Opinión
Periodista
fgutierrez@editoraperu.com.pe
En esta columna se ha detallado el papel de Estanislao Ruiz Floriano, fundador de Rock y Rock del Sur, publicaciones pioneras de este rubro, aparecidas en los años 70. Varios de sus colaboradores continuaron realizando una labor en la cual difusión y crítica cruzaban sus caminos. Su influencia se prolongó en la siguiente década, con revistas de alto nivel y perfil, como Ave Roq, Esquina y las efímeras Imagen Pública y Pose. En paralelo, fanzines (publicaciones caseras y artesanales) aparecidos a partir del auge del punk y el pospunk (llamados aquí ‘rock subterráneo’) aportaban pasión y sangre nueva, así como posiciones renovadoras e irreverentes. Esa impronta se amplificó en los años 90 y en los albores del siglo XXI en publicaciones independientes (en el sentido más amplio que esa palabra pueda tener) que físicamente semejaban ser revistas formales, pero cuyo contenido apasionado y militante resultaba ‘fanzinero’ y revelaba los ímpetus que guiaban a sus autores: casi todos ellos melómanos irredentos, con muchas ganas de hacer con sus escritos lo que sus músicos favoritos hacían con sus creaciones: sentar posición.
Caleta y Freak Out fueron dos de esas publicaciones. Ambas, coincidentemente, acaban de ser revitalizadas gracias al formato digital, vía la publicación de sendos repositorios en los que puede accederse a todas sus ediciones, tal cual fueron publicadas en su momento. La primera (accesible hoy vía https://revistacaleta.com/) vio la luz en julio de 1995. En lo que entonces podría haber supuesto un suicidio comercial, dedicó su primera portada a una banda entonces emergente llamada Mar de Copas, sentando una postura de apoyo al rock nacional independiente que se prolongaría en los 28 números que salieron hasta agosto del 2002. A su vez, Freak Out! (disponible en http://www.freakoutperu.com/) apareció en marzo del 2004, con varios miembros de la redacción de Caleta en su staff. Su ecléctico contenido incluía secciones dedicadas al cine y el anime, además de dosieres exhaustivos sobre diversos artistas. La escena nacional también merecía especial cobertura, incluyendo a exponentes de corrientes vanguardistas, asociadas mayormente en ese entonces a la electrónica.
Con sus excesos y aciertos, ambas publicaciones revelan en sus páginas un amor apasionado por la música que, hoy, pese al caudal de información que discurre vía redes sociales, no se expone con frecuencia.