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JUEVES 5

de diciembre de 2019

PUNTO DE VISTA

Las regiones en el desarrollo histórico del país

La organización del espacio peruano no es algo nuevo. Es un proceso que se ha dado a lo largo de la historia.

11/11/2019


Julissa Gutiérrez Rivas

Docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura

Veamos dos ejemplos: en el período inca, los gobernantes, con la finalidad de fidelizar los territorios conquistados con el poder central, empleaban a mitimaes, colonizadores encargados de transmitir los valores incaicos. De esta manera, junto a los valores propios de cada pueblo y a las innatas condiciones ambientales, surgieron identificaciones territoriales, que en muchos casos perduran hasta nuestros días, según el geógrafo Córdova (1994). 

En el virreinato, la metrópoli, con su política mercantilista, centró su atención en el sur minero. Por ello, algunos territorios tuvieron que subsistir por sí mismos. Piura, aprovechando su ubicación geográfica, concentró su desarrollo económico en la agricultura y la ganadería. Además, su conexión con otros territorios le permitió establecer fuertes relaciones con las regiones del sur de Ecuador.

Creemos que para que las regiones contribuyan al desarrollo nacional, es importante considerar dos aspectos prioritarios: primero, el papel protagónico que debe tener el Estado. Si bien es cierto que a lo largo de la historia hemos visto cómo varios gobiernos promovieron la descentralización, esta no fue fruto de un análisis concienzudo en el que además de primar los criterios políticos, se consideraran otros aspectos, como el espacio geográfico y sus recursos, así como elementos históricos, sociales, económicos y culturales de cada región.

En 1988, al constituirse el Perú en 12 regiones, se creó la región Grau, que finalmente fracasó. Si bien Piura y Tumbes debían ir juntas, ya que siempre han tenido vinculaciones y procesos históricos similares, esto no se aprovechó adecuadamente. La atención se centró en Piura en lugar de tomar en cuenta el desarrollo de toda la región. Para Córdova, la regionalización fue “una repetición del fenómeno centralista observado para Lima, pero a nivel de sedes regionales”.

Un segundo aspecto por considerar es que las regiones no pueden ser entes independientes a la capital. Por muy autosuficientes que sean, deben ser pensadas dentro del contexto nacional: “No es posible desarticular la realidad regional de la realidad del país como un todo”, ha dicho Aldana. Por muy alejada que esté una región, geográficamente hablando, el Estado debe procurar que se sienta integrada en el desarrollo de políticas nacionales.

Para lograr el progreso de una región, a los ciudadanos no les debe faltar esa fuerza por hacer las cosas bien, pensando no solo en el desarrollo personal, sino también en el del país entero.







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