Opinión
Presidente ejecutivo (e) del Osiptel
Un logro que no solo democratiza el acceso, sino que también marca un hito en la historia regulatoria de la región.
Pero el éxito trae consigo un desafío inesperado: la ciudadanía ya no ve a Osiptel solo como un regulador técnico, sino también como un “superhéroe” capaz de resolver problemas que van mucho más allá de su mandato.
Hoy se le exige intervenir en la lucha contra la criminalidad, localizar delincuentes, participar en operativos de prevención de delitos, controlar el comercio ambulatorio e incluso actuar en penales. Expectativas que desdibujan la frontera entre regulación y control social.
En este contexto, el Registro Nacional de Terminales Móviles para la Seguridad (Renteseg) se ha convertido en una herramienta estratégica.
Administrado por Osiptel, este módulo permite obtener información de vital importancia para investigar actividades ilícitas.
Gracias a recientes reformas legales se ha fortalecido la verificación de identidad en la contratación de líneas móviles y la participación activa de la ciudadanía mediante aplicaciones colaborativas (Checa tus líneas, Checa si tu cel no está registrado, etcétera) que permiten depurar diariamente el Registro Nacional de Terminales Móviles.
Hoy, los operadores están obligados a ejercer mayor control en puntos de venta, cerrando brechas que antes eran aprovechadas por redes criminales, reduciéndose en un 27% las altas por la fiscalización del proceso.
Se han bloqueado más de dos millones de celulares vinculados con actividades ilícitas y dado de baja más de millón y medio de líneas por carecer de una identidad verificada mediante trabajo regulatorio.
El reto es enorme: mientras el 5G (adjudicado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones) promete una revolución tecnológica, la sociedad demanda que Osiptel sea garante no solo de calidad y tarifas, sino también de seguridad.
¿Hasta dónde debe llegar el regulador? ¿Cómo equilibrar su rol técnico con la presión social?
Lo cierto es que Osiptel ha demostrado adaptabilidad y liderazgo, pero la expectativa sigue creciendo.
En la era digital, el regulador ya no es solo un árbitro: es el guardián invisible que sostiene la confianza en la conectividad y, cada vez más, en la seguridad.