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DOMINGO 20

de octubre de 2019

APROXIMACIONES

Orígenes de los apellidos (I)

Desde la antigüedad, el apellido era ignoto y se conocía a las personas por un solo nombre.

21/9/2019


JOSÉ LUIS VARGAS SIFUENTESPERIODISTA

José Luis Vardas Sifuentes

Periodista

El concepto de apellido es relativamente reciente en la historia de la humanidad, pues se empezó a utilizar en la Edad Media en los países occidentales para identificar a familias o grupos sociales por su lugar de origen, el oficio que desempeñaban o alguna característica física.

Desde la antigüedad, el apellido era ignoto y se conocía a las personas por un solo nombre, que respondía a alguna de las características referidas. De ahí que a grandes personajes de la historia se les conoce solo como Homero, Herodoto, Augusto, Nerón, Sócrates, Heráclito, Alejandro, Virgilio, Calígula, Atila, etcétera.

En el medioevo, en gran parte de Europa, los oficios eran hereditarios dentro de la familia, lo que facilitó su identificación.

Así, cada grupo familiar tenía un apellido determinado si se dedicaba a trabajar con metales (Herrero, Herranz, Ferreiro o Ferreyro, Smith, Schmidt); si ejercían como sastres (Schneider, Taylor); se dedicaban a fabricar calzados (Zapatero, Schumacher, Sabater); confeccionar prendas de vestir (Ravelino o Rabellino); a la ganadería (Baquero, Bover, Boher, Bouffard, Bouvier, Boeve); a moler granos (Moliner, Müller, Miller), o a la pesca (Fisher, Schiffer).

En España son comunes los apellidos de oficios: Pastor, Cantero, Pedrero, Labrador, Escudero, Barbero, Sacristán, Rabadán, Mesonero, Molinero.

Otros apellidos que responden al color del cabello o alguna característica física notoria: Juan Tuerto, José Moreno, Manuel Cojo; Dorado, Alegre, Blanco, Rubio, Calvo, Calvete, Bermejo; Petit (pequeño); Klein (aseado), Krause (cabeza rapada o medio alto), Schwarzkopf (moreno o de pelo negro).

Son comunes también los gentilicios toponímicos que designan el origen de una determinada familia (aldea, provincia, región o país): Juan Madrid, José Toledo, Manuel Sevilla; Ávila, Águila, Tudela, Aragón, Barcelona, Lérida, Francia, Zaragoza, Valencia, Segovia, Portugal, Padrón, Montilla, Carranza, y otros de origen español; y también de otros países: Stuttgart, Hannover, Washington.

El Perú heredó la costumbre de España, donde el uso del apellido fue impuesto en 1501 por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo, primado de España y confesor de la reina Isabel la Católica, a fin de poner orden al caos administrativo e identificar a las personas por familias. A partir de su ordenanza, el apellido del padre quedaba fijado y pasaba a ser el de sus descendientes.

Hasta antes de la llegada de los españoles, en el Perú se desconocía el apellido, y cada quien recibía el nombre que más agradaba a sus padres, generalmente alusivo a alguna de sus cualidades, o bien el nombre de animales, lugares o fenómenos naturales.

Al ser convertidos al catolicismo, los indígenas recibían un nombre castellano y optaban por apellido una palabra de origen quechua o aimara, como Guamán o Huamán (cóndor), Chipana (brazalete), Condori (cóndor que camina), Huaylas (lugar de origen), Yupanqui (guía), Mamani (halcón), Ayaypoma (puma muerto), Túpac (espléndido; ilustre), Quispe (que sube o progresa), Pinchi (punto luminoso), etcétera.

A partir del siglo XIX, en España e Hispanoamérica se fue imponiendo el sistema de doble apellido, consignándose primero el procedente de la familia del padre y luego el de la madre. Antes, las personas se identificaban con su nombre y un mote, por lo que miembros de una misma familia, incluso hermanos, podían tener diferente apellido.

En España se utilizó las desinencias ez u oz, que equivalen a ‘hijo o descendiente de’. Ejemplo: Benítez, deriva del nombre de pila Benito; Fernández (de Fernando), Hernández, Díaz, Muñoz, Martínez; y en otros países Friedrichson (de Friedrich, Federico), Paulov (de Paul, Pablo), Petrov (de Piotr, Pedro); Aymerich (Aimery), Williamson (William, Guillermo), Denisovich (Denis, Dionisio), Vladic (Vlado/Vlad), Sorensen (Soren), etcétera.

Esto último también se aplicó en otros idiomas, por lo que es común encontrar extranjeros con parte de su apellido igual: los ingleses utilizaban la terminación ‘son’ (Johnson) o el prefijo ‘fitz’ (Fitzgerald); en Italia muchos apellidos terminan en ‘ini’ (Paolini); en Dinamarca ‘sen’ (Nielsen), algunos anglosajones (de ascendencia celta) se apellidan ‘Mac’ o ‘Mc’ (McEnroe, Macbeth), los irlandeses usan el característico O’ (O’Brien), y en Francia el prefijo ‘De’ (Dejean), y así por el estilo.

Al extenderse el uso del apellido, la nobleza utilizaba el nombre de su casa de origen: Tudor, Alba, Lancaster, Borbón, Austria.

Continuaremos con el tema.