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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

EXPERIENCIASEL DIARIO OFICIAL EL PERUANO NO SE SOLIDARIZA NECESARIAMENTE CON LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTA SECCIÓN. LOS ARTÍCULOS FIRMADOS SON RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES.

¿Qué sería de nosotros sin el público?

Si usted gusta de algún cantante o actriz, les aseguro que lo podrán encontrar en Instagram y conocer más de ellos.

17/11/2019


SergioSalas

Abogado, músico criollo

Los artistas nos debemos al público, no cabe duda de ello. Siento que con la aparición de las redes sociales, la figura del artista se ha hecho más cercana a su público. ¿Se acuerdan de los paparazzi? Eran aquellos periodistas que se trepaban a los árboles con cámaras fotográficas gigantes para obtener una fotografía de algún famoso y luego publicarla en alguna revista del medio como primicia. Actualmente me parece que ese oficio está casi extinto, ya que hoy los artistas les cuentan sus vidas a sus seguidores mediante fotos, videos o historias que ellos mismos suben a Facebook o Instagram. Se ha vuelto una herramienta necesaria para la vida y subsistencia de los artistas. Si no estás en las redes, no existes.

Esto ha hecho que la relación de los artistas con las personas que los siguen ya no sea tan lejana como lo fue hasta la década de los 90, y hoy estos artistas pueden hacer sorteos entre sus seguidores, preguntar sus opiniones (lo cual ayuda mucho para moldear el producto que ofrecemos), conocer el perfil del público objetivo que a uno lo sigue y, con ello, mejorar el producto.

Evidentemente, hay quienes gracias a una mayor exposición tienen un número más grande de seguidores. Además, quien entra a este mundo debe tener dedicación, ya que mantener activa una página demanda tiempo, creatividad, paciencia y trabajo. Hoy en día, si usted gusta de algún deportista, cantante, actriz, literato, guitarrista, etcétera, les aseguro que lo podrán encontrar en Instagram, hacerle preguntas y conocer más de ellos.

Hace unos tres años, hice un concierto en el que el teatro se llenó únicamente hasta la mitad de su capacidad. Esto hizo que replanteara la forma de cómo venía transmitiendo mi trabajo en la música criolla. Pese a que para dicho concierto, junto con mi socia, habíamos hecho propaganda en radio y en prensa, al parecer esta no había resultado, ya que luego del concierto la gente me seguía diciendo que no se habían enterado del mismo. Es ahí cuando recordé que teníamos una página a la que no le habíamos dado la importancia debida. Desde ese momento todo cambió y decidí trabajar seriamente para lograr audiencia mediante esta página. Este año, luego de captar una cantidad de seguidores, hicimos otro concierto y el teatro se llenó. Muchas de las personas que fueron nos decían: “Nosotros los seguimos en la página”. Poco a poco hemos creado contenido; así, los jueves subimos un video con alguna canción poco conocida. Los domingos compartimos la columna que publicamos en El Peruano. Durante un espacio de 10 semanas tuvimos “lunes de décimas” y ahora hacemos los “martes de debate” y, aunque parezca mentira, el público participa. Es como tener tu propio canal para transmitir tu programa, y aunque al principio uno dice: “¿Quién me va a ver?”, la verdad es que sí nos ven.

Recuerdo tres nombres de personas que nos siguen en nuestra página y que el destino quiso que luego las conociera. Estaba junto con mi socia Sheilla Tang, en el Teatro Nacional, en el homenaje que la Orquesta Sinfónica Nacional le brindó a Alicia Maguiña cuando de repente una señora muy amable de nombre Betty Georffino se acercó para saludarnos y decirnos que seguía nuestros videos. Su nombre se me quedó grabado, así como el cariño sincero que nos expresaba en sus palabras. Sinceramente, me emocionó.

Regresando del trabajo un día de semana, un caballero me preguntó: ¿Usted no es el músico? Bueno sí, soy músico también, le contesté. De inmediato, me dijo que seguía todas nuestras publicaciones. Su nombre es Jorge Quiñe. No saben la alegría que me dio que nuestra música llegara de verdad al público.

Al término de una exposición que brindé en la Universidad Católica, se me acercó una joven que llevaba su saxofón muy junto a ella (tal como yo llevo mi guitarra). Ella se llama Camila Huarcaya y me contaba que seguía las columnas de El Peruano. Hasta me dijo: “Será fina”, en alusión a la columna que escribí aquí sobre Serafina Quinteras. Como entre músicos nos entendemos, la conversación fue muy amena.

Soy feliz de llegar con algo de mi arte al público, y así como ellos tienen la deferencia de seguirme, yo trato de esmerarme en cada producto que entrego. La columna de hoy va dedicada a ustedes amigos, que todas las semanas se toman un tiempo para leerla. Gracias por ello.