, diez mil veces más pequeño, moran los protones y neutrones. Parece un lugar insignificante, sin embargo, cuando se perturba este pequeño mundo se producen las reacciones nucleares (diferente a las reacciones químicas que surgen por intercambio de los electrones de las capas más externas); las más poderosas ocurren cuando se perturban con otro neutrón y no cuando se introduce otro protón. El neutrón es especial, principalmente porque no tiene carga (es neutra). La reacción nuclear por neutrones más recordada es la fisión, su primer uso fue la producción de bombas atómicas, pero también esa reacción se usa con fines pacíficos en la generación de electricidad. Actualmente, el mayor uso de los neutrones se da cuando ingresan a núcleos de algunos otros elementos produciendo reacciones nucleares que liberan radiación (gama) o partículas (beta y alfa) muy útiles para la salud, sea para el diagnóstico (evaluación del estado de un órgano) o terapia (curación o eliminación del tumor). Siendo tan útiles los neutrones, se construyen máquinas que los producen, el más conocido es el reactores nuclear de investigación (RNI). El Perú dispone el RP-10 de 10 MW (diez millones de vatios) de potencia, la más alta de Sudamérica; este reactor produce los radioisótopos que cubren el mercado nacional. Pero, ¿qué es un radioisótopo y un radiofármaco?
Los radioisótopos (RI) son núcleos radiactivos que emiten radiaciones –electromagnética (gama) o partículas (beta (ß-): electrones, positrones (ß+) o alfa (a): núcleos de helio–. Cuando se aplican a la salud se les denomina radiofármacos porque su función es la misma de un fármaco (aliviar o curar), pero añadido de un emisor de radiaciones (radioisótopo). Los RI pueden ser naturales o artificiales; estos últimos se producen en los RNI o en aceleradores (ejemplo, ciclotrón). Los RI aplicados a la salud pueden ser sellados (cubiertos, no entran en contacto con las células) como las fuentes de cobalto que desde afuera bombardean al cuerpo indeseable, o abiertas (ingresan al contacto con las células) desde dentro del órgano irradian, estos pueden ser usados para el diagnóstico y terapia. En el diagnóstico, la radiación emitida desde el órgano donde se posicionó el radiofármaco es recibida por instrumentos que muestran imágenes (estáticas o dinámicas) de las condiciones en la que se encuentra el órgano. Eso se realiza en el mundo mayoritariamente con el Tc-99m. Para el caso de terapia, la radiación emitida por el RI deposita su energía en el entorno donde están las células malas (el tumor) y la destruye, en este caso se utilizan emisores de partículas beta (electrones de alta energía) o alfa (núcleos de helio), que son de alta energía y lo transfieren completamente en su corto recorrido al medio circundante, en este caso al tumor. Los más requeridos son el iodo (I-131) y el lutecio (Lu-177). Pero las radiaciones nucleares en su recorrido van a afectar también células buenas. Para maximizar el beneficio sobre el costo, se establecen niveles aceptables de dosis reconocidas por instituciones internacionales y nacionales. En caso fueran mayores, se tornan tóxicas.
En la actualidad, el interés mundial está en mantener la producción del Tc-99m para el diagnóstico que a escala mundial alcanza el 80% de su uso en medicina nuclear, 90% en SPECT (tomografía computarizada de emisión de un único fotón), 59% para detectar problemas cardíacos. Por tal razón, y de cara al futuro, se están construyendo reactores en el mundo (en Argentina el RA-10 de 30 MW entraría en operación el 2026, en Holanda el Pallas de 45 MW entraría en operación el 2025) y también se busca producir RI mixtos, que se usen para diagnóstico y terapia a la vez. Se les conoce como teranósticos (terapia-diagnostico). Sin embargo, hay que reconocer que, considerando que los RNI son bastante caros, se promueve el uso de aceleradores de partículas (caso del ciclotrón) para producir radioisótopos alternos como el flúor (F-18) o carbono (C-11) que complementan al Tc-99m. El Perú dispone de un reactor nuclear de investigaciones y producción de radioisótopos RP-10 y también dos ciclotrones, lo que falta es la accesibilidad a la medicina nuclear en las demás regiones del país, un reflejo más del centralismo.
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