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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

RECURSOS HUMANOS

¿Qué enseña la vida a las personas?

El solo hecho de pensarlo puede traer muchos beneficios sobre lo vivido y acerca de cómo aprovechar las experiencias para el futuro.

16/11/2019


Rafael Zavala

Experto en Gestión del Talento Humano de la Universidad de Piura

La vida enseña a entender que las cosas pasan por algo y para los que actúan con rectitud de conciencia todo es para bien. Enseña cada día que todo exige un esfuerzo, que solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro.

Una de las respuestas que más me hizo pensar la leí en el libro No soy superman, de Santiago Álvarez de Mon. “He aprendido a cuidar el tiempo como un regalo único. Así, veo el día de hoy como un obsequio que he de agradecer y aprovechar. Ayer se fue y mañana no ha llegado, voto por quedarme en el presente. Viajo al pasado para aprender de su fantástico almacén de datos. Cuando lo hago, el presente se colma de agradecimientos y de una sana tristeza”, señala. “Teniendo la nostalgia bajo control, el recuerdo de seres queridos que ya se fueron, las imágenes de una edad tierna e irrepetible, las amistades urdidas entre clases, partidos, libros, y diversión, las fotos de los primeros pasos de mi familia aportan al presente un halo de serenidad, dulzura y unas gotas de melancolía”, sostiene.

“Me proyecto al futuro para anticipar escenarios, para cobrar impulso, para irradiar ilusión y esperanza en un presente invernal [...]. Si todo va bien, no arruino esa felicidad con el miedo a que se canse pronto. Si las cosas se tuercen, me consuela pensar que no se eternizarán, que también pasarán los nubarrones, que me curtiré y haré más fuerte, y que cuando salga el sol, nadie gozará más de él como yo. La vida enseña a no tomarte las cosas y los acontecimientos que suceden con tanta seriedad y tremendismo”, añade. Queremos que las cosas sean de cierta manera y nos cuesta aceptar que son como son, no como nosotros quisiéramos que sean. La vida enseña que hay que correr riesgos, que uno no sabe como van a resultar las cosas que emprendamos, pero si no nos arriesgamos tampoco vamos a saberlo.

Ahora están de moda los sentimientos y es bueno, pero la gente siente, y siente y actúa únicamente guiada por eso. Al final, no piensa nada. Como dice la frase: “El que reconoce un punto de locura e irracionalidad en su naturaleza está en camino de la cordura”.

Un consejo, conviene desconfiar de aquellas personas que no se cuestionan sus éxitos o, peor aún, de aquellos que no los agradecen y se consideran superiores por haberlos alcanzado. Parte de la madurez de una persona consiste en interrogarse el porqué de las cosas y de sus actos porque eso le permitirá enmendar el camino cuando haya que enmendarlo, y no creerse demasiado cuando haya alcanzado lo inalcanzable, de forma tal que pueda seguir aprovechando las oportunidades que le da la vida con humildad y sencillez.