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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

APROXIMACIONES

Aprendamos a convivir con nuestras diferencias

Rechazar a otros porque son diferentes es una de las actitudes más comunes y vergonzosas del ser humano.

16/11/2019


José Luis Bravo Russo

Director de 360° Centro de Transformación Familiar

En pleno siglo XXI, la discriminación persiste, no ha desaparecido. Por el contrario, se ha extendido bajo nuevas formas, por ámbitos nunca antes imaginados.

En Estados Unidos, por ejemplo, Hal Turner, un locutor de una radio neonazi, dijo a sus oyentes: “Todos los que piensan que hay una solución pacífica al problema de los inmigrantes están equivocados. Yo estoy a favor de utilizar la violencia extrema contra los inmigrantes ilegales. Limpien sus revólveres. Compren muchas balas”. Increíble.

Otro racista escribió en algunos periódicos virtuales norteamericanos: “Tenemos que comenzar a matar masivamente para que los salvajes del mundo tengan miedo del hombre blanco nuevamente. Una matanza es el único remedio a esta invasión”.

Miles de inmigrantes sudamericanos son rechazados en el mundo y sufren por ello.

En nuestro país, y a propósito de películas como Guasón, Fractura, además de la migración de cientos de miles de venezolanos, se ha puesto sobre el tapete el tema de la discriminación y la salud mental.

En el Perú se desprecia al de opción sexual diferente, al que tiene algún trastorno mental, síndrome de Down o al autista. Y, aunque cueste decirlo, también despreciamos a las personas por su raza o lugar de origen.

Incluso, en muchos hogares se solapan la discriminación y el racismo con frases como: “El enamorado de mi hija es negrito, pero fino”, “es un zambito claro” o “es un serrano, pero con plata”.

Ni que hablar de clichés sociales o dichos populares: “Qué día más negro he tenido” o “Yo soy serrano, pero este ya es indio”.

Ver en los últimos días que hay personas que desprecian a nuestros hermanos venezolanos o a otras –incluso empresarios y profesionales– que agreden a policías o serenos con insultos racistas cuando son intervenidos por alguna falta es preocupante. Muestra a nuestro país tal y como es.

La discriminación y el racismo generan miles de muertes, afectan la salud mental de cientos de personas, dividen a comunidades enteras y destruyen familias.

Aprendamos a convivir, a tolerarnos, a amarnos con nuestras diferencias. Debemos tratar a todos por igual y disfrutar de ellos. Las personas no somos ni mejores ni peores, solo diferentes, y es allí donde radica la belleza de la convivencia en una sociedad.







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