Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Tiempos recios. Jesús Vásquez se acostumbró a los aplausos cuando el público no sufría de otitis y las radioemisoras parecían cuadriláteros de boxeo: los cantantes se paraban frente a los micrófonos en vivo y no se aceptaban gallos ni desafinaciones. Ergo, solo perduraban los mejores. (Radio Nacional posee un archivo en su web, donde pueda escucharla en 1958, cantando en radio La Crónica invitada por la argentina Libertad Lamarque).
La primera vez, María de Jesús era una muchachita de 16 años cuando se presentó en Radio Reloj (otros señalan que fue en Radio Grellaud). Bastó que cantara un triunvirato de valses, ‘¿Por qué me has abandonado?’, ‘Murió el Maestro’ y ‘El plebeyo’, para que la contrataran por un año. Era abril de 1937, el resto es historia: discos, aplausos, fotografías, diplomas y medallas.
Sería soberana desde joven (la ‘coronaron’ en el teatro Apolo del Rímac como Reina de la Canción Criolla), mas “nunca discriminó personas ni lugares”, recuerda Joe Florez, su yerno, quien tiene listo el libro Semblanza e imagen de la vida artística de Jesús Vásquez.
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Tenía una actitud pontifical al cantar. La Chola Jesús no se limitó a cierto circuito de locales ni ciudades. En sus años de madurez, y ya consagrada por la Organización de los Estados Americanos, y después de una gira por tres meses en Estados Unidos, digamos, y de temporadas en las peñas de renombre en Lima, tomaba sus petacas para llegar hasta los pueblos más remotos, desde Piura al Cusco, y si no había músicos con diplomado en criollismo (el guitarrista Alberto Urquizo que la acompañó por muchos años dice que el repertorio de la Vásquez era exigente para los hombres de las seis cuerdas: ‘Ventanita’, ‘La oración del labriego’, ‘El huerto de mi amada’…), no se hacía problemas y cantaba a capela. ¡Y cómo hacía vibrar al respetable!
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En su garganta, infaltable era Pinglo, con el perdón de los 75 compositores peruanos a quienes grabó ella a lo largo de su colosal vida discográfica.
Ensayo sobre una voz
El siglo XX fue tiempo creacional de los ídolos musicales. Y la garganta de Jesús Vásquez era resultado de un heterogéneo universo multicultural.
Mezclábanse en ella ciertos aires de los cantores de tango (una gran influencia de la música criolla de hace un siglo); fue producto de la migración andina: su padre, Pedro Asunción, chotano; y su madre, María Jesús, concepcionina, de Junín.
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Y fue pieza clave en ese menjunje el lugar donde nació y creció: el número 451 de la calle Pachacamilla (hoy jirón Chancay), un solar de un solo caño donde hoy se levanta el local de la Hermandad del Señor de los Milagros. En ese espacio, a tiro de piedra de la iglesia de las Nazarenas –donde hizo la primera comunión–, además de impregnarse de la devoción natural al Cristo de Pachacamilla, mostró un talento precoz por cantar y recitar y fue moldeada por el repertorio popular de la Lima de esos años.
Cuenta su historia que fue en ese solar del Cercado, donde ensayaba el trío Los Criollos, dirigido por el pianista Lucho de la Cuba, que le dieron la oportunidad. Ella cantó ‘La envenenada’, y los tres comprendieron al unísono que estaban frente a un talento singular: una voz que a pesar de no haber contado con formación musical ni profesores de canto, era única, dulce, de modulaciones exactas, que se puede ahormar a las necesidades de los compositores de música popular.
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Pinglista y más
Si fuera mayo de 1938, en el teatro Segura, yo hubiera sido uno de los que ovacionó y exigió a la jovencita de apellido Vásquez no solo cantar ocho canciones, sino también repetir tres veces ‘El plebeyo’ en aquel aniversario que organizó Pedro Espinel a los dos años de partida del Felipe de los pobres, Pinglo Alva.
