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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
SÁBADO 7

de diciembre de 2019

Crecer con lo propio

Una de las principales trabas del arte y la cultura es la poca apuesta empresarial por las industrias culturales. Sin embargo, la escuela D’Art ha optado por una nueva forma de hacer viable su trabajo de formación de nuevos artistas. en el teatro musical. Un ejemplo para muchos.

8/11/2019


Suplemento Variedades


Texto Renzo Chávez

La industria cultural en el Perú muestra un tímido avance que, sin ser notorio, es muy significativo, pues genera nuevas formas de promover la identidad y el desarrollo personal en entornos amigables, así como invita a más personas a arriesgar por este negocio muy conocido, pero poco trabajado.

Aún quienes ya llevan años de recorrido en el mundo del arte y la cultura requieren dar grandes pasos para hallar nuevas formas de impulsar su trabajo, sin importar los costos, para así hacer visibles los logros que se obtienen con estas grandes apuestas.
Este es el caso del director fundador de la Escuela D’Art, Henry Gurmendi Lind, quien, según explica, es la primera escuela de teatro musical del Perú, ahora con 17 años de fructífera trayectoria.

Desafíos del progreso

A pesar de ser un centro de formación artística reconocida en su medio y ser semillero de nuevos talentos en el teatro y la danza, la escuela tenía una carencia importante para seguir avanzando: un espacio propio.

Durante sus primeros diez años funcionó en un local alquilado en la avenida San Felipe, en Jesús María; sin embargo, hace diez años, Henry y los encargados de D’Art dieron el gran salto para adquirir su espacio de formación artística, que ahora también se ha convertido en su centro cultural.

“La función de la escuela no era solo un negocio, sino también difundir el teatro musical y las artes. El espacio que teníamos era importante porque nos permitía hacer las muestras de la escuela y de sus alumnos. Pero tuvimos que mudarnos de ese local para ahorrarnos costos”, explica Gurmendi.

Ahora, en el nuevo espacio, la escuela debía asumir el reto de formar a sus estudiantes en un espacio más reducido, pues pasaron de un teatro de cien butacas a otro de apenas 32.

El trabajo de formar artistas continuó, pero apareció una nueva dificultad: conseguir espacios que brinden la oportunidad a sus productos teatrales. “Cuando estuvimos haciendo las obras profesionales, nos dimos con la sorpresa de que la burocracia o la mala administración de muchos locales cierran puertas”, comenta.

Por esa razón, en una suerte de visión empresarial, decidió usar el espacio propio para el montaje y la puesta en escena de sus producciones. “Saqué la idea del microteatro y teatro off. Entonces, hicimos una estructura montable y desmontable, que transforma el espacio de estudios en una sala de teatro para puestas en escena”.

Es así que en agosto pasado dieron otro paso gigantesco al ofrecer su primera puesta en escena en su espacio, hasta inicios de octubre con la obra Sor-presas.

Todos involucrados

Lo novedoso de usar un espacio propio para presentar  tus producciones teatrales consiste en el involucramiento general del equipo, que, en la gran mayoría de casos, ha comenzado su andar en esta escuela.
Lo más importante de esta propuesta es que permite a las personas que se inician en el mundo del arte recibir el impulso para construir un camino en este ámbito de muchos riesgos económicos.

Asimismo, esta experiencia propicia un complemento adicional a la formación de sus estudiantes, también conocen lo que hay más allá del trabajo del montaje teatral. “Lo interesante es que la puesta teatral la ponen los alumnos. Es un plus más que se da, porque siempre trabajan solo el perfil del actor y nada más”, expresa Henry.

“La puesta en escena que se ha presentado en estas últimas semanas pertenece a un equipo de exalumnos. Ellos gestionaron todo y hallaron una sala, el local de su familia artística, que no les puso las trabas que ponen otros espacios”.

En medio de esta emoción, Henry Gurmendi coloca además la cuota de sensatez necesaria para decidir qué obras presentar y cuáles no. Es consciente de las limitaciones que ofrece un espacio tan reducido, pero dentro de esas limitaciones sueña y obra en grande.

Es así como sus alumnos también entienden la necesidad de “soñar despiertos”; es decir, aspirar a mucho considerando lo poco que puedan tener, siempre entendiendo que es el comienzo de algo mucho más grande.

Esto convierte a D’Art en una escuela y centro cultural que no solo forma artistas en teatro musical, sino que también asume ahora la iniciación de gestores culturales o empresarios teatrales para fomentar las artes.

Detrás del telón

La propuesta pedagógica, aplicada por Henry Gurmendi Lind, en D’Art permite a quien se forma en teatro musical conocer más allá de lo necesario para estar en las tablas, así como inculcar el sentido empresarial con ética y respeto a los derechos de autor de cada obra presentada. Es así como él cumple el sueño de su adolescencia: promover personas que apuesten por la industria del teatro.