• DOMINGO 24
  • de mayo de 2026

Deportes

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La grandeza moldeada en silencio

A ritmo de gloria

El campeón bolivariano Walter Nina Ñaupa busca hacer historia en el atletismo. El deportista de Puno se convierte en un referente del fondismo en el Perú.


Editor
Marcelo Miguel Eslava Gamarra

Periodista

p_meslava@editoraperu.com.pe


Su victoria no fue una llegada a la meta, sino una consagración: el momento exacto en el que un corredor nacido en las alturas demostraba que la grandeza también se moldea en silencio, paso a paso.

Walter llevó la carrera como quien guía una danza precisa, heredero de Puno, donde el movimiento y el ritmo tienen raíces ancestrales. Vestido con el rojinegro y con el 006 marcando pecho y espalda, avanzó como un río que desciende seguro por su cauce, firme e imparable, saludando a las tribunas donde su entrenador Raúl Pacheco lo observaba con el orgullo de quien ha visto nacer un campeón.

La estrategia fue simple y valiente: liderar sin miedo, escuchar su cuerpo, cambiar ritmos y confiar. “Uno planifica dentro de la carrera, pueden pasar muchas cosas… aplicamos una estrategia de cambiar ritmos y probar, y gracias a Dios me salió muy bien”, contó.

Walter nació en Puno, la capital del folclor peruano, una tierra donde el aire es delgado y la cultura es profunda. A 3,827 m s. n. m, la vida se aprende con esfuerzo, y cada respiración puede ser una pequeña batalla que fortalece el espíritu. Ese escenario, rodeado de lagos fríos, campos extensos y danzas milenarias, fue el primer entrenamiento de su cuerpo y su carácter. Allí, antes de soñar con medallas, aprendió a pedalear, trabajar y resistir. Entre los 7 y los 12 años, mientras muchos niños jugaban, Walter recorría el campo en bicicleta recogiendo leche. “Llevaba cuatro bidones de 20 litros, en total 80 litros”, recuerda. Cada viaje era como cruzar un pequeño desierto helado, cargando el peso no solo de los bidones, sino también de la responsabilidad temprana. Luego trabajaría en una panadería de Juliaca, adonde viajaba solo durante las vacaciones del colegio. Su infancia fue una metáfora de su carrera: una lucha constante contra la distancia, el cansancio y el frío.

Su vínculo con el deporte nació en la escuela, saltando largo, corriendo pruebas diversas, jugando fútbol y futsal. Pero la decisión de convertirse en atleta profesional llegó recién a los 18 años, cuando terminó el colegio. En paralelo estudió la carrera de Administración de servicios en hostelería y restaurantes, demostrando que su disciplina no se quedaba en la pista, sino que era un estilo de vida. Superación total

Antes de convertirse en campeón bolivariano, Walter tuvo que enfrentar su propia sombra: una lesión lumbar, conocida como falsa ciática. “Fue lo más complicado que viví… la lesión me duró como dos o tres años”, recuerda. Mientras sus compañeros competían, él asistía a terapias, luchando con un dolor que parecía no tener fin. La pista se convertía en un espejismo: cercana, pero inalcanzable.

Cada día de recuperación fue como empujar una piedra cuesta arriba, sin saber si algún día llegaría a la cima, pero él resistió. Esperó. Confió. Y cuando finalmente el dolor cedió, volvió a correr con una mirada más fuerte, como quien regresa del abismo con un fuego nuevo. “Gracias a Dios estoy bien ahora y se están dando los resultados”, afirma.

Ese renacer coincidió con su llegada al equipo de Raúl Pacheco, uno de los mejores entrenadores de fondo del país. Juntos comenzaron a construir un mapa de competencias, marcas y objetivos. “Agradezco mucho al profesor Raúl… trabajamos fuerte”, asegura. Walter no solo recuperó su nivel, sino que también encontró un camino más claro hacia el alto rendimiento.

Pasos firmes

Sus triunfos no aparecieron de un día para otro. Se construyeron con la misma paciencia con la que se prepara un corredor de fondo: paso a paso, sin saltarse etapas. Primero llegó la medalla de plata en el Sudamericano U23 de Lima, en los 5,000 metros, un resultado que empezaba a mostrar hacia dónde apuntaba su talento. Luego obtuvo otra plata en el Sudamericano de Cross Country en Chile, donde confirmó que su resistencia tenía un sello propio.

El golpe de autoridad vino en los Juegos Bolivarianos Ayacucho 2024, cuando se quedó con el oro en el Cross Country de 10 km. Esa victoria lo puso en el mapa grande del fondo sudamericano y marcó el inicio de una etapa en la que cada competencia lo hacía más fuerte. No había prisa, solo determinación.

El camino lo llevó hasta los Bolivarianos Ayacucho-Lima 2025, donde firmó uno de los mejores momentos de su carrera al coronarse campeón bolivariano en los 10,000 metros planos. Ya no se trataba solo de un palmarés con medallas: era el retrato de un atleta que aprendió a resistir.