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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
MARTES 19

de noviembre de 2019

A 30 AÑOS DEL FIN SIMBÓLICO DE LA GUERRA FRÍA

Muros que caen y otros que se levantan

Trump liquida hoy los avances en la destrucción de las armas nucleares y la promoción de los derechos humanos.

9/11/2019


Fabián Vallas Trujillo

Internacionalista

Hace tres décadas , el mundo presenció uno de los principales acontecimientos del siglo XX: la caída del Muro de Berlín y, con ello, el fin de una era de confrontación política, ideológica, económica y militar de dos bloques en el planeta que se habían levantado al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945.

En este período, Estados Unidos y la Unión Soviética rivalizaron para demostrar cuál de los sistemas económicos y políticos era mejor. La disputa se trasladó a terceros países, este es el caso de las guerras de Corea, Vietnam y Medio Oriente.

En América Latina, la confrontación Este-Oeste tuvo como actor a Fidel Castro, quien buscó exportar su revolución a otros países latinoamericanos.

A finales de la década de 1980, el gobierno de Mijail Gorbachov con su famoso glasnot (transparencia ) demostró que la economía soviética había ingresado en una profunda crisis debido a la poca productividad y alta burocratización del modelo estatista. Ni su famosa perestroika (reforma) pudo evitar lo que parecía inevitable. La URSS no podía seguir con la competencia económica y militar impuesta por el gobierno de Ronald Reagan y se declaró perdedora de esa confrontación. La URSS comenzó a ceder posiciones geopolíticas alrededor del mundo y a ser considerada como la segunda potencia mundial, posición que fue después asumida por China.

Hace 30 años, aires triunfalistas soplaban en el ámbito intelectual. Francis Fukuyama con su “Fin de la historia” predijo, ahora sin rival ideológico, que la economía neoliberal y de libre mercado iba a conducir al mundo al crecimiento económico, que iba a convertir al mundo en una sociedad de paz y prosperidad.



¿Qué pasó?

Los aires victoriosos de que la economía liberal y la democracia iban a conducir a un mundo más pacífico y próspero comenzaron a derrumbarse con la guerra interna desatada en la otrora Yugoslavia. A diferencias de la URSS, cuyo desmembramiento se efectuó en forma pacífica con algunas excepciones, los serbios, croatas, bosnios y macedónicos comenzaron a luchar entre ellos para determinar quién se quedaba con los mayores activos de una Yugoslavia que solo el general Tito pudo mantener unida con puño de hierro.

Los conflictos ya dejaron de ser ideológicos para ser de tipo cultural, en el que la religión comenzó a jugar un papel preponderante. De acuerdo con el Departamento de Paz y Estudios de Investigación de Conflictos de la Universidad de Upssala, los pequeños conflictos interétnicos estallaron desde 1990. La mayoría fueron casos internos con menos de 100 muertos al año y en los cuales la cultura y, en especial, la religión son centros de disputas.

Al mismo tiempo, los países que comparten una misma cultura tienden a formar bloques comerciales, mientras que China abandona su modelo estatista y asume las banderas económicas del liberalismo para convertirse en la única potencia que puede rivalizar con Estados Unidos.



Es cierto que el crecimiento económico no ha traído toda la prosperidad prometida por Fukuyama, pero también lo es que la economía planificada con predominancia del Estado como el actor que distribuye las riquezas en el mundo ha tenido un peor desempeño. Allí se encuentran el caso de Venezuela en América Latina

Pese a sus logros, los países que asumieron las recetas liberales de economía abiertas a las inversiones (libre mercado) llevan el gran pasivo de la gran desigualdad y descontento que generan, como es el caso emblemático de Chile.

Cansancio

Si el posterior período a la caída del Muro de Berlín permitió a Estados Unidos lanzar una ofensiva en la defensa de la democracia y los derechos humanos y de bloques comerciales en el mundo, la llegada de Donald Trump al poder en las elecciones generales del 2016 desnudó el enorme cansancio de estos pilares.

Trump ha revertido lo más rescatable que nos dejó la etapa pos Guerra Fría al cuestionar los principios del libre mercado y el comercio.

También promocionó el abandono de los acuerdos de control de armas que permitieron construir una sociedad relativamente más segura de las grandes guerras interestatales. Se retiró de los tratados que regulan los misiles nucleares de mediano alcance, de las pruebas atómicas, las armas cortas y cualquier pacto multilateral que signifique una merma del poder de Estados Unidos.

Washington decide salirse también de todo aquello que signifique defensa de los derechos humanos y pacto migratorio. En otras palabras, Estados Unidos impone otra vez la agenda de seguridad como el eje de las relaciones. Un ejemplo de ello es su proyecto de levantar un muro para separarse de México.

A treinta años de la caída del Muro de Berlín, se corre el riesgo de que los países ricos sigan el ejemplo de Trump de levantar un nuevo muro para separarse de los menos afortunados.

El caso de Cuba

Una de las mayores interrogantes es por qué la Cuba de los hermanos Fidel y Raúl Castro no siguieron el camino de los países de Europa Oriental que, con la desintegración de la Unión Soviética, decidieron rompieron con el Pacto de Varsovia y recuperaron su total soberanía.

La razón es que el bloque oriental no se formó por consenso, sino por una necesidad de la Unión Soviética de formar una cortina como defensa de los países europeos, que conformaban la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) con Estados Unidos a la cabeza. Así, más fue una anexión bajo las orugas de los tanques soviéticos con el apoyo del Partido Comunista local, antes que por la decisión soberana de sus pueblos. En cambio, en Cuba, sí fue una revolución contra los abusos de la peor era imperial estadounidense.