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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 22

de octubre de 2017

ENFOQUE

La escritura pública y una nueva marginación

Pocas veces uno puede reflexionar sobre los usos cotidianos del lenguaje, una práctica que recomiendo siempre a quienes trabajan en profesiones que se nutren del lenguaje en todas sus manifestaciones; es importante prestar atención a las hablas orales, a los giros locales, a las expresiones, pero también a los discursos públicos y a lo que esconden.

12/10/2017


Sofía Rodríguez

Lingüista, correctora y docente

Un análisis superficial pone en evidencia que en las redes sociales se maneja, entre otros, un discurso de odio, en el cual se insulta y se segrega a quienes no alcanzan los patrones normativos de la ortografía y la redacción castellanas.

Como correctora de textos, me siento obligada a aclarar que disiento y me desligo de los seudocorrectores de las redes sociales que “corrigen” en público a sus contendores, que se lucen por sus saberes lingüísticos y que mandan a la gente a “escribir bien”, una práctica cotidiana agresiva que hace mucho daño. No acepto la perorata de “Si te quedas sin argumentos, métete con su ortografía”, lema que circula por internet como una justificación del maltrato.

El insulto en estos tiempos no es un mero hecho lingüístico, sino que se escribe, se publica y recibe likes. Hoy parece “normal” decirle a alguien que primero aprenda a escribir antes de opinar. La pregunta es quién tiene autoridad para utilizar el lenguaje con el fin de marcar distancias (“yo soy mejor”, “tú no me llegas a los talones”). En toda época han existido la burla y el insulto, mas hoy todo lo que se escribe es de dominio general.

En el Perú se suele ridiculizar al otro enrostrándole su origen andino, como aquella joven que desde su cuenta de Twitter acuñó la frase “de color puerta”. Se recordará también que ese acto discriminatorio se censuró con más discriminación, la cual se evidenció en la carga racista de los comentarios. De igual manera que con el color de la piel, según mi modo de ver, una sociedad con un alto nivel de conflicto, cargada de vestigios coloniales y que todo el tiempo califica al otro de inferior llega al ridículo de imponer en Facebook sus cánones de escritura, un atrevimiento que obvia toda reflexión sobre la realidad sociocultural peruana.

Hoy, en las redes sociales está prohibido confundir una palabra con otra, obviar tildes o comas, más si se trata de una mal llamada “persona pública”. En estos tiempos, no hay perdón para los tuits escritos a la ligera, el bullying es colectivo. Estas manifestaciones en las redes sociales desvirtúan la esencia de la corrección de textos.

Los correctores corregimos en el ámbito privado, enmendamos fallas de estilo y de redacción con fines editoriales; nunca establecemos jerarquías entre las personas, menos en un país multicultural y plurilingüe, mestizo por esencia, como el Perú. Somos profesionales preparados para tratar los textos antes de su publicación; no corregimos el habla ni desdeñamos las normas locales, y –lo más importante– comprendemos que la escritura individual es reflejo de la educación, un derecho que aún le es ajeno a las grandes mayorías.