• DOMINGO 24
  • de mayo de 2026

Editorial

FOTOGRAFIA

Proteger la verdad

“La desinformación es una amenaza global, pero su impacto local depende de nuestra capacidad de enfrentarla unidos.”

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha advertido un crecimiento acelerado de contenidos políticos en redes sociales y plataformas virtuales, lo que convierte a estos espacios en terreno fértil para la difusión de noticias falsas, narrativas malintencionadas y campañas de manipulación que buscan influir en la voluntad ciudadana. De ahí que la institución haya intensificado la verificación y el monitoreo digital, una tarea que resulta tan compleja como urgente.

La desinformación electoral no solo ataca a candidaturas u organizaciones políticas. También intenta socavar los pilares mismos de la democracia, sembrando discursos que, sin evidencia alguna, ponen en duda la neutralidad del sistema, hablan de capturas partidarias o instalan el fantasma del fraude. Nada resulta más peligroso que un electorado convencido de que su voto no vale o de que el resultado ya está decidido antes de acudir a las urnas.

Por ello, el trabajo del Comité de Fact Checking del JNE se ha vuelto una pieza clave para la transparencia. Clasificar los contenidos que circulan –sean falsos, engañosos o imprecisos– permite corregir información dañina y alertar a la ciudadanía con datos verificables. Estos esfuerzos se refuerzan con la cooperación de plataformas globales como Meta, Google, X y TikTok, indispensables para frenar el alcance masivo de campañas coordinadas con bots, perfiles falsos o suplantaciones de identidad que ya se han detectado en procesos previos.

Pero la lucha contra la desinformación no puede ser solo institucional. Una democracia se fortalece cuando sus ciudadanos están informados y cuentan con criterios para evaluar la información que reciben. En ese sentido, iniciativas como “Aliados contra la desinformación” apuntan en la dirección correcta: formar a jóvenes, adultos mayores, periodistas y líderes comunitarios en alfabetización digital, enseñándoles a identificar fuentes confiables, desconfiar de cadenas anónimas y verificar antes de compartir.

La transparencia electoral no se limita a contar votos. También implica garantizar que la ciudadanía llegue a las urnas con claridad y confianza. Frente a campañas que buscan manipular la percepción pública, el país necesita instituciones sólidas, medios responsables y una ciudadanía vigilante.

El Perú se prepara para elegir a su próximo gobierno en un escenario complejo, pero también con herramientas poderosas para defender la verdad. La desinformación es una amenaza global, pero su impacto local depende de nuestra capacidad de enfrentarla unidos. Proteger la integridad del proceso electoral es, en última instancia, proteger la voluntad popular y el futuro de nuestra democracia.