Opinión
VP de Comunicación Corporativa, CGA para Essity
En el Perú, esta brecha entre la menstruación y el ejercicio pleno de los derechos se expresa de manera clara. El 42% de las mujeres considera que los temas asociados a la menstruación son de interés público y deberían abordarse con mayor frecuencia y naturalidad, mientras que un 12% declara sentirse insegura durante este proceso, ya sea por el temor a manchas en público o por la dificultad de conversar abiertamente sobre el tema. Estos resultados del Estudio de la mujer peruana que realizamos evidencian que, pese a ciertos avances, la conversación sigue siendo limitada.
Sin embargo, también hay señales alentadoras: cada vez más mujeres reconocen que hablar de menstruación es parte del bienestar integral y no un asunto que deba estar en el ámbito privado. Cuando existe información adecuada, educación y entornos que acompañan, las experiencias cambian: disminuye la inseguridad, se cuestionan creencias normalizadas durante años –como la idea de que el dolor es inevitable– y se fortalece la autonomía sobre el propio cuerpo.
Los datos muestran, además, que hay una creciente apertura cultural. Muchas mujeres hoy viven la menstruación como un proceso natural, y aunque la vergüenza y la inseguridad persisten, se concentran en un grupo menor. Cinco de cada diez peruanas creen que este tema debería conversarse con mayor naturalidad, y ocho de cada diez consideran clave el autocuidado íntimo.
El acceso a la salud, la higiene y la información son derechos fundamentales que requieren el compromiso de múltiples actores. No solo los Estados tienen un rol importante, sino también las empresas tienen una responsabilidad en cómo sus decisiones, procesos y mensajes impactan en la autonomía y la seguridad de las personas. Avanzar en salud menstrual no es únicamente un asunto de bienestar individual, sino también un desafío colectivo que exige información accesible, productos adecuados y entornos de acompañamiento. Visibilizar la menstruación no es únicamente hablar de un proceso biológico; es reconocer que la dignidad también se ejerce en lo cotidiano. Abrir este diálogo permite que más mujeres vivan este proceso con mayor seguridad, autonomía y libertad.