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También sería de los asistentes a los cines limeños que hacía parar y rebobinar la película Gallo de mi galpón (1938), del director Sigifredo Salas, para volverla a escucharla cantar ‘El plebeyo’ (lo puede ver hoy en esa biblia de los videos llamada Youtube). Es que hay una relación simbiótica e hipnótica entre los versos de Pinglo y la voz de Jesús Vásquez, lo dice el pueblo, voz de Dios.
Singularidades las de sus trinos. Fue la más grande cantante que tuvo mi país, voz inigualable, jura el guitarrista Lucho González, con quien Jesús Vásquez grabó el álbum A mi Perú cariñosamente. “¡Cantó una cuarta más arriba!”, explica en términos musicales. “Tenía matices especiales y un armónico en su voz que llegaba sin escalas hasta el alma de los oyentes”, agrega el instrumentista Renzo Gil.
La casa del canto
Jesús Vásquez quería permanecer más tiempo con sus cuatro hijos, con sus nietos, ir a la playa, pasarla tejiendo (su pasatiempo favorito), pero ni bien volvía, a la semana, el teléfono volvía a timbrar, la llamaban para más presentaciones en locales, en radios, nuevas giras.
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Inclusive en tiempos del terror sembrado por Sendero Luminoso, las peñas limeñas acomodaron sus horarios para seguir trabajando y ella se abrigaba la garganta con un pañuelón de dama o una copita solo para calentar la voz y al ruedo. Y continuaba presentándose en provincias. Fue su ritmo de vida hasta el 2005 (su última gira internacional fue ese año a Guayaquil, Ecuador). Luego la enfermedad la postró.
En el distrito de San Miguel existe, desde hace una década, el parque Jesús Vásquez, con una estatua de cuerpo entero de la intérprete. A una cuadra y media queda la casa donde vivió. Ahí recibía, cada 20 de diciembre, la visita de amigos y admiradores que llegaban de todos los barrios cantores de Lima y el Callao. El barrio recuerda tiempos cuando le hacían hasta 10 serenatas. Era como la mamá grande a quien visitaban religiosamente cada año.
En esa casa vivió desde 1983 hasta el día de su muerte, en el 2010. Antes, entre 1948 y 1983, habitó en viviendas alquiladas en Magdalena.
Su familia reconoce al compositor Augusto Polo Campos como uno de los que siempre estuvo atento a ella. Fue él quien le cedió el contrato de publicidad televisivo de una empresa china, la cual introducía parches para el dolor. Fue el propio Polo quien buscó el terreno en San Miguel. Los chinos cumplieron y Jesús Vásquez se hizo del título de propiedad. Solo el autor de ‘Contigo Perú’ “y dos personas más” la visitaban en sus años postreros. Ninguno de los demás compositores a los que Jesús Vásquez les dio fama en sus interpretaciones colosales tuvo ese gesto.
Celebraciones:
Sábado 19:
Se emitirá, por redes sociales (R.S.), video elaborado por Joe Flores con apoyo del Ministerio de Cultura.
20:30 horas: Ricardo Scaglia Avilés presenta homenaje ‘Cuarentena criolla’, vía Facebook.
Domingo 20:
10:00 horas: ceremonia en el parque Jesús Vásquez. Se transmitirá por R.S. del distrito de San Miguel.
14:00 horas: homenaje en el programa Pentagrama criollo, de Renzo Gil. R.S.
14:00 horas: homenaje-concierto del grupo Sabor del 900. (Telf. 9206-62807).
19:00 horas: homenaje en el programa Un moruno en la radio (103.3 FM, Unión).
19:00 horas: misa online, desde la parroquia María Madre de Dios del distrito de San Miguel.
21 Y 22 de diciembre:
21:00 horas: homenaje en Encuentros en la radio, con Celeste Acosta (103.9 FM, Radio Nacional del Perú).