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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

¿Por qué escriben los escritores?

¿Para reflexionar?, ¿para recordar?, ¿para conseguir chicas, chicos?, ¿por reconocimiento?, ¿por aburrimiento?, ¿por amor?, ¿por venganza?, ¿por dinero?, ¿por odio?, ¿por placer? Cada escritor tiene una razón para quedarse a solas construyendo ficciones. Aquí algunas recogidas durante el Hay Festival Arequipa 2019.

15/11/2019


Suplemento Variedades


Texto Luis Francisco Palomino

No se les paga un sueldo, pero tienen que trabajar duro. Es la respuesta que hace pestañear de nervios a los padres cuando les preguntan a sus hijos qué quieren ser de grandes. Puede producir hemorroides. Según el chileno Roberto Bolaño, es un oficio lleno de canallas y de tontos. No importa si eres el mejor, las posibilidades de que mueras en la pobreza (en Baltimore o en París) son considerables. Esto no es como ser congresista, pero aun así hay gente obsesionada con…

“¿Por qué escribo? Es una pregunta oceánica, como que me pregunten por qué respiro”, poetizó el peruano Juan Manuel Robles, incluido –hace dos años– en la lista Bogotá39 como una de las promesas literarias de Latinoamérica. 

Menos metafórica fue la joven franco-marroquí Leila Slimani, otra de las atracciones –¡tan atractiva ella!– del Hay Festival, evento artístico que puso a los arequipeños y a los turistas a imaginar el mundo. “Escribo para vengarme de toda la gente que no me gusta… Es mi manera de luchar. En Canción dulce me vengo de todas las personas a las que no les gustan las nanas o que creen que su trabajo es fácil, de toda la gente que piensa que está mal que las madres trabajen”, dijo, refiriéndose a su segunda novela, distinguida con el muy importante Premio Goncourt de Francia. “Escribo todos los días, sin rituales, pero lo hago todos los días”, reveló el secreto de los cuatro libros de ficción que ha publicado desde el 2014. Su último título es Adèle, un “thriller de adicción sexual”.

Vamos con otro autor. “Para mí, la medida de éxito es poder escribir los libros que uno imagina, que aspira, ¿no?, estar en paz con lo que uno pudo hacer con el material que tenía en ese momento de su vida... Por supuesto, es mucho mejor que a alguien le guste, más allá de los familiares y de la novia, y es mucho mejor si te dan un premio, ¡y es mucho mejor si te invitan al Hay Festival!”, dijo el argentino Guillermo Martínez, un matemático de profesión seducido por las letras que va demoliendo el mito de los opuestos incompatibles. 

“‘¿Quién va a querer una novela con tantas matemáticas?,  me preguntó mi esposa cuando estaba escribiendo ‘Crímenes imperceptibles’. Yo le dije: ‘Bueno, seré un ‘best seller’ entre las Ciencias Exactas’”, contó sobre la novela que publicó en el 2003: Premio Planeta, traducida a más de 35 idiomas y llevada al cine por el director español Alex de la Iglesia.

¿Cuál es la fórmula del –también– reciente Premio Nadal? “Cuando escribo, me gusta rodearme de libros afines al que estoy haciendo. Cuando escribí Los crímenes de Alicia, me leí todas las biografías de Lewis Carroll y revisé libros de fotografía. Intento escribir desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde. Después hago lecturas relacionadas a los libros que voy escribiendo. También trato de hacer deporte, juego tenis”. Un fenómeno.

Pola Oloixarac, su compatriota, acaba de publicar Mona, una novela en que parodia el medio literario. Ella dijo: “Me fascina mirar todo con ojos antropológicos, creo que porque soy peruana [por su familia materna]. Mi escritura se relaciona con la vida, con un yo investigativo, siempre estoy investigando ¡Y no sé!, cuando escribes, más vives. Si yo no escribo un día, me siento mal físicamente. Como que me falta algo, no soy feliz… ¡y hago infelices a los demás!”.

Y siguió con: “Nunca fui tan productiva como desde que soy madre, desde que tengo a mi hijita. Este año llevo escritos 70 artículos. Me parece que reproducirse es algo bueno para la literatura”, rio la simpática escritora a la que Ricardo Piglia describió como “el gran acontecimiento de la nueva narrativa argentina”. 
Ahora les presento al colombiano Santiago Gamboa, cuya novela Necrópolis recibió en el 2009 el Premio La otra orilla del grupo editorial Norma. “‘¿Por qué escriben?’ es una pregunta que nos permite a nosotros dar respuestas muy literarias, muy profundas. Lo más honesto que yo puedo decir es que me gusta leer una literatura que muchas veces no la encuentro tal como yo quisiera... Escribo porque soy lector. ¡Uno escribe lo que quiere leer! Juan Rulfo decía que escribió Pedro Páramo porque era el libro que faltaba en su biblioteca”.

Sentada a su costado, su paisana Pilar Quintana –Bogotá39 del 2007– atribuyó a Alfredo Bryce Echenique la siguiente frase: “Escribo para ser un rubio de ojos azules”. “Una variación del ‘Escribo para que me quieran’ de García Márquez”, opinó Juan Manuel Robles.

“La respuesta más ingeniosa, para mí, la dio Françoise Sagan. Ella dijo: ‘Yo escribo para saber lo que escribiría si escribiera’”, dijo Gamboa, quien, luego de unas juveniles decepciones literarias en su país, viajó a Europa para convertirse en escritor.

Locales

El caso nacional es tema aparte. “Yo he calculado que en el Perú solo hay 500 lectores. Estoy hablando de los lectores que guardan dinero mensualmente para comprar libros”, dijo el escritor Ricardo Sumalavia durante un almuerzo de camaradería del Hay. En la misma mesa comía el Premio Copé 2018, Stuart Flores; en la del frente, el Premio Nobel de Literatura 2006, Orhan Pamuk, se chupaba los dedos.

El número de Sumalavia se puede debatir, pero lo cierto es que hay pocos interesados en pagar por un texto en esta periferia de las letras, y entonces da curiosidad: ¿por qué lo hacen, amigos?

Yero Chuquicaña, Premio Nacional de Literatura Juvenil 2017, contestó con espíritu milenial: “Comencé a escribir porque estaba aburrido”. Por su parte, con más experiencia, el historiador y narrador Fernando Iwasaki compuso una reflexión conmovedora. “Ser escritor no significa nada. Mi padre era muy parco. La primera vez que le di un libro mío –yo muy emocionado–, lo leyó y me dijo: ‘Tiene tres erratas’. Yo escribo para mis hijos... Ellos se fueron de casa cuando cumplieron dieciocho años. Me di cuenta de que tenían que conocer otras partes de mí. Lo que yo escribo no solo es lo que publico. Escribo en libretas, escribo en los libros que leo, donde hago anotaciones. Escribo en papeles sueltos. Y no solo escribo para mis hijos, también escribo para mí”, dijo el Premio Copé de Narrativa 1998.

Desciende este telón rojo la gran presencia del Hay Festival Arequipa 2019, el turco Pamuk: “Los humanos somos confesamente muy crueles, pero también tenemos una cosa que es muy bonita, la mayor fortaleza humana. A veces imaginamos el mundo a través de los temperamentos de otras personas, tratamos de entender los pensamientos y sentimientos de los otros. Eso es el centro de todo, y ese centro de todo es el significado de la novela”, dijo el sábado por la noche ante un auditorio al que le faltó espacio para acoger a curiosos e interesados.

Ciertamente, la conciencia, la imaginación, la capacidad de contar historias son bendiciones para la humanidad que nos remiten a la imagen de nuestros ancestros sentados alrededor del fuego, el mismo fuego que hoy mantienen ardiendo estos hombres y mujeres de la palabra. 

Ahora me toca pensar con cinismo, por qué escribo yo.