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  • de abril de 2026

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Damas de la Marina: Carrera militar en tiempos del covid-19

José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

1.

Hay un pendón que muestra con orgullo la capitán de corbeta Nora Benavides: por 22 años lleva el primer puesto de todas las mujeres oficiales egresadas de la Escuela Naval del Perú. Y “reinventarse” es una palabra vital en su vocabulario.

“Siempre quiero salir primera. Todo lo que uno haga en la vida tiene que hacerlo con motivación. Yo creo que uno debe capacitarse y ser bueno en lo que hace; si no, te vas a tu casa”, dice la militar, entre el murmullo del río Ucayali y el motor de las embarcaciones pucallpinas.

Ser la primera y destacar ha sido una constante para ella. Dejó a la mitad los estudios de Economía en la Universidad de Lima cuando se enteró de que en 1998 se abrían las inscripciones para mujeres en lo que sería la primera promoción mixta de oficiales de la Marina de Guerra del Perú (MGP). De las 150 postulantes, superaron los exámenes solo 18.

Su hoja de servicios es amplísima. Además de bachiller en Ciencias Navales, estudió Ingeniería Mecánica Eléctrica. Citemos sus 11 meses navegando en el BAP Río Nepeña en los tiempos del contrabando de combustible que venía desde el Ecuador. O que fue la primera mujer que asumió el cargo de segundo comandante de la Capitanía de Puerto de Salaverry. En el 2014, le tocó inaugurar el Puesto de Comando y Control de Operaciones Guardacostas de Ilo.

Estudió una Maestría en Asuntos Marítimos en Suecia, gracias a una beca de la fundación japonesa Sasakawa, y meses después estaba subiendo a helicópteros en el Vraem, cuando la asignaron al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Después le tocó izar la bandera y dar charlas en los colegios del Callao y Trujillo, y siempre recordó a los escolares que todo lo logró gracias al esfuerzo individual, ya que en la MGP las calificaciones para hombres y mujeres oficiales son iguales.

Benavides también participó en Londres de la campaña peruana para que el Perú sea parte del consejo de la Organización Marítima Internacional (OMI).

Si ya desde el 2018 era la primera comandante de unidad BAP Río Quilca, combatiendo contra las embarcaciones ilegales, rescatando náufragos, incautando combustible y contra la pesca ilegal, desde el 8 de enero la capitán de corbeta es la primera mujer que asume la Capitanía del Puerto de Pucallpa (Ucayali.).

A diario, en tiempos de pandemia, tienen que velar y luchar contra la tala ilegal, el narcotráfico –hace poco incautaron tonelada y media de insumos para elaborar PBC– y la minería informal que destruye con mercurio el medioambiente.

“No me he casado, no tengo hijos; si los tuviera, no habría hecho incautaciones, por el miedo a que le hicieran daño a mi familia”, dice sin pelos en la lengua.

Debe elaborar la estrategia para el trabajo de 88 miembros del personal que dirige –incluidas 13 mujeres–, y deben navegar en el Contamana, Orellana, Atalaya, Puerto Inca (Huánuco), ríos de la jurisdicción. Al control de los diversos ríos se suma, durante la emergencia sanitaria, el patrullaje urbano. En el tiempo libre que le queda, estudia una maestría online en una universidad española y practica el inglés.

“Uno tiene que reinventarse. Si tenemos tantas facilidades para estudiar vía online, no pierdas la oportunidad desde tu casa. Yo trato de motivar a mi personal a hacer cosas, además de cuidarnos de esta enfermedad [el coronavirus]”, dice la oficial.

2.

Son las 14:00 horas y la oficial de mar segundo y guardacostas Franchesca Turpo Coapaza se toma una pausa en la Capitanía de Puerto de Puno, a 3,810 metros sobre el nivel del mar. Las palabras que constantemente usa la militar de 25 años y madre de familia son seguridad y vigilancia, patrullaje, intervenciones.

En los diversos patrullajes de la Marina de Guerra en el lago Titicaca –a bordo de las cuatro naves–, siempre va un guardacosta y el personal de marinería. Hay tres mujeres, en Puno, que son oficiales de mar: una de ellas es la OM Turpo.

“Todo es democrático, hombres y mujeres cumplimos las mismas funciones”, cuenta.

Cuando tenía 8 años, ya tenía definida su vocación por la vida militar. Nació en Puno y toda su vida vivió a dos cuadras del complejo naval de la Marina, donde su padre y sus tíos servían. Además, ella siempre fue buena deportista y asistía al club de la Marina y le gustaba ver películas relacionadas con la vocación naval, que su padre le había inculcado. Por todas esas vinculaciones, quería pertenecer a la MGP.

Ya lleva un quinquenio laborando desde que se graduó en la escuela de Guardacostas. Desde la capitanía y los puestos de control se vigilan las actividades de los 4,996 kilómetros cuadrados del lado peruano, del lago navegable más alto del mundo. Por la pandemia, no está permitido el turismo y solo se brinda autorización a las embarcaciones que llevan víveres a las islas habitadas en el Titicaca.

Son tiempos de la emergencia sanitaria, y desde el inicio de la cuarentena, la OM Franchesca Turpo suma a sus labores de patrullaje en el ámbito lacustre las acciones cívicas brindando información a los ciudadanos en la prevención del coronavirus.

No habla el quechua, pero entiende el idioma de los incas, y eso la ha ayudado en el trabajo, sobre todo cuando hacen patrullaje en frontera un puesto en control en la isla de Anapia, en la frontera con Bolivia, donde hay personal que sí habla el runasimi.

En los primeros dos meses de la cuarentena no pudo ver a su hija, por el trabajo que desarrollaba, y fue muy feliz cuando rotaron y le tocó salir de la base. “La parte militar y el ser madre tienen que ir por un solo camino”, explica.

Cuando durante dos años le tocó trabajar en mesa de partes, las chicas de 16, 17 años interesadas en la vida militar escuchaban con interés sus consejos. “Ante todo, debes querer servir a tu patria, y en la Marina vas a poder abarcar muchos temas”, les dice.

El próximo año le toca servir en Lima. Dejará el muelle y la plaza Grau de Puno. Cambiará los patrullajes por el lago sagrado por el Mar de Grau.