Central
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Y las computadoras les lanzarán una de sus habituales perogrulladas disfrazadas de tecno-filosofía.
José B. Adolph, Mañana, las ratas.
A.
“Yo me divierto donde otros trabajan”. José B. Adolph (Sttutgart, 1933-Lima, 2008) se reía de la seriedad de los escribas. Cito: “El Perú es un país fértil de escritores, quizá en compensación por su esterilidad en otros campos”.
A contracorriente del llamado sufrimiento creativo, definía la actividad solitaria frente a la hoja en blanco como placentera y sensual.
“Se habla del papel del escritor en la sociedad cuando ya todos sabemos que es un papel higiénico”, ironizaba. “La literatura sólo puede enseñar algo en la medida en que no se lo proponga”, explicaba al recordado ALAT (el crítico Alfonso La Torre), en una larga entrevista (revista Sí, 1983).
Ateo, agnóstico y espiritual, el motor inquebrantable de la creatividad de José B. Adolph (JBA) derivaba de una simple pregunta, “¿Qué pasara si?...”. La crítica literaria Teresa López-Pellisa lo define como fundador del “culto sincrético”. Sintetizando las ideas de JBA dice: “Paganos y no paganos, incluida la sociedad de consumo, necesitan de ídolos religiosos, cinematográficos o políticos”.
***
De pluma prolija y heterodoxa, Adolph fue el último de los escritores peruanos y se hizo hijo del inca por determinación. Nació germano, mas en 1974, a sus 41 años y en plena lucidez, se nacionalizó peruano, tercermundista –por entonces se decía así, disculpen el recordaris–, para evitarse esos trámites burocráticos, explicaba. A este país del hemisferio sur llegó con su familia a los 5 años, cuando Europa vivía su peor crisis.
***
Donde Adolph fue un extranjero total en la forma de mirar la literatura. No se sentía parte de ninguna generación literaria. “Generacionalmente, no tengo la menor idea de dónde situarme. Los críticos, cuando me honran ocupándose de mí, para bien o para mal, señalan la dificultad que tienen para ubicarme y clasificarme. Tengo algo de Llanero Solitario y hasta de Hombre Araña en la literatura peruana” (La Crónica, 1984).
Era de extramares artísticos. Mientras algunos seguían pautas y no reconocían influencias (salvo anglosajonas), Adolph se definía como estilísticamente “influenciable”: había leído a todos y todos tenían algún tributo qué copiar, desde Proust y Dostoyekski hasta Corín Tellado y Vargas Llosa.
***
Su pluma ubérrima, de distintos registros, desconoció los limitantes de géneros (trabajaba en el honroso oficio del periodismo y dejó extensa obra en novela, cuento y teatro). Decía que escribía novelas “de ideas”, empero se le estigmatizó con la literatura de la ciencia-ficción. Subrayaba que cultivó “la buena”, “no la de cohetecillos”.
Defendía lo fantástico como “esa porción de la realidad que comenzamos a comprender”. Cuando escribió sobre el volumen de cuentos Mañana fuimos felices, Eduardo González Viaña (La Prensa, 1975) definió a JBA como escritor de “política-ficción”.
Adolph, enjuto, se extendió: “La política es como el sexo. Lo que algunos llaman perversión para otros son derechos. La política-ficción es apenas otra manera de exorcizar algunas respuestas eventualmente horrendas a las preguntas más dulces. Las revoluciones del Tercer Mundo son particularmente ricas en la producción de extrañas flores escamosas” (Ojo, 1976).
***
JBA miraba con desconfianza a la llamada “literatura comprometida”, sea socialista –muy en boga en los años sesenta y setenta–, fascista o de bestsellers. Volvía a ese compromiso invisible que debe de primar en el acto de escribir. “La verdad es que toda buena literatura está comprometida en la medida en que no se lo propone”.
Otro rasgo de sus obras es la presencia del humor y la ironía, como ya se habrá dado cuenta el amable lector. Iba a contracorriente con los narradores de su época: el humor podía quitarle seriedad a los cuestionamientos. Igual que la ciencia-ficción, claro está.
Dijo: “Yo opto por asumir mi tendencia a la vez camusiana y sartriana a enfrentarme con el absurdo y celebrar la inmensa broma que es este universo. Asumo mi tendencia al hedonismo, porque creo firmemente que no se puede realmente amar a los demás si no se comienza por amarse a sí mismo.”
![]()
B.
Mañana, las ratas fue escrita en cinco meses en 1977, pero salió a la luz 7 años más tarde, tras ganar en 1983 el primer premio de los Concursos Culturales de la Municipalidad de Lima en novela. Este 2020, la novela ha vuelto a los estantes, reeditada por Planeta.
En un país poco acostumbrado a los triunfos literarios, el 1983 fue revelador. Y para cierto sector de la sociedad peruana, solo era equiparable a sacarse el gordo de la lotería de Lima y Callao. El Observador titulaba una nota: “Adolph: Dos millones 600 mil en premios literarios”. Al 1 millón 800 mil soles de la época por el premio pecuniario de la MML, se sumaron 800 mil soles por el primer lugar del II concurso del Cuento de las 1,000 Palabras, por “Castigo”.
“En el Perú es más fácil ganar premios que publicar, es una anomalía muy peruana. Por otro lado, si hubiese publicado en una editorial peruana, no habría ganado ni la mitad de lo que he recibido en estos premios” (Correo, 1983).
***
Adolph miraba en lontananza el futuro. Su novela es una distopía oscura, desesperanzadora de Lima en el 2034. Solo un pequeño porcentaje de sus 20 millones de habitantes, que viven protegidos por guardias privados en los balnearios del sur, videófonos, scanners, visodiarios, carros eléctricos de cúpulas transparentes, helicópteros. El resto, son las “ratas”, las mayorías. Y también en ese futuro hipotético adolphiano, como en estos tiempos pandémicos, estaba prohibida la libre circulación, pero por razones económicas y de clase.
El literato Giancarlo Stagnaro ha visto en Mañana, las ratas “una extrapolación de la visión que sobre Lima traza el ensayo de Salazar Bondy [Lima la horrible]”.
En este mundo apocalíptico y ultramoderno, protagonizado por ‘Tony Tréveris’, funcionario regional del Directorio Supremo, ya no existen los estados naciones, sino una “democracia trasnacional”, con empresas y filiales, en alianza con los cat-ox. En la costa oeste de Sudamérica gobierna Epesa una filial regional de Stimudrinks, un directorio supremo, 100 mil personas que viven en un satélite desde donde administran todo a través de computadoras. Hasta que el Cardenal Negro y los suyos, deciden empezar a cambiar este nuevo orden que parecía imperecedero. Bienvenidos al futuro alterno.
Datos:
Adolph escribió las novelas La ronda de los generales (1973); Mañana, las ratas (1984); Dora (1989); la trilogía novelística De mujeres y heridas; La verdad sobre Dios y JBA (2001); Un ejército de locos (2003) y La bandera en alto (2009).
Libroa de cuentos: El retorno de Aladino (1968); Hasta que la muerte (1971); Nosotros, No (1971); Invisible para las fieras (1972); Cuentos del relojero abominable (1973); Mañana fuimos felices (1974); La batalla del café (1984); Un dulce horror (1989); Diario del sótano (1996); Los fines del mundo (2002) y Es sólo un viejo tren (2007).