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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
SÁBADO 7

de diciembre de 2019

REFLEXIONES

El valor primordial de la justicia (II)

15/11/2019


Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo y educador

Siguiendo con esto, diremos que no es sencillo ni rápido cambiar la mentalidad subdesarrollada de la gran masa, pero pensamos que debe trabajarse a varios niveles. El primero de ellos es el familiar: inculcar en los hijos desde pequeños la importancia de estos valores morales. Predicarlos con el ejemplo y reforzar su práctica.

La escuela, por su parte, debe vivirlos desde temprano. El aula debe tornarse en una “pequeña sociedad” pacífica, respetuosa, empática y solidaria. Las instituciones educativas deben priorizar una formación que no deje de lado el desarrollo personal y social de sus miembros.

Además, un Estado que promueva los valores morales y vele por hacerlos cumplir, con espacios de permanente difusión y castigando ejemplarmente a todos los que insistan en hacer lo que les dé la gana.

Los medios de comunicación –esto es realmente difícil porque se mueven básicamente por intereses económicos mas no siempre sociales– tienen que promover buenos ejemplos y levantar el bajo nivel de sus programas con contenidos de baja calidad, saltándose la posibilidad de un entretenimiento inteligente y una información no tendenciosa.

La misma Unesco promueve lo que denominan Los cuatro pilares de la educación, a saber: aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser. Esto significa tener capacidades para gestionar la información y analizarla; tener competencias prácticas tanto para la vida cotidiana como para el mundo laboral; relacionarnos con los demás de maneras adecuadas y constructivas y finalmente, ser, es decir, dirigir la propia existencia hacia un desarrollo plenamente humano.

En esta misma línea, el Banco Mundial insiste en las habilidades socioemocionales que deben conocer y practicar los escolares de cara al futuro laboral exitoso. Habilidades como ser perseverante, flexible, tener ganas de aprender, así como capacidad para trabajar en equipo, actuar de manera honesta y ser tolerante ante las adversidades son presentadas como necesarias de enseñar en casa y la escuela con miras a una inserción positiva en el trabajo y, a la larga, como una forma de mejorar el país.

No se puede prescindir de los valores, menos de los sociales y éticos. Eso sería vivir en una especie de “jungla” donde el animal más fuerte se terminaría de tragar al más débil. Ya algo así viene ocurriendo. Sabemos que es muy difícil que el rico vaya a prisión o que se le aplique la justicia al que tiene vara. En este sentido, es positivo que hoy altos funcionarios sean procesados por corrupción, pues funciona como una lección para la ciudadanía de que la justicia no tiene contemplaciones.

Con miras a un bicentenario más orgullosamente peruano, apuntemos hacia esta dirección. Por el bien de todos.

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El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.