Tipo de cambio:

Compra: 3.375

Venta: 3.381


Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
SÁBADO 7

de diciembre de 2019

ENFOQUE

El avance tecnológico y la conducta humana (II)

16/11/2019


Luis Antonio La Rosa Airaldi

Abogado

Decíamos la semana pasada que vivimos una realidad informática donde no es exagerado afirmar que los smartphones son una extensión física y neurológica de nuestro cuerpo, y que no sabemos si la rentabilidad producto de la explotación comercial de la información almacenada en ellas era la verdadera motivación detrás de su creación.




Poseer información, desde la más banal hasta la más sofisticada, y con tremendas escalas de por medio, se traduce en un inmenso poder que lleva, inevitablemente, a abusos sobre los que no vamos a comentar aquí. Solo queremos reflexionar sobre la necesidad de aplicar criterio y prudencia en el uso de las tecnologías de información.

Nadie nos obliga a ventilar nuestra vida, qué hacemos y qué no hacemos, dónde estamos o las razones de nuestras alegrías o tristezas. Lo hacemos porque queremos, nos gusta, nos genera un cierto nivel de utilidad (no en términos económicos, sino de satisfacción). Hay razones para justificar esa constante digitalización de nuestra vida de carne y hueso. Los ejemplos superan la fantasía. Sin duda, hay una necesidad de expresión que nos gana y también de mostrar (y, a veces, demostrar) que se ha vuelto tan o más adictiva que un chocolate.

La tecnología es un recurso utilísimo que debemos mantener a nuestro servicio. Un saludo, una frase de agradecimiento, una felicitación o un pésame, que no sigan siendo reemplazados por simples clics. Fácil, rápido y pasamos a otra cosa. Que una imagen digital no reemplace nuestra interacción ni comunicación intersubjetivas. Estoy contento, una carita feliz. Te felicito por un logro, manitos de aplausos. Te doy el pésame, carita triste. Te quiero, entonces elijo corazones. Ahora cliqueamos, ya no nos manifestamos con palabras, actos y gestos reales. ¿Podemos decir que son códigos aceptados y estamos bien así? ¿No estamos limitando la generación de relaciones verdaderas y auténticas? No olvidemos aquello que precisamente nos hace únicos y caracteriza como personas.

Reemplacemos esos clics por un contenido real y más trascendente, por palabras elaboradas y expresadas, por vías directas y ordinarias de comunicación, en vez de íconos predeterminados, pues son ellos –y no el gato o el ratón– los que, sin darnos cuenta, nos están comiendo la lengua. Enfoquémonos en alimentar relaciones. Distingamos el contenido de las cosas y su impacto, las esencias que no deben perderse por más que vivamos invadidos de tecnología.

Los hábitos, así como se aprenden y sintetizan en nuestra conducta, también se moldean. Es cuestión de tiempo, pero todo parte por la simple voluntad de hacerlo y allí es donde nuestra mente entra a tallar. Hagamos que los clics sean solo la excepción y no la regla y, sobre todo, no vivamos confundidos y abstraídos en un mundo cibernético y digital paralelo que, aunque a veces puede llegar a ser muy cautivador, no es el que tenemos vivito y coleando a nuestro alrededor.




El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.