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Año del Buen Servicio al Ciudadano
VIERNES 15

de diciembre de 2017

AEROPUERTO INTERNACIONAL JORGE CHÁVEZ

Nido de los cóndores

Ahora que se ha firmado la adenda del contrato de concesión que posicionará al Perú como el hub aerocomercial de América del Sur, recordamos la historia de nuestro primer aeropuerto, que en su momento estuvo a la vanguardia de los terminales del continente.

13/8/2017


Raúl Borda Pacheco

rborda@editoraperu.com.pe

La tarde del 23 de setiembre de 1948, día del 38º aniversario de la hazaña de Jorge Chávez, el presidente José Luis Bustamante y Rivero inauguraba en una solemne ceremonia el nuevo edificio del Terminal Aéreo de Limatambo, que fue motivo de orgullo nacional por su diseño, extensión, pistas de aterrizaje, equipos y servicios.

En aquel momento, nadie presagiaba que en pocos años esas pistas resultarían insuficientes a causa del advenimiento de la era de los aviones de propulsión a chorro, cuyas características de vuelo revolucionarían la aviación civil y comercial. Se requería, entonces, de amplios terrenos para pistas de mayor longitud y máxima seguridad, declararía más adelante el ingeniero Federico Hilbck, entonces presidente de la Corporación Peruana de Aeropuertos y Aviación Comercial (Corpac).

Aeropuerto internacional

Había que buscar un nuevo escenario. El lugar escogido para la construcción del nuevo aeropuerto sería una amplia explanada ubicada en el Callao sobre la margen derecha del río Rímac. Los terrenos fueron adquiridos a las haciendas Bocanegra, Taboada y San Agustín. Las obras se iniciaron en abril de 1959 con el movimiento de tierras sobre un aérea de 2 millones 500,000 metros cuadrados.

En febrero de 1960 se midió el eje de la pista de aterrizaje, que alcanzaría una longitud de 3,507 metros por 45 de ancho. Además, el proyecto incluía 5,597 metros de pistas de carreteo de los aviones. Para tal efecto, se empleó un moderno equipo de medición de distancias con intervención del Instituto Geográfico Militar, técnicos del Consorcio Ingenieros Contratistas Generales y de Corpac.

En abril de ese año, La Crónica informaba que mientras las obras avanzaban aceleradamente, los aviones a chorro de la nueva era ya remecían las pistas de la base de Las Palmas. Mientras que los terrenos de Limatambo eran lotizados para dar vida a la urbanización Corpac, en San Isidro. Los recursos obtenidos servirían en parte para financiar el nuevo aeropuerto, cuyo costo se estimaba en 200 millones de soles.

Para el acceso al terminal, Corpac mandó a construir en el breve plazo de 30 días una amplia vía de 3 kilómetros entre la avenida Argentina y el terminal aéreo, que incluyó un puente sobre el río Rímac. Según el plan esbozado por las autoridades, esa vía se prolongaría en el futuro hasta la avenida La Marina. La obra se concretaría más adelante y tomaría el nombre de avenida Elmer Faucett, principal vía de acceso al aeropuerto hasta hoy.

Inauguración

Aquel sábado 29 de octubre de 1960, el presidente Manuel Prado llegó al mediodía al flamante puente y fue recibido por niños de las escuelas de Reynoso, barriada vecina cuyos pobladores también asistieron portando cartelones de bienvenida. Luego de cortar la cinta que abría el tránsito por el puente, el mandatario se dirigió al aeropuerto en un carro descubierto, mientras una interminable fila de automóviles lo seguía en caravana.

El jefe del Estado, en compañía de altos funcionarios del Gobierno, ponía así al servicio del país el Aeropuerto Internacional Lima-Callao, que situaba al Perú como centro principal de las comunicaciones en América del Sur, y a Lima como escala obligada para las compañías de aviación. La acelerada construcción de la primera etapa, que comprende la extensa pista de aterrizaje, instalaciones, camino de acceso y el edificio adaptado provisionalmente como terminal de pasajeros, en tanto se complete la totalidad del proyecto, se debe a la indesmayable dedicación y capacidad del ingeniero Federico Hilbck, dijo el mandatario al rendir homenaje al presidente de Corpac y, con él, a los más de 300 trabajadores peruanos que hicieron realidad tan magnífica obra.

Terminada la ceremonia inaugural, tres aviones Canberra de la Fuerza Aérea aterrizaron en el flamante aeropuerto. Un día después, con el ingreso y salida de un avión jet de Panagra y la instalación de los mostradores de las compañías Air France, Braniff, KLM y Canadian Pacific, el aeropuerto entró formalmente en funciones.

El Jorge Chávez

En los años posteriores continuaron las obras para la modernización del aeropuerto. El gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry puso especial interés en la culminación del proyecto iniciado por su predecesor. Para febrero de 1964, más de 300 obreros e ingenieros peruanos ya trabajaban en la construcción del edificio central. Tres pisos, de un total de ocho, ya estaban concluidos. Los diarios de la época informaban que los materiales eran importados de Francia, Holanda, Estados Unidos y Japón.

Adelanto arquitectónico

Las obras se concluyeron a finales de 1965. A un costo de 300 millones de soles y sobre un aérea de 36,000 metros cuadrados; al nuevo aeropuerto se le dotó de un imponente edificio en el que funcionaron salones de conferencias, migraciones, oficinas de compañías aéreas y de Corpac, la cabina de meteorología y, sobre esta, con una altura equivalente a 22 pisos, la gran torre de control de tráfico aéreo, equipada con instrumentos electrónicos de última tecnología.

El amplio y elegante terminal de pasajeros tenía 290 metros de largo, 56 de ancho y una altura de 9 metros; así como un sistema televisivo de circuito cerrado e información de vuelos, aparatos de entrega mecánica del equipaje y más de 80 líneas telefónicas. Además, un salón presidencial lujosamente instalado para visitantes ilustres y espigones para el movimiento de pasajeros hacia la pista de aterrizaje.

Potentes reflectores daban perfecta visibilidad en las pistas de aterrizaje, por lo que el imponente terminal podía atender hasta 12 aviones por hora. El aeropuerto brindaría ahora servicio a más de 10,000 personas por día, cinco veces más que su capacidad anterior. A decir de los expertos y de los diarios, todos estos adelantos hicieron del aeropuerto el más cómodo, funcional y lujoso de América del Sur.

Ceremonia

En la noche del 30 de diciembre de 1965, el presidente Belaunde declaró inaugurado el nuevo terminal con el nombre de Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en homenaje a nuestro insigne aviador. “Debemos sentirnos orgullosos de ponernos a la vanguardia en materia de aeropuertos… Aquí está la prueba de que el pueblo que construyó Sacsayhuamán puede hacer cualquier obra en beneficio del país”, dijo el mandatario, antes de saludar a los arquitectos peruanos que proyectaron el aeropuerto.

Aunque el imponente aeropuerto debía comenzar a funcionar el 4 de enero del nuevo año, el presidente ordenó que de inmediato se le pusiera en servicio. Momentos después, llegaba en vuelo de itinerario un jet de Aerolíneas Peruanas.

En el hall del aeropuerto quedó grabada para la posteridad la frase del presidente Fernando Belaunde: “Cuando los Alpes se empequeñecieron bajo las alas peruanas, primeras en vencer sus cumbres, los herederos de la gloria de Jorge Chávez aceptaron el reto amenazante y grandioso de su propia cordillera andina. Este aeropuerto es el nido de esos cóndores. Sus puertas se abren al visitante con amplitud de alas desplegadas”. El resto es otra historia.