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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

Democracia y desarrollo

“Ante los recientes sucesos en Sudamérica, nos debe llamar la atención la necesidad de que nuestras instituciones estatales sean eficientes en el cumplimiento de sus funciones ante el pueblo [...]”.

26/10/2019


Los últimos sucesos en los hermanos países sudamericanos deben llamarnos a reflexionar sobre la compleja relación entre democracia y desarrollo en nuestro continente. A muchos les sorprendió que en Chile, uno de los modelos para las naciones de América Latina, explotara una ola de violencia con todavía imprevisibles consecuencias.

La relación entre democracia y desarrollo ya se discutía desde la antigua Grecia. Los atenienses señalaban que la democracia tenía, al menos, dos elementos fundamentales: la voluntad del pueblo y el bien común. Así, establecía que la toma de decisiones en nombre de la soberanía de los pueblos debía servir para beneficiar a los ciudadanos.

Con el tiempo, las sociedades se volvieron más complejas y también el concepto de la democracia. Sin embargo, estas dos ideas siempre estuvieron asociadas. La mayor parte de las investigaciones al respecto se centran en cómo la democracia afecta el desarrollo de un país.

Por ejemplo, la democracia es el sistema político más eficiente para combatir la corrupción, ya que mediante la libertad de prensa se fiscaliza a los poderes públicos. Las elecciones libres y justas permiten castigar en las urnas a las agrupaciones políticas que no ejercieron el poder en forma eficiente y los votantes contribuyen a generar la alternancia.

El Premio Nobel de Economía británico de ascendencia india Amrtya Sen tenía una explicación acerca de la carencia de hambrunas en gobiernos democráticos y la proliferación del hambre en regímenes autoritarios: en democracia, la autoridad electa debía rendir cuentas a sus electores. Por lo tanto, tenía que ser eficiente en el desempeño de su cargo, mientras que el dictador no da cuenta de sus actos a nadie.

Como se indica en el documento Democracia y desarrollo, de las Naciones Unidas que recopila las reflexiones sobre el tema planteado, “la eficacia de las instituciones y la solidez de las políticas en democracias son conocidos catalizadores del desarrollo. La democracia crea el entorno propicio en el que las decisiones políticas están sometidas al control de ciudadanos libres y responsables, capaces de exigir al gobierno y a las instituciones estatales que rindan cuentas de su aplicación”.

Ante los recientes sucesos en Sudamérica, nos debe llamar la atención la necesidad de que nuestras instituciones sean eficientes en el cumplimiento de sus funciones ante el pueblo y que sean capaces de rendir cuentas de su desempeño.

Al clausurar el Primer Gore Digital, el presidente de la República, Martín Vizcarra, reafirmó el carácter democrático y dialogante de su gobierno al señalar que toma las decisiones “mirando de frente y escuchando” a la población, con visión descentralista y con el claro objetivo de mejorar la calidad de vida de todos los peruanos.

El Mandatario recalcó, además, que la disminución de la pobreza es uno de los grandes objetivos que deben ir de la mano con la reducción de la desigualdad en nuestro país, donde aún hay enormes diferencias en las condiciones de vida.

No debemos olvidar estas lecciones de las crisis en los países vecinos